GRECIA.-Contrarrevolución económica versus resistencia obrera y popular

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Por Nicolás Lebrun

Amparados en la crisis de hace tres años, la Santa Alianza de la banca, los organismos financieros internacionales y los partidos políticos de derecha e “izquierda” socialdemócrata, han impulsado los planes de ajuste estructural más osados de la historia reciente. Estos planes sólo pueden emularse a los llevados a cabo a inicios de la década de los 80 por los gobiernos conservadores de Tatcher, Reagan y sus acólitos en los diferentes países del mundo, principalmente en la América Latina.

El plan económico

En toda Europa, los países más golpeados por la crisis, Grecia en primer lugar, pero detrás de ella todos los demás países han sido sujetos de planes de ajuste para lograr lo que los economistas liberales llaman el “equilibrio de las finanzas públicas”.

Este eufemismo no es ni más ni menos el recorte de las garantías y derechos laborales que han disfrutado los trabajadores y habitantes del viejo continente durante las décadas que siguieron a la guerra. Ahora, estas garantías conquistadas a través de las luchas obreras son el objetivo estratégico para poder introducir los modelos de sobreexplotación basados en la pauperización de las condiciones de trabajo y de los salarios, incluyendo el salario social comprendido en los subsidios de desempleo, maternidad y otros.

Pero el caso griego representa uno de los eslabones más débiles de la cadena del capital especulativo y financiero mundial. Desde el año 2008 las manifestaciones y protestas en Grecia han sido frecuentes. Los estudiantes en primer lugar y luego la clase obrera y el movimiento popular.

El PIB griego ha disminuido por tercer año consecutivo: -2% en el 2009; -4,5% en el 2010 y -3,1 previsto para el 2011.   En este mismo lapso, el desempleo se ha disparado a un 16%. Los economistas ilustres de la UE y del FMI no previeron el hecho que el estado griego no podrá realizar préstamos hasta el año entrante. En pocas palabras el plan de salvamento para Grecia fue un enorme fracaso.

Antes de su implementación, la tasa de interés de los préstamos a dos años plazo era de 6,5%. A principios del 2011, pasó a 12%, en abril 20% y 30% en los últimos días de junio. Pero en todo esto los que ganan son los especuladores que han visto en la situación griega una oportunidad de enriquecerse en forma rápida. Si bien la cancillera alemana, Ángela Merckel ha realizado llamados para que los acreedores participen en la reestructuración de la deuda no han sido más que palabras al viento porque no existe ninguna base legal para esto. Conclusión, mientras unos, los grandes se comen la piña, a los de abajo le duele la panza.

El plan de ajuste a la griega

Entre las medidas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea (CE) y el Banco Central Europeo (BCE) se incluyen:

Reducción del déficit: Se prevé que los números rojos en las cuentas públicas pasen del actual 13,6% del PIB al 8,1% en el 2010 y, de forma paulatina, lleguen al 2,6% en el 2014. La reducción del gasto público afectará al crecimiento, que se contraerá un 4% del PIB en el 2010, el doble de lo previsto, un adicional 2,6% en el 2011 y volverá a terreno positivo en el 2012 con un 1,1%.

Empleados públicos: Los salarios de los funcionarios se congelarán durante al menos tres años, y se eliminará su 13ª y 14ª paga para aquellos que ganen más de 3.000 euros. Los que ganen menos de esa cifra recibirán un bono de 1.000 euros. Las contrataciones de empleados públicos también se paralizarán y se reducirán los diferentes "extras" salariales.

Pensiones: Los jubilados griegos perderán también la decimotercera y decimocuarta paga, si sus pensiones superan los 2.500 euros mensuales. Se establece una edad mínima de jubilación de 60 años y un nuevo cálculo para las pensiones relacionado con toda la vida laboral y no con los últimos años, como hasta ahora. Además, se aumentará de forma gradual hasta el 2015 los años de cotización necesarios, que pasarán de 37 a 40 para obtener la pensión completa.

Impuestos: Se aumentará el IVA en dos puntos adicionales hasta el 23%, después de que en marzo ya subiera otros dos, hasta el 21%. Se incrementarán en 10 puntos porcentuales los impuestos sobre tabaco, alcohol y combustibles. Se creará un impuesto especial a las empresas con grandes beneficios y se establecerán nuevas medidas impositivas a compañías relacionadas con el azar, los productos de lujo y la propiedad inmobiliaria.

