CHINA.- La situación del movimiento sindical y de las luchas

 

Por Pierre Rousset
Entrevista a Au Loong-Yu y Bai Ruixue
[Miembros del comité de redacción del sitio China Labour Net, Au Loong-Yu y Bai Ruixue impulsan desde hace tiempo la solidaridad con las luchas obreras en China continental y en Hong Kong. Cofundador del Globalization Monitor, Au Loong-Yu fue asimismo uno de los portavoces de la Alianza del Pueblo en las manifestaciones contra la reunión del Fondo Monetario Internacional en la ex colonia británica, en 2006.]


La empresa taiwanesa Foxconn, que fabrica componentes electrónicos para marcas como Apple, emplea a un millón y medio de trabajadores en China continental. Foxconn ha anunciado que autorizará la elección de representantes sindicales en julio de 2013. ¿Creéis que es posible una democratización de las secciones sindicales de empresa en el marco de un Estado policial?
Según los medios occidentales, se trata del primer intento de sindicación en Foxconn, pero eso no es exacto. En 2007, la Federación de Sindicatos de China (FSC) ya anunció públicamente que había creado una sección sindical de empresa en una fábrica de Foxconn en la que poco antes había habido una lucha. El diario Southern Metropolitan Daily ha entrevistado a los trabajadores de esa fábrica; unos han declarado que no saben qué es un sindicato y otros que solo se ponen en contacto con la sección sindical como último recurso. Por tanto, al menos en Shenzen, ya existe un sindicato en Foxconn, pero nadie sabe si ha hecho algo por las y los trabajadores.

Dos trabajadores de Foxconn Zhengzhou se han suicidado lanzándose al vacío hace menos de dos semanas, después de que la dirección impusiera sin previo aviso el “modo silencio” a sus trabajadores. Estos se quejaron de que les hubieran prohibido hablar en el trabajo; es decir, permanecer en silencia durante más de 10 horas diarias, una medida que hizo desesperar a más de uno. Foxconn es conocida por imponer una disciplina férrea a su personal. Sólo en 2010 se suicidaron catorce trabajadores. Cabe preguntarse qué ha hecho jamás la FSC para impedir que Foxconn tratara a sus empleados como esclavos. Si la sección sindical de empresa hubiera hecho su trabajo, ¿cómo es posible que la dirección imponga el “modo silencio” sin ni siquiera consultarle?
No hay sindicatos libres sin libertad política
No compartimos la idea de que sea posible una democratización general de los sindicatos en las empresas en ausencia de libertades civiles en el país. La experiencia de la reelección de la sección sindical de Honda Foshan lo demuestra. Los trabajadores de esta fábrica protagonizaron en 2010 una lucha valiente y victoriosa, obligando a la dirección de la sección local de la FSC no solo a aprobar un aumento salarial, sino también a convocar nuevas elecciones sindicales en la fábrica. En 2012, una ONG realizó una encuesta sobre dicha elección. A pesar de la retórica de los dirigentes del Partido Comunista (PCC) y de la FSC de Guangdong sobre el respeto del derecho de los trabajadores a una elección democrática, resulta que no se trataba más que de una elección parcial, es decir, de tan solo una parte de la dirección sindical. El presidente anterior -que se había ganado la animadversión de los huelguistas- se mantuvo en el puesto.

Finalmente, en 2011 tuvo lugar una elección completa bajo los auspicios del sindicato local. Sin embargo, conforme a los procedimientos establecidos por la FSC, la dirección saliente controló totalmente el proceso de proclamación de candidaturas a la nueva dirección y aprobó que se presentaran como candidatos ante el congreso sindical empleados que eran mandos intermedios, o sea, cargos directivos. Además, estos contaban con una proporción entre delegados y miembros mucho más favorable que los obreros “rasos”. De este modo, salieron elegidos a la dirección sindical algunos mandos intermedios, mientras que los luchadores que habían protagonizado la huelga de 2010 quedaron descartados. Las elecciones de departamento y de los comités de base tuvieron lugar después de la renovación completa de la dirección sindical central de la fábrica. Este procedimiento está concebido deliberadamente para ser muy complicado, muy lento, y así poder manipularlo más fácilmente desde arriba.

