DOCUMENTOS.- Nicaragua: La Revolución Congelada

Nota aclaratoria:

Este folleto fue publicado originalmente, en el año 1982, como un suplemento de la revista CORREO INTERNACIONAL, antes de que se iniciara la guerra civil promovida por el imperialismo norteamericano. En Nicaragua fue publicado ese mismo año bajo la responsabilidad de la Liga Marxista Revolucionaria (LMR), organización que dio origen en 1984 al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), que a su vez formó parte de los grupos que refundaron el 4 de abril del 2009 el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA)

Los camaradas Hernán Cuello y José Maza elaboraron un minucioso y agudo análisis sobre la política aplicada por el FSLN en los tres primeros años de gestión de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN). El folleto tiene una enorme debilidad: no analizó el fenómeno de la "contra. No podían analizar dicho fenómeno por que en el año 1982, cuando el folleto ya estaba en circulación, se estaban iniciando apenas los primeros ataques armados de la contra. La política de la administración Reagan de desarrollar una "guerra de baja intensidad" en Nicaragua estaba en una fase inicial. Posteriormente, por los garrafales errores políticos del gobierno sandinista con el campesinado y los indígenas de la Costa Atlántica, los ataques militares del imperialismo se convirtieron en una sangrienta y prolongada guerra civil que duraría ocho años y que terminaría finalmente con las elecciones de 1990, que desalojaron al FSLN del gobierno.

Hecha la presente aclaración, tiene el lector en sus manos un excelente análisis sobre la política del FSLN durante los primeros tres años de la revolución. Sirva el mismo para educar a la nueva generación de revolucionarios que busca una explicación de las causas de la derrota de la revolución.

NICARAGUA: La revolución congelada.

Presentación

El 19 de julio de 1979, los "muchachos" se tomaron el bunker de Somoza y marcaron un antes y un después para Centroamérica, Estados Unidos, Venezuela, Colombia y México. Todos estos países se involucraron. En especial, los del Istmo, que laten con el mismo pulso y son parte de una unidad geográfica, histórica, cultural y económica. En suma: de una nacionalidad.

Panamá, a instancias de su gobierno, envió pertrechos y una brigada de combatientes para ayudar a la lucha. Más tarde enviaría instructores formados en los Estados Unidos para asesorar a la nueva policía sandinista, que habría de comenzar a reprimir las huelgas y las ocupaciones de tierras y fábricas.

De Costa Rica partieron voluntarios y el gobierno convirtió la frontera en un santuario para proteger a los combatientes. En California, en el caldo de cultivo de la comunidad latina, los exiliados nicas formaron el grupo Sandinistas al Socialismo y corrieron a su patria, donde luego del triunfo serían encarcelados. En Colombia, el trotskismo revolucionario, hoy agrupado en la Liga Internacional de los Trabajadores, promovió la Brigada Simón Bolívar que, con muertos y heridos, combatió en el Frente Sur. Más tarde, sería expulsada por el FSLN.

Rápidamente tomó conciencia el mundo entero que en el pequeño, para muchos ignoto, país culminaba triunfalmente una revolución y se extendía como reguero de pólvora por el resto de la nación centroamericana, amenazando con un Vietnam temible al imperialismo.

Temible, porque se incubaba en una zona económica y estratégicamente vital, la del Canal de Panamá —vía obligada para el 50 por ciento de las mercancías del mundo occidental— y la del Caribe, casi el mar interior del vientre imperial. Temible, porque siendo una revolución proletaria local, tanto por sus protagonistas de clase, los trabajadores urbanos y rurales, como por su efecto de destruir el estado y el ejército burgueses, amenazaba con repetirse a sí misma en Honduras, Guatemala y El Salvador, superando con su lógica de clase el objetivo inmediato, democrático, de abatir sus dictaduras, y planteaba la lucha franca de las masas ticas y panameñas contra sus gobiernos burgueses.

Temible, en fin, porque esa incipiente revolución proletaria centroamericana comenzó a hablar español dentro de los Estados Unidos, por la voz de 20 millones de discriminados y súper explotados latinos, proletarizados en el país del Norte, y que unidos a los negros son, potencialmente, un fermento revolucionario para todas sus masas trabajadoras.

El imperialismo mostró la inédita vulnerabilidad de que un sector de su propio proletariado reflejaba a la revolución centroamericana en marcha y, habiendo aprendido la lección de Europa del Este, China, Yugoslavia, Cuba y Vietnam, donde su agresión contribuyó a radicalizar los procesos revolucionarios hasta convertirlos en estados obreros, cambió de política. Se sumó a las también aterrorizadas burguesías centro y sudamericanas y al plan de incrustarse dentro del triunfo revolucionario, para mellarlo desde allí. En suma, la táctica Torrijos de enviar primero combatientes y luego policías.

El 4 de mayo de 1979, el Departamento de Estado condena el arresto por la Guardia Nacional de Alfonso Robelo y Rafael Córdoba Rivas, dos dirigentes burgueses moderados, que luego serían miembros del Gobierno de Reconstrucción Nacional sostenido por el sandinismo.

