ECONOMIA.- Entrevista a Claudio Katz

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En esta entrevista, el economista argentino analiza la situación socioeconómica actual de la región y sus perspectivas frente a la crisis capitalista global.

Claudio Katz, un destacado profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en las áreas de Economía, Filosofía y Sociología es al mismo tiempo un activista de los derechos humanos e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Es autor de numerosos textos de interpretación del capitalismo contemporáneo y ha estudiado el impacto regresivo del neoliberalismo en América Latina. Participa activamente en los foros continentales de impugnación del endeudamiento externo. Su libro "El porvenir del socialismo" obtuvo una mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela 2005). Igualmente es integrante del colectivo internacional Economistas de Izquierda (EDI) y se desempeña como asesor externo del gobierno venezolano y coordinador del grupo de trabajo Unión Latinoamericana e integración del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

- Aunque algunos sectores en América Latina ven como positiva la irrupción con fuerza de China en el plano económico y comercial en la región, usted ha señalado que no hay que ser muy optimistas porque el gigante asiático también tiene vocación hegemónica…

- Yo digo que hay que ser cuidadosos con las ingenuidades y con el optimismo a ultranza. Es interesante que América Latina esté diversificando su comercio internacionalmente, ese es un dato importante porque obviamente cuanto mayor es el espectro de países con los cuales comerciamos menos dependientes somos de lo que ocurre en el centro de las naciones más importantes. Pero hay que tener cuidado en esta diversificación con dos problemas: China se está convirtiendo en una potencia económica de peso no en América Latina sino en todo el mundo, como acreedor y como exportador mundial, está adquiriendo ahora incluso porciones de bancos de los países desarrollados y tiene una estrategia muy agresiva en el plano comercial, financiero e industrial, además tiene la prioridad de concertar en este continente y en África buenos negocios de adquisición de materias primas como alimentos, minerales y petróleo a buen precio. Ciertamente, lo que resulta conveniente para el comprador no resulta conveniente siempre para el vendedor, si el perfil comercial de América Latina con China repite el perfil tradicional que tuvimos con Europa en el siglo XIX y con Estados Unidos en el siglo XX, vamos a ser proveedores de materias primas sin elaborar, y al cabo de un periodo nos vamos a quedar con poca minería, con poca agua, con pocos recursos petroleros y alimenticios, y sin ningún grado de desarrollo industrial, entonces, ojo con este problema.

Esta es la principal alerta, porque de lo contrario puede haber una idea equivocada de lo que es China, esto se verifica primero en el tipo de inversiones que tiene esta nación. Cuando viene a países como Perú y Argentina establece términos de inversión que son como mínimo exactamente iguales a los que establece cualquier inversionista extranjero, asegurándose condiciones de rentabilidad, de bajos impuestos, de subsidios, y en segundo lugar, es muy agresivo en exigir condiciones de libre comercio y de garantía de colocación de sus productos manufactureros y esto es mortal para la industria latinoamericana que obviamente no puede competir con un país como China que cuenta con bajísimos salarios.

- ¿Nada halagüeño ese panorama?

- Claro, porque el efecto final de esto es poco empleo, precariedad laboral, mayor desigualdad social, obstáculo en la industrialización. Yo simplemente hago esta advertencia para que estructuremos la política económica en función de las prioridades y las necesidades de nuestros pueblos en la región.

- Cambiemos de tercio. Hace un año en una conferencia que dictó en Quito señaló que había que tener prevención con la también vocación hegemónica de Brasil en América Latina. Hasta el momento no se ha podido poner en marcha el Banco del Sur por las trabas que viene poniendo el gobierno de Planalto. ¿Cómo analiza esta situación?

- A otro nivel para establecer claramente diferencias con China, Brasil es de los países intermedios, medianos, que están ascendiendo pero no tiene ni una historia, ni una capacidad de dominación ni de influencia como la que tiene la nación asiática o como la que tienen Rusia o la India. Pero la vocación hegemónica de Brasil creo que se está verificando y un dato que sigue siendo clave es la participación y asociación con Estados Unidos en la ocupación de Haití, lo cual es un hecho muy revelador. Estados Unidos prácticamente invadió a Haití con el terremoto y las tropas brasileñas quedaron como coordinadoras de esa agresión, con lo cual demuestra su actitud de ejercer influencia. En el plano diplomático, por otra parte, se está verificando ese intento de articular una OEA sin Estados Unidos, y en la intermediación que tuvo Brasil junto a Turquía en la negociación con Irán, lanzándose a cumplir un papel de jugador mundial, con un rol bastante negativo en el sentido de que fue ablandar a este país, después Hillary Clinton lo retó y abandonó el intento, todo lo cual indica su seria aspiración de llegar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ese es el sentido de todos estos hechos.