Este año, el 18 de marzo, los trabajadores de Honda Foshan llevaron a cabo otra huelga contra el programa de ajuste salarial propuesto por la dirección y la sección sindical. A su juicio, este programa favorecía exclusivamente a los niveles salariales superiores en detrimento de las escalas inferiores. A raíz de la huelga se ofrecieron aumentos salariales más elevados a los dos niveles más bajos.
Sindicatos oficiales en entredicho
Esta huelga demuestra que la capacidad del sindicato para defender los intereses de los trabajadores deja mucho que desear. Revela la falta de comunicación entre la sección sindical y los trabajadores de base, por el hecho de que estos últimos han tenido que pasar de nuevo por encima de ella y lanzar por sí mismos la huelga en defensa de sus derechos. A decir verdad, los obreros explicaron que la posición del sindicato era idéntica a la de la dirección de la empresa.
Dos semanas después les llegó el turno a los trabajadores de otra fábrica, esta de componentes electrónicos: Ohms, en Shenzhen. Exigieron la revocación del presidente del sindicato, Zhao Shaobo. Este había sido elegido el año anterior a raíz de una huelga realizada para exigir precisamente que los trabajadores tengan derecho a elegir a sus propios representantes. Sin embargo, algunos de ellos acusan ahora a Zhao y al sindicato de no haber defendido sus intereses, particularmente con respecto a la defensa del contrato de trabajo de 22 empleados que Ohms decidió no renovar a comienzos de este año. Según los trabajadores, Zhao trató incluso de convencerles de que aceptaran las propuestas de la dirección de la empresa. “No queremos que el presidente de nuestro sindicato se ponga del lado de la dirección. Queremos elegir a alguien que hable por nosotros”, dijo uno de los obreros.
¿Cómo están los sindicatos en el sector público?
Disponemos de mucha menos información con respecto a la situación de los sindicatos en las empresas públicas, las EPE o “empresas de propiedad estatal”. Los medios de comunicación prefieren informar de huelgas y reelecciones sindicales en el sector privado, especialmente en las de capital extranjero, pues siempre pueden señalar con el dedo a los inversores extranjeros acusándoles de no respetar las leyes. Cuando ocurre lo mismo en el sector público, estatal, están implicados directa a inevitablemente los respectivos representantes oficiales del Estado. Ello supone un riesgo elevado de que la información sea censurada, a menos que las protestas se extiendan y se alarguen en el tiempo. En general, en el sector privado lo más probable es que los sindicatos queden reducidos a cascarones vacíos controlados por la empresa, donde el partido-Estado tiene poco espacio para intervenir. En cambio, en el sector estatal –pese a que las empresas públicas tienen ahora una dirección más independiente que en el pasado–, el papel desempeñado históricamente por el partido y su intervención en los lugares de trabajo hacen que los sindicatos no hayan cedido totalmente ante el poder de la dirección empresarial.
Está claro que la relación de fuerzas puede variar mucho de una región a otra o de un sector a otro. Esto implica probablemente que en el sector estatal, si los trabajadores propugnan un sindicato de empresa controlado por ellos mismos, corren el riesgo de enfrentarse no solo a la dirección de la empresa, sino también al aparato de un partido hostil y presente en el interior de la empresa. Hay otro hecho que demuestra que los sindicatos oficiales apenas mueven un dedo para proteger a los trabajadores de este sector. De acuerdo con el Código de Trabajo, las empresas del Estado solo pueden emplear mano de obra temporal para complementar la mano de obra regular, y además únicamente en el caso de que esta última no pueda llevar a cabo una tarea determinada. Sin embargo, hoy emplean masivamente a trabajadores temporales y la FSC no ha rechazado esta práctica, que ya es común.
En suma, nada hace pensar que la FSC vaya a dejar de actuar como un instrumento del partido en el poder y de su orientación capitalista. Incluso si en ocasiones la FSC hiciera algo útil para los trabajadores, no sería más que un efecto secundario. En 2010, bajo la presión de la patronal de la provincia de Guangdong y de los inversores de Hongkong, se retiró una cláusula del proyecto de “reglamento relativo a la gestión democrática de las empresas” de esta provincia, que habría permitido convocar elecciones de los representantes de los trabajadores en las “consultas colectivas”. La cláusula original, no obstante, no tenía nada de revolucionaria, ya que la FSC habría controlado la proclamación de los candidatos y la palabra “negociación” ni siquiera se mencionaba, por considerarla demasiado “antagónica”. Además, las sucesivas revisiones han vaciado la versión definitiva de este proyecto de ley de todo sentido para los trabajadores.
Huang Qiaoyan, profesor de Derecho de la Universidad Sun Yat-Sen de Guangzhou, ha calificado del modo siguiente la versión revisada de 2011: “Refleja el deseo de los autores del proyecto de seguir controlando, a través de los distintos niveles del sindicato, la creciente reivindicación de los trabajadores de celebrar consultas colectivas sobre los salarios. No desean que se cree una situación en que tengan lugar acciones espontáneas de los trabajadores y en las que los sindicatos no puedan intervenir y que no fueran capaces de organizar ni controlar”.
A pesar de todo ello, el movimiento obrero internacional tiende a trabajar cada vez más estrechamente con la FSC, reforzando de este modo la legitimidad de esta última. Una credibilidad que se concedió una vez más a la FSC en junio de 2011, cuando fue elegida miembro del órgano directivo de la organización Internacional del Trabajo (OIT) por el grupo de “trabajadores”.
¿Cómo valoráis el nivel actual de movilización obrera en China?
Durante más de diez años, las luchas obreras en China han sido sobre todo de índole económica. La resistencia a las privatizaciones de empresas estatales habría podido allanar el camino a luchas más políticas, pero esto no se produjo debido a la correlación de fuerzas: por un lado, los trabajadores de este sector estaban desmoralizados después de una serie de derrotas y, por otro, se habrían tenido que enfrentar a una feroz represión.
Una nueva generación no lastrada por las derrotas
No obstante, las luchas económicas en los dos sectores (estatal y privado) pueden dar lugar a cambios positivos, aunque sean limitados. Esto es importante en dos sentidos: por un lado, las ventajas inmediatas logradas en ciertas victorias, como la paralización de privatizaciones, la mejora de las condiciones de trabajo o la reducción de los atentados contra el medio ambiente; y por otro lado –y esto es aún más importante–, esas victorias pueden inspirar otras luchas en el futuro y contribuir a reforzar su potencial de éxito, como se ha visto con la lucha de los trabajadores siderúrgicos en Tonghua y del automóvil en Honda. La forma adoptada por estas resistencias refleja asimismo el carácter cada vez más atrevido de la nueva generación, que no conoció la terrible derrota de 1989, que tiene la capacidad potencial de mirar más allá de las apuestas inmediatas y de identificarse con preocupaciones más amplias que las que se circunscriben a sus respectivas empresas.

