FRANCIA.- Macron enfrenta un combo de resistencia contra las reformas neoliberales.

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Por Nicolás Le Brun

Hace un año, luego de una campana en que la política francesa conoció por primera vez en mucho tiempo, la caída del modela bipartidista, el outsider de Emmanuel Macron, tomó el poder al frente de un nuevo partido, La République en Marche. Esta nueva estructura se compone de varias figuras salidas de varios partidos, el Partido Socialista, la derecha liberal clásica y otros provenientes del mundo empresarial. El miedo de los franceses de ver en el Eliseo a la candidata del partido de ultra derecha, el Frente Nacional, hizo que en la segunda ronda se volcaran a votar por el partido de Macron.

Con una larga mayoría en la Asamblea Nacional, el parlamento francés, los proyectos neoliberales de Macron han tomado su ruta. Uno de los ejes de su campaña, la reforma del código de trabajo, fue reformado gracias a la aplicación de un mecanismo legislativo de corte bonapartista, como lo son las ordenanzas.  Este modo de funcionamiento es el mismo que se conoce como gobernar por decreto. Este mecanismo existe desde hace mucho tiempo dentro del marco jurídico francés, prueba que la burguesía no se ata de manos a un modelo dizque democrático, para hacer pasar en periodos de crisis las reformas que le son fundamentales para avanzar en sus proyectos.

En el pasado reciente, el gobierno de François Hollande, a través de su primer ministro, Manuel Valls, utilizó el 49.3 para hacer pasar dos leyes que venían a modificar las relaciones de trabajo y la apertura de las empresas públicas a la competencia. Se trató de la ley El Khomri y de la ley Macron, ambas impulsadas por el entonces primer ministro Manuel Valls. Este giro neoliberal enfrentó en los primeros momentos una fuerte oposición de un sector del partido socialista en el poder, lo que hizo que se adoptara este mecanismo para garantizar la aprobación de los proyectos. Esto evidentemente le pasó la factura al gobierno de Valls-Hollande, lo que se vino a manifestar en las elecciones presidenciales y legislativas de hace un año. El partido socialista hizo implosión junto con Los Republicanos de la derecha clásica para dejar la via libre al nuevo partido de Macron impulsado por el todo poderoso MEDEF, la asociación de patrones de Francia.

La resistencia obrera y popular vino en parte de una serie de huelgas de la clase trabajadora y sobre todo de un movimiento estudiantil y popular que se vino a agrupar en “Nuit debout”. Asambleas populares en las plazas de varias ciudades del Hexágono empezaron a tomar una dinámica reivindicativa sobre todo de los sectores más jóvenes de la población confrontados a un deterioro creciente de sus condiciones de vida. Empleos y contratos precarios y la falta de perspectiva laboral o académica los llevaron a llenar las plazas. Sin embargo, este movimiento fue salvajemente reprimido por los CRS provocando que se desinflara al cabo de unos meses.

Además de estas reformas, una más de orden fiscal, ha hecho que los sectores con mayores ingresos se hayan visto beneficiados al contrario de los pensionistas y otros sectores más débiles que han visto aumentar su carga impositiva.

Todo esto entra dentro los compromisos que ha adquirido los gobiernos de Hollande y Macron para llevar al país a tener un déficit menor al 3%, según los dictados de la Comisión Europea. Durante años, Francia no ha podido cumplir con este acuerdo, puesto que en materia social y de finanzas públicas, el sistema francés conserva muchas ventajas con respecto a los vecinos de la Unión. Países como Alemania, los Países Bajos, Inglaterra y otros han recortado a fondo los programas sociales, han puesto a los desocupados a trabajar hasta por un salario de 1€ la hora o aceptar los mini Jobs, contratos precarios que afectan sobre todo a las mujeres y que aún combinando varios de estos, los trabajadores se mantienen bajo el índice de pobreza. Es lo que se conoce como la flexi-seguridad, una forma de ofrecer ventajas mínimas a cambio de contratos precarios. 

Pero el objetivo principal es el de expropiar los sectores más rentables del sector público para pasarlos a las manos del sector privado. Dentro de este contexto es que, durante varios años la falta de inversión en los transportes públicos, los subsidios y exoneraciones para los competidores han aumentado, todo con el objetivo de liquidar las empresas públicas y privatizar los servicios de salud, perjudicando a los sectores con menores ingresos.

La reforma del estatuto de los ferroviarios ¿la madre de todas las reformas?

Todo la anterior, si bien ha golpeado fuertemente al conjunto de la clase trabajadora francesa, la reforma a este estatuto se presenta como el punto de inflexión de esta administración.

“No se trata de una huelga ordinaria, porque podría definir el futuro del mercado laboral europeo…(esta reforma) es la punta de lanza de su gran programa de reformas económicas…(los ferrocarriles) serán el catalizador del éxito o el fracaso de las reformas estructurales” (El Periódico de Cataluña , en Correo Internacional n° 1432)

Esta huelga se desarrolla de una forma poco frecuente en el movimiento social. Se trata de una huelga a cuenta gotas, es decir que no es una huelga general indefinida, si no toda una calendarización de la huelgas, que toma varios días de la semana, sobre todo en semanas donde la frecuencia de viajeros suele ser mayor a la normal, como por ejemplo al inicio y final de las vacaciones de Pascuas, los feriados con fines de semana largos, etc.