Lo más estructural sigue siendo el papel de las empresas transnacionales brasileñas que siguen avanzando en una región como América Latina que está creciendo, pero Brasil lo está haciendo de manera más consistente por el volumen de su mercado y de sus exportaciones. El epicentro de este crecimiento son sus empresas que se expanden en la región con proyectos de infraestructura, energéticos y alimenticios que refuerzan ese poder. De ahí viene ese costado hegemónico y el impulso de políticas desarrollistas con discursos progresistas pero que favorecen a quien constituye la principal clase dominante de Suramérica, y frente a la cual tenemos que estar advertidos porque los pueblos de nuestra región no quieren cambiar una opresión por otra, lo que quiere es un curso de emancipación con la población brasileña, con los trabajadores y campesinos del MST que están afectados por las mismas empresas transnacionales.

- Frente a ese análisis, ¿lo que queda como una luz al final del túnel son experimentos integracionistas como la Alianza Bolivariana para América (ALBA)?

- Sí, creo que seguimos globalmente en un momento positivo para la región porque tengamos en cuenta que lo que está ocurriendo es el resultado de fuertes rebeliones que sacudieron a América Latina hace varios años atrás y su eco está influyendo en todo el hemisferio. Voy a dar un ejemplo, en Europa hay crisis y hay ajuste, en Estados Unidos igual, en América Latina es más difícil que se haga porque hay una memoria en la clase dominante de lo que ha sido la gran resistencia popular que está teniendo nuevos actores y nuevos centros de escenario. Tenemos en la región dos luces de optimismo: una es que siguen avanzando los ensayos de proyectos antiimperialistas radicales como el ALBA, y otra, la Cumbre Climática de Cochabamba que ha sido otra manifestación de esa misma tendencia por los participantes, por los movimientos sociales que estuvieron, por el contenido de los discursos, por la tónica anticapitalista de las propuestas, por la idea de un tribunal internacional que juzgue las consecuencias del cambio climático. Cochabamba fue la antítesis de Copenhague y el contraste de lo que es una propuesta sobre este tema recogiendo la tradición del buen vivir de los pueblos originarios de nuestra región.

Y la otra luz que yo veo al final del túnel son nuevos tipos de luchas sociales, es interesante observar que están teniendo otro perfil, estoy pensando esencialmente en la lucha de Perú, que es muy importante. En los dos últimos años hemos tenido dos tipos de grandes resistencias populares: democráticas frente al golpe de Estado en Honduras que fue una resistencia que lamentablemente no logró un triunfo pero demostró que frente a un atropello de esta naturaleza los pueblos reaccionan, y sociales, como se está viendo en Perú donde el centro es la lucha por los recursos naturales. En Bagua se dio un gran triunfo de las poblaciones originarias contra la privatización de los bosques y la destrucción de los recursos naturales, y este tipo de lucha se ve en el movimiento indígena del Ecuador, tiene algunas manifestaciones en Colombia y en Argentina en lo que ha sido el corte de Gualeguaychú por la papelera de Botnia. Es decir, la lucha por los recursos naturales está empezando a ocupar un lugar muy pero muy relevante en toda la región y la apuesta debe ser a la resistencia social de los pueblos.

- ¿Las políticas de amplio calado social que se han puesto en marcha en los países latinoamericanos con gobiernos progresistas, se quedan en asistencialismo o han logrado avanzar en la mejoría de la redistribución de la riqueza?

- Es que hay que distinguir. El nivel de asistencialismo del Estado hacia las mayorías hay que verlo siempre como una conquista popular, no como una prebenda. En la crítica que muchos hacemos a los gobiernos de centroizquierda no podemos caer en el extremo de no observar que es importante que buena parte de los recursos del Estado estén dedicados a los sectores populares. En esto hay dos grandes problemas: el primero es que se congela una situación de desigualdad estructural del ingreso y del empleo. Cuando a través de Bolsa familia en Brasil, o el Ingreso universal a la niñez en la Argentina se socorre a los sectores más afectados, no se está resolviendo el problema de la creación de empleo genuino que es lo que permite salir de la situación estructural de pobreza. Ahí hay una limitación fuerte que podría resolverse de otra manera, creando fuentes de trabajo directamente con los recursos del Estado, con mayor inversión pública y con nacionalización de los recursos básicos. Y el otro tema es que estas políticas coexisten con el mantenimiento de una fortísima desigualdad social. En los países en que se están aplicando estas medidas no hay distribución del ingreso en su real dimensión.

Distribución del ingreso quiere decir que éste es repartido de otra manera. Es decir, que los ricos obtienen una porción más pequeña y los pobres recogen una mayor cuota de ese ingreso. Para hacer esto tienen que haber políticas de naturaleza impositiva que coloquen impuestos progresivos a las grandes fortunas, al movimiento de capitales, al agronegocio, a la minería, y nada de esto se hace. La estructura impositiva y de subsidios es la de siempre y favorece a los grandes grupos concentrados. No es la crítica al gasto social, es la insuficiencia del mismo para resolver el problema de la falta de empleo, de la precariedad laboral, y la desigual distribución del ingreso.

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