Conviene señalar asimismo que la represión es actualmente menos eficaz que en los años pasados. No solo porque los manifestantes tienen menos miedo, sino también, sobre todo, porque estamos en el comienzo de un cambio más fundamental de las percepciones tanto por parte del pueblo como por parte de la clase dominante. El miedo retrocede al tiempo que la burocracia siente que su legitimidad se erosiona gradualmente. Después de más de 20 años de privatizaciones por y para la burocracia dominante, esta última se ha enriquecido hasta tal punto de que la cólera se acumula no solo entre los trabajadores, sino también en el seno de la burguesía privada y la clase media alta.
Los “redadanos” (ciudadanos en red, netizens en inglés) desempeñan en este terreno un papel importante. Desde hace años reclaman la publicación de los gastos de los sangong xiaofei, lo que literalmente significa los gastos de los representantes gubernamentales en sus viajes al extranjero, que incluyen, por ejemplo, la compra de automóviles, recepciones oficiales y banquetes. Cuando finalmente de ha publicado el importe, los redadanos lo han juzgado excesivo y han denunciado el hecho de que esté creciendo continuamente, habiendo alcanzado el año pasado, según cifras oficiales, un importe de 10.000 millones de yuanes (equivalentes a 1.250 millones de euros). Los redadanos han exigido entonces que se publiquen los importes correspondientes a cada uno de los ministerios, cosa que el gobierno se ha resignado a hacer recientemente. Han utilizado asimismo motores de búsqueda para investigar a altos funcionarios corruptos y han publicado sus hallazgos.
Esta modalidad de militancia tiene un impacto que va más allá de las redes conectadas a internet. Influye en la percepción cada vez más negativa que tiene la población con respecto al partido dirigente. Por consiguiente, aunque sea difícil que las luchas económicas de los trabajadores adquieran una dimensión política a causa de la naturaleza represiva del régimen, la decadencia continuada de este último erosiona su legitimidad. Pronto o tarde, esto puede politizar a la sociedad, bien a raíz de un gran escándalo, bien con motivo de una lucha entre fracciones dentro del partido dirigente, de una crisis económica o de una combinación de estos factores.

