ESTADOS UNIDOS.- Trump y Sanders: fenómenos de polarización política ante la crisis


Por Nassar Echeverría

Las elecciones primarias en Estados Unidos tienen en vilo al resto de la humanidad. No es para menos. Lo que ocurra en Estados Unidos tiene repercusiones en América Latina y resto del mundo.

La crisis del anacrónico sistema de elección indirecta

En los últimos 20 años el proceso electoral de Estados Unidos ha roto con la monotonía. Primero fue la crisis del anacrónico sistema de elección indirecta creado con la fundación de Estados Unidos, hecho que quedó reflejado en el apretado resultado de las elecciones del año 2000: George W. Bush obtuvo 271 votos de los colegios electorales contra 266 de Al Gore.

Se produjo por primera vez en la historia de Estados Unidos un recuento de votos, y Bush fue declarado presidente a pesar que a Al Gore había obtenido 543.895 votos populares más que el ganador.

El populismo imperialista de Obama

Después, en las elecciones del año 2008, en medio del estallido de la burbuja financiera en Estados Unidos, el enorme descontento social fue canalizado por un desconocido senador, Barack Obama (2009-2017), quien llegó a ser el primer presidente negro de Estados Unidos.

Obama no fue el primer fenómeno populista en la historia de los Estados Unidos. El mismo Ronald Reagan (1981-1989) fue en la encarnación de un populismo derechista, siendo uno de los presidentes más populares de Estados Unidos. En el siglo XX, el caso más emblemático fue el de Franklin Delano Roosevelt (1932-1945), presidente demócrata, quien planteó el New Deal (Nuevo Trato) que le permitió ganar sucesivamente las elecciones por cuatro periodos en un contexto de debacle del capitalismo en Estados Unidos, cuando la sociedad literalmente se desintegraba como consecuencia del “crack” económico de 1929. El fenómeno Roosevelt obligó a reformar la Constitución e impedir que un presidente se reelegirá más de dos periodos.

Las similitudes entre Obama y Roosevelt son impresionantes, aunque en realidad tienen muchas diferencias. La más importante es que el New Deal, la aplicación de medidas Keynesianas, le permitió a Estados Unidos salir de la crisis, y prepararse para la inevitable segunda guerra mundial, de la que salió como la principal potencia imperialista del mundo.

Una crisis a fuego lento

Obama logró montarse en las ilusiones democráticas de las masas, desarmó las incipientes protestas sociales, y a costa de un mayor endeudamiento rescató a los grupos financieros e inició la recuperación económica, a costa de disminuir los históricos altos niveles de vida del pueblo norteamericano.

Mientras la principal economía del mundo salía a flote, se hundían los trabajadores y la clase media reducía su tamaño y niveles de vida. A pesar que el desempleo ha disminuido, para enero del año 2016 el promedio anual de ingresos para la clase alta es de 174.800 dólares, 73.400 dólares para la clase media y 28.074 dólares para la baja, es decir, para los trabajadores menos calificados y los inmigrantes.

Según un estudio del Centro Pew, en 1971 la clase media representaba el 61 por ciento de la población estadounidense, con unos 80 millones de integrantes. La clase baja (pobres) y los estratos altos (ricos) sumaban en conjunto el restante 39 por ciento (51,6 millones).

Entre 1983 y el 2013 las familias de clase alta duplicaron sus activos, pero en el mismo periodo los estadounidenses de menores ingresos, redujeron su patrimonio en un 18 por ciento. Un fenómeno inversamente proporcional. Uno de los sectores más golpeados con la crisis iniciada en 2008 fueron los hispanos, llegando a ser el 49% de la clase baja o pobre.

Según el Brookings Institution los ingresos del 20% más pobre de Estados Unidos han caído en las grandes urbes como Nueva York, New Orleans, Cincinnati, Washington y St. Louis. Observamos el mismo fenómeno: la clase media pierde nivel de vida y los trabajadores se empobrecen mas. Esto es más dramático en Estados Unidos si tomamos en cuenta el nivel de vida que tenían desde la postguerra hasta el año 2008, cuando comenzó la crisis que se mantiene a fuego lento consumiendo el otrora buen nivel de vida.

Pal Krugman, premio nobel de economía en 2008 (precisamente por haber previsto la crisis) y columnista del New York Times, es quien más ha descrito la reducción repentina de la clase media en Estados Unidos

El fenómeno de Donald Trump

Desde el 2008, existe un fenómeno de creciente descontento social en Estados Unidos, en el contexto de la crisis económica que está produciendo la reducción de la clase media y el empobrecimiento general de los trabajadores, especialmente de las minorías (negros, latinos y otras nacionalidades). Este descontento social tiene diferentes expresiones políticas, tanto por la derecha como por la izquierda.

La candidatura del multimillonario Donald Trump refleja el enorme descontento social de esa clase media, que siente que está perdiendo todo. La demagogia y las bravuconadas de Trump son el reflejo de esta clase media empobrecida, que anhela recuperar la grandeza de los Estados Unidos, vivida en las décadas posteriores a la segunda guerra mundial.

Es el sentimiento humillado, vengativo, de una clase media imperialista, que no tiene la menor idea de que el mundo está concatenado, y que considera que Estados Unidos está predestinado para dominar el planeta. Por eso le encanta los ataques de Trump contra las minorías raciales, especialmente contra los mexicanos, y aplaude y cree a ciegas las estupideces de Trump.