Liberalización del mercado laboral: Se liberalizarán profesiones cerradas por distintas reglamentaciones gremiales, como la de los taxistas, y se facilitará el despedido, con una indemnización menor a la hasta ahora existente.

 

Privatizaciones: El Estado deberá vender o reducir su presencia en empresas semipúblicas o públicas y se liberalizarán los sectores de la energía y el transporte.

Reforma administrativa: Se reduce el número de municipios y entidades administrativas locales de 1.300 a 340 para ahorrar costos operativos.

Apoyo a la banca: Para el sector financiero, los sacrificios no serán los mismos. El Estado inyectará 17.000 millones de liquidez a la banca, y con el consejo del FMI, Bruselas y el Banco Central Europeo, creará un fondo para evitar ataques especulativos sobre las acciones bursátiles de las entidades.

Como se desprende del conjunto del plan de ajuste, los sectores golpeados son los trabajadores y el pueblo. Por un lado se bajan los salarios, se despide a un enorme grupo de funcionarios públicos, se bajan los perfiles beneficios de pensión y otros.

En la misma tónica las privatizaciones bien conocidas en el Nuevo Mundo y sus nefastas consecuencias para la población porque traslada el costo operativo directamente a estos últimos reduciendo subsidios a los sectores con menor capacidad de pago y beneficiando a los grandes grupos con tarifas preferenciales para “incentivar la productividad”

Al mismo tiempo los bancos reciben una enorme cantidad de euros para que sigan financiando la reconversión productiva, en otras palabras dando dinero a los grandes grupos que van a comprar las compañías del estado y otros bienes y que aprovechen esta oportunidad de hacerse con “el dorado” griego.

La huelga general

La huelga general de 48 horas decretada por las direcciones sindicales para el 28 de junio fue seguida por enormes contingentes de la clase obrera. El 100% de las refinerías, los puertos, astilleros, transporte público, aeropuertos. Las empresas públicas y los bancos el porcentaje de participación fue de un 80%.

Junto a ellos, el movimiento de los indignados griegos que ha ocupado, durante cinco semanas la plaza Sintagma en Atenas se convirtió en un importante sustento para las movilizaciones que fueron extendidas a otros centros de población.

La represión desatada por el gobierno socialdemócrata de Papandreu, actual presidente de la Internacional Socialista (IS), ha sido feroz. Para enfrentar a las grandes movilizaciones ha utilizado sin discriminación las fuerzas represivas del estado burgués. Los MAT, fuerzas especiales anti disturbios, desalojaron momentáneamente a los manifestantes de la plaza Sintagma que se encuentra frente al parlamento. Estos desalojos fueron precedidos por provocaciones realizadas por elementos de la ultra derecha y policías que en algunos casos coincidían.

Sin embargo la plaza era retomada a cada arremetida y sobre todo para el 29, día de la votación del plan de ajuste. Este día fue todavía más feroz, cerca de 700 personas atendidas por los cuerpos de socorro producto de los gases y bastonazos propinados por las fuerzas represivas. Querían a todo costo tener la plaza despejada para evitar votar “en caliente”. Para esto entraban inclusive en los cafés circundantes. Pero la determinación de los manifestantes fue tal que no pudieron, los represores, lograr su cometido.

Las consecuencias de la crisis

La reestructuración griega podría tener un efecto dominó, como en 2008, cuando la crisis de hipotecas de alto riesgo se multiplicó. Para evitar tal escenario, los líderes subrayaron la idea de que la reestructuración debe hacerse "sobre una base voluntaria." Al menos esa es la voluntad del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet. Pero la interpretación de naturaleza "voluntaria" de la reestructuración está en manos de una asociación internacional (ISDA), integrada por banqueros y financieros. Se puede sacar las conclusiones del caso. Eso se llama legislar en beneficio propio.

La aceleración de la crisis griega se da en una coyuntura muy tensa. En España, a principios de junio, el banco más grande del país (Santander) ha logrado poner sólo la mitad de su emisión de bonos de mil millones de euros. Unos días más tarde, Telefónica tuvo que cancelar la salida a bolsa de sus filiales. En las últimas semanas pasada, los valores del gobierno belga y el italiano, fueron degradados por las agencias calificadoras. La crisis va a continuar.

Es urgente que se dé una unidad de acción entre las organizaciones sindicales y políticas sobre la base de la cancelación de las deudas ilegítimas. Al mismo tiempo se debe exigir la penalización y confiscación de los capitales especulativos de la banca que buscan únicamente enriquecer a los grandes y empobrecer a los trabajadores y el pueblo.

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