¿Creéis que el aumento continuo del salario mínimo, la expansión de las viviendas públicas, etc. que hemos podido observar estos últimos años indican que el partido-Estado tiene la voluntad política y dispone de los medios institucionales para poner en práctica su política de mejora de la vida del pueblo?
Efectivamente, el decenio pasado el salario mínimo aumentó de forma continua, pero también hay que tener en cuenta la creciente inflación: la cifra oficial es relativamente baja, pero no podemos fiarnos. Para los trabajadores que hemos entrevistado, la vida sigue siendo difícil ante el aumento de los alquileres y del precio de los alimentos, un aumento que nunca se ha visto reflejado plenamente en las estadísticas oficiales.
Un capitalismo burocrático predador
Estos últimos años, el PCC ha impulsado una reforma del derecho laboral que, si nos atenemos a las apariencias, ha establecido un Estado de Bienestar. Sin embargo, esta cuestión ha de examinarse en su contexto político. La burocracia se ha transformado en una clase capitalista burocrática. Ha podido hacerlo con facilidad porque se sitúa por encima de la ley… salvo su derecho divino a la dictadura del partido único. Por consiguiente, su objetivo es enriquecerse mientras lleva a cabo su tarea: administrar la sociedad. De ahí que numerosas viviendas de propiedad pública se hayan distribuido, no a los pobres, sino a funcionarios gubernamentales y sus protegidos. De ahí, también, que si la burocracia aplica ocasionalmente la ley que otorga al pueblo ciertos beneficios económicos, ésto se subordina siempre a su objetivo principal: saquear el país. Y cuando la gente se rebela para exigir sus derechos legítimos, el partido-Estado responde con la represión.
Aunque puedan parecer buenas por sí mismas, las reformas sociales y económicas, mientras sigan siendo interpretadas y aplicadas exclusivamente por los dirigentes del partido, se convertirán pronto o tarde, inevitablemente, en papel mojado. Por tanto, las ventajas económicas, por muy necesarias que sean, no bastan; el pueblo requiere poder político, aunque esto el partido-Estado nunca lo concederá salvo si hay un fortísima presión desde la base. No olvidemos que al abismo cada vez más profundo que se abre entre ricos y pobres, como entre el partido y el pueblo, es más que nada el resultado de la existencia de este partido-Estado y de su capitalismo burocrático. Por consiguiente, la solución de las contradicciones profundas de China no está en el Estado, sino que este es más bien el problema, con su corrupción galopante que se impone cada vez más como una carga insoportable para la sociedad y provocará un día u otro una implosión.
La prensa ha afirmado recientemente que cada vez más empresas chinas y extranjeras se van de China para instalarse en Bangladesh y Vietnam, debido a la escasez de mano de obra y del aumento de los costes salariales. ¿Mermará esto el poder de negociación de los trabajadores?
A raíz de la revaluación de la moneda china, del déficit de mano de obra y del aumento de los salarios nominales, el número de empresas que se van de China ha aumentado desde hace cierto tiempo; es probable que esta tendencia se mantenga durante los próximos años. Por regla general, esto favorecerá a los trabajadores, aunque de momento el fenómeno no sea tan significativo como se podría pensar. En un país en que rige la ley de la jungla, los capitalistas, con la ayuda del Estado, siempre pueden encontrar la manera de sortear el déficit de mano de obra y el alza de los costes salariales. Por ejemplo, pueden recurrir a los internos de las escuelas de formación profesional, que en su mayoría ni siquiera son mayores de edad; sus prácticas en empresas son gestionadas por las instituciones locales de enseñanza pública y por los ayuntamientos de las provincias o ciudades exportadoras. Hay muchos otros ejemplos de colusión entre capitalistas y gobiernos locales. Así es como Honda Foshan, al igual que bastantes otras empresas, sortean la falta de mano de obra.
Otro mecanismo es el del trabajo infantil, una práctica que se había reducido en los últimos años, pero creemos que ahora está ganando nuevamente terreno. Sabemos de casos en Chaozhou, en la provincia de Guangdong, donde empresas de confección recurren ilegalmente a una mano de obra infantil de bajo coste. De todos modos, los salarios bajos no han sido nunca la única ventaja competitiva de China. De hecho, hace diez años, los salarios chinos no eran los más bajos de Asia. Los trabajadores chinos son muy productivos en comparación con los de otros países que tienen un nivel de desarrollo económico similar. Se trata, en efecto, de una mano de obra muy disciplinada y relativamente educada, fruto combinado de un Estado muy represivo, pero nacido de una revolución. Esto sigue contribuyendo a que China sea la fábrica del mundo.
Hay otros factores más a tener en cuenta, pero no vamos a entrar aquí en ellos. Lo que importa, con respecto a la cuestión formulada, es que por mucho que el periodo de abundancia de mano de obra sea cosa del pasado, la condición de China como fábrica del mundo no va a desaparecer tan rápidamente.

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