El descontento social en Estados Unidos se manifiesta como repudio hacia los políticos, contra el statu quo de los grupos de poder. El ascenso vertiginoso de Trump, refleja un descontento por la extrema derecha. El fenómeno de Trump es bastante parecido al de Ronald Reagan, es decir, de un liderazgo político que surge por fuera y en contra del establishment, y que termina conquistado la simpatía de las masas y asciende al poder político. La diferencia entre Trump y Reagan es que este era mucho más serio en sus planteamientos, tenía un programa contrarrevolucionario mucho más claro, pero en el fondo es el mismo fenómeno, mucho más intenso, de devolver la grandeza imperial a Estados Unidos y a sus ciudadanos.

Este descontento ya había producido un fenómeno profundamente conservador y reaccionario conocido como Tea Party, que era una fracción del Partido Republicano, empecinada en boicotear a la administración Obama. En determinado momento, el Tea Party llegó tener el control del Senado y de una buena parte de la Cámara de Representantes.

Pero el empobrecimiento de la clase media imperialista ha producido la radicalización de esta, y el Tea Party ha dejado de ser atractivo, para centrar sus aspiraciones en la figura de Trump. Por esta razón, las candidaturas del establishment republicano como Jeb Bush (miembro de un poderoso clan republicano), Ted Cruz y Marcos Rubio, a pesar de ganar las primarias en algunos Estados, están en desventaja en relación al avasallador Donald Trump, quien ha metido en crisis al Partido Republicano.

Dirigentes como Mit Ronney, ex candidato presidencial en 2012, ha declarado que "Donald Trump es un embustero, un fraude (…) Si los republicanos elegimos a Donald Trump como nuestro nominado, las perspectivas de un futuro próspero y seguro serán mucho menores"(BBC Mundo).

Todavía no está claro si el fenómeno de Trump terminará imponiéndose a la maquinaria del Partido Republicano, y si esta podrá reabsorber a Trump y convertirlo en una pieza más del establishment, como ocurrió, por ejemplo, con Ronald Reagan.

Sanders: descontento por la izquierda

Barack Obama llego a la presidencia de Estados Unidos en 2009 como una consecuencia directa de la crisis económica y financiera. Su discurso populista atrajo a millones de jóvenes y trabajadores que se sentían identificado con su vibrante discurso contra los banqueros. Como era de esperarse, Obama en la presidencia abandonó su discurso y navegó en las turbias agua del sistema imperialista.

Pero la crisis ha continuado a fuego lento, produciendo desplazamientos de conciencia hacia la izquierda. Obama se acabó, pero surgió un nuevo líder, con un discurso similar, incluso más radical: Bernie Sanders. Este ha sido un luchador por los derechos democráticos, comenzó su carrera política siendo alcalde, representante independiente, y después senador por el Estado de Vermont. Posteriormente ingreso al Partido Demócrata.

La misma base social que apoyó a Obama es la que hoy se moviliza a favor de Sanders, quien maneja un discurso implacable contra los banqueros, que enfatiza en le necesidad de volver a un gobierno del pueblo, recogiendo la tradición de los fundadores de Estados Unidos.

La prensa burguesa lo ha llamado “socialista”, aunque el propio Sanders se ha autodenominado “socialdemócrata”, y en realidad eso es, es decir, mantiene una crítica democrática a las desigualdades del sistema imperialista, pero no rompe con el, sino que pretende reformarlo, coincidiendo con un amplio sector de masas, especialmente aquellos golpeados por la crisis económica, pero que viven en una sociedad imperialista.

La candidatura de Hilary Clinton

Esta es la candidata del estabilishment demócrata que trata de explotar los logros de la administración Obama, como es cierta recuperación de la economía. No obstante, se ha encontrado con el fenómeno de Sanders que le resta votos y que pone en peligro la candidatura de Hilary Clinton Aunque al final puede imponerse sobre Sanders, el fenómeno que esta representa no desaparecerá tan fácilmente

Crisis capitalista e ilusiones democráticas

Si algo ponen en evidencia las elecciones primarias en Estados Unidos es un clásico fenómeno político, que hemos visto innumerables ocasiones en la historia. Ante la agudización de la crisis económica mundial, en los países imperialistas, comienza a producirse cambios en la conciencia de las masas, las que se inclinan por alternativas socialdemócratas que mantienen un discurso moderado, pero criticando las desigualdades del sistema.

Las masas no rompen todavía con el capitalismo, sino que quieren a través de los traicioneros mecanismos de la democracia burguesa, corregir las desigualdades impuestas por los monopolios y los banqueros. Por eso en la conservadora Inglaterra, una rebelión dentro del archi reformista Partido Laborista colocó a Jeremy Corbin como el principal líder de ese partido, desplazando a la cúpula y evidenciando un giro hacia la izquierda.

En Grecia, en medio de grandes luchas, las masas impusieron Siryza en el gobierno, a pesar que su dirección traicionó las expectativas. En España, una agrupación recién formada, PODEMOS, que surgió al calor de la crisis capitalista, es ahora una de las fuerzas políticas más importantes, al mismo nivel que el antiquísimo y anquilosado PSOE.

Obviamente, el giro hacia la izquierda, hacia planteamientos clásicamente socialdemócratas, también tiene su contra fenómeno: Donald Trump, y los grupos de ultra derecha en Europa. Estamos ante el comienzo de grandes cambios en la conciencia de las masas.

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