Este movimiento ha tenido una gran acogida, a pesar de la feroz campaña en su contra que han hecho los medios de comunicación franceses. La burguesía francesa, salvo raras y puntuales excepciones, se ha puesto detrás del presidente para apoyarlo en esta lucha que se lleva a cabo.

Pero el contexto social es álgido en este momento en el país galo. Los estudiantes han entrado también en lucha a raíz de una reforma en el proceso de admisión a las universidades que propone una selección de los estudiantes mediante un sistema de colador para evitar según las autoridades, que haya tanto estudiante repitiendo luego del primer año de carrera. Una forma que en América Latina ya conocemos, puesto que ha sido aplicada desde hace casi más de tres décadas y lo que ha hecho es profundizar la brecha social en cuanto al acceso a las universidades públicas. Cada vez más los hijos de la pequeña burguesía copan las carreras con más alta demanda y los hijos de los sectores populares ven alejadas sus posibilidades de acceder a la educación superior universitaria. Es evidente que este discurso de eficacidad, también esconde un objetivo económico liberal, el de disminuir considerablemente la factura en la educación superior pública.

Los estudiantes han empleado métodos de movilización bastante radicales. La ocupación de varias facultades y universidades a lo largo y ancho del territorio no ha pasado desapercibida. La ultra derecha ha organizado, con la complicidad de las autoridades universitarias y del gobierno, escuadrones para desalojar a la fuerza a los estudiantes en lucha. Sin embargo, esto no ha hecho hasta el momento que el movimiento se debilite, sobre todo por la entrada en la escena del contingente obrero de los ferrocarrileros.

Otro punto más de tensión para el gobierno neo liberal ha sido la lucha en Notre Dame de Landes, en Nantes, donde un proyecto de construir un aeropuerto fue abandonado recientemente por el gobierno, después de varias décadas de oposición de parte de la población para proteger unas formas agrícolas de producción propias de la región. Desde hace algún tiempo, los Zadistas(un acrónimo de  que representan a unos activistas de la zona del aeropuerto, que decir “zona a defender” en francés) han ocupado y organizado cooperativas de producción agrícola. Los enfrentamientos entre miembros de este movimiento y la policía no han dejado de llevarse a cabo desde hace varias semanas ya, sin que los miles de CRS movilizados con vehículos especiales, hayan podido lograr su objetivo.  Varias manifestaciones conjuntas de los sectores en luchas en diferentes ciudades, agrupando a varios miles de personas, se han sucedido a lo largo de estas semanas.  A este cuadro se la debe sumar la entrada en escena de los pilotos y personal de Air France que también demandan mejoras en sus condiciones de trabajo, mantienen sus huelgas programadas para el 17, 18, 23 y 24 de abril.

Estas huelgas graneadas son importantes, pero hace falta la unificación de todas las luchas y emplear la más poderosa de todas las armas que tiene el movimiento de los trabajadores, la huelga general indefinida. Este pulso, si es organizado desde las bases con métodos democráticos en la toma de decisiones seria la punta de lanza para hacer retroceder al inquilino del Eliseo. Sin embargo, la división en la cúpula de las diferentes centrales sindicales, unas que se han plegado al proceso de concertación de la actual administración y otras que no hacen un llamado consecuente, dificultan la tarea. Pero esto no hace que la consigna pierda su validez y su necesidad imperiosa para ganar la lucha.

Una ola de movilizaciones sacude al otro lado del Rin

Los trabajadores alemanes, después de varios años de congelamiento salarial y de “sacrificios” aceptados por la cúpula sindical, salen poco a poco a luchar.

En enero, el poderos movimiento siderúrgico de IG Metal, por primera vez en mucho tiempo, realizó una huelga de 24 horas para pedir la semana de 28 horas de trabajo. Este movimiento fue bien seguido en el conjunto de la región industrial. También los trabajadores aeroportuarios, los pilotos y otros trabajadores de la función pública agrupados en el sindicato Verdi con alrededor de 70 000 afiliados, ha hecho primero una huelga de advertencia el 9 y 10 de abril para exigir un aumento de salarios entre 6 y 11 % para enfrentar las negociaciones que se llevarán a lo largo de la semana, los días 15 y 16 de abril.

Así a lo largo de la Unión Europea, por los mismos motivos los trabajadores salen a enfrentar, a veces aislados o divididos por las alturas, no por la base, las políticas de austeridad de la troika.

Es urgente unificar las luchas y decidir un plan de lucha común

Los ejemplos de las movilizaciones en ciudades como Tolosa, Nantes, Marsella, son el ejemplo a seguir, pero es solo un punto de partida.

Los sectores en lucha deberían elaborar un pliego común y de la misma forma conformar un solo frente para hacer retroceder el gobierno liberal de Macron y el MEDEF.

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