El 16 de junio, los 9 dirigentes máximos del FSLN anuncian que instaurarán "un nuevo gobierno de carácter democrático y provisional, cumpliendo con la promesa de propiciar un gobierno amplio y de carácter nacional". Ese mismo día, varios gobiernos latinoamericanos reconocen a la guerrilla como un ejército regular beligerante.

El 17 de junio, Ecuador, Costa Rica y México rompen relaciones con Somoza. Seis días después la OEA, por 17 votos a favor, cinco en contra y dos abstenciones, se pronuncia por "el reemplazo inmediato y definitivo del régimen somocista".

Desde entonces han pasado tres años. El imperialismo y las burguesías han hecho toda clase de maniobras continuadoras del plan sancionado en la pequeña cueva de bandidos de la OEA, cuando se disfrazaron de patriotas antisomocistas, para frenar la revolución desde adentro, mediante presiones y chantajes, incluido el de hostigarla militarmente desde afuera.

La amenaza del Vietnam en amplia y tal vez definitiva escala sigue planteada en toda su intensidad. El Salvador y Guatemala están en guerra civil. Honduras, Costa Rica y Panamá están envueltos en las mayores crisis económicas o políticas o ambas a la vez de su historia. La revolución proletaria centroamericana en curso es, tal vez, el mayor dolor de cabeza del imperio, que no puede mitigar pese a su contraofensiva actual.

¿Y Nicaragua? ¿Qué ha pasado en este tiempo con el país que dio comienzo a todo?

NICARAGUA: La revolución congelada.

1. ¿Avanzó o retrocedió la revolución?

En julio de 1979, las masas trabajadoras liquidaron el estado burgués nicaragüense y aniquilaron o desbandaron su ejército, se armaron parcialmente y comenzaron a ocupar tierras y fábricas, a fundar sindicatos y a ejercer embrionaria y parcialmente un poder político directo. Estaban a las puertas de la construcción del socialismo, con todas las instituciones capitalistas semi o totalmente liquidadas. No había un poder burgués ni imperialista dentro de Nicaragua que impidiera el desarrollo multitudinario de los organismos del poder obrero y campesino o el ejercicio de la democracia obrera ni, menos, que impidiera las expropiaciones y una planificación socialista de la economía.

¿Cuál es el balance actual? ¿Qué hizo la dirección sandinista con su control y prestigio hegemónicos sobre las masas? ¿Las empujó por la vía abierta del socialismo, es decir, de la creación de organismos para la movilización y la autodeterminación democráticas? ¿Les dijo formen consejos y sindicatos, elijan delegados, discutan y hagan lo que ustedes quieran? ¿Acaso decretó, como Lenin, la noche del 19 de julio, —o una de las mil noches siguientes— el reparto de las tierras? En suma, ¿avanzó hacia la construcción del estado obrero nicaragüense mediante el desarrollo del poder obrero y campesino? ¿Acaso lo hizo expropiando a los capitalistas?

Si no podemos contestar afirmativamente a estas preguntas, es decir, si no podemos decir que la dirección sandinista empujó la construcción del socialismo de una u otra forma, sólo queda una alternativa: entonces la revolución se congeló y retrocedió hacia la restauración de una forma capitalista, cediendo al plan de chantajes y presiones de la burguesía y el imperialismo.

Veremos que hay una casi absoluta unanimidad de los sectores más diversos en la evaluación de estos tres años. El imperialismo, la Iglesia, el castro–stalinismo y la socialdemocracia comparten el criterio de que se ha construido o se está construyendo un estado burgués. Ello no significa, por supuesto, que todos coincidan con su forma actual ni quieran al sandinismo como su columna vertebral. Es más, dentro de la burguesía y el imperialismo hay diferencias o una división de tareas en el modo de presionar, agredir o incluso intentar el recambio del gobierno que encabeza el FSLN. Desde hace un año, los gobiernos burgueses y dictatoriales de Centroamérica avanzan en la creación de un cerco sobre Nicaragua. A menudo, por otra parte, la burguesía y el imperialismo denuncian la ideología "marxista–leninista" de los sandinistas, algunos de los cuales han admitido profesarla, mientras todos reiteran su reverencia hacia Castro.

Pero es indiscutible que, cualquiera sea su juicio y su actitud política hacia la revolución nicaragüense y el sandinismo, no hay ningún sector burgués o imperialista que los defina actualmente ni se comporte hacía ellos como si fueran un estado obrero en construcción y un gobierno revolucionario. Las dictaduras y gobiernos del Istmo, mientras tienden el cerco, no han dejado de comerciar activamente, al punto que en 1980 Nicaragua fue el principal comprador del Mercado Común Centroamericano, con un total de 210 millones de dólares. Comentando este hecho, su ministro de Comercio Exterior declaró que: "Nicaragua se ha convertido en la fuente de enriquecimiento de las oligarquías centroamericanas y le damos negocios a esa oligarquía." (La Prensa, Managua, 1/8/82).

2. ¿Revolución subsidiada?

Los organismos de crédito imperialista, principalmente controlados por Estados Unidos, han contribuido en estos tres años con unos 1,200 millones de dólares en préstamos a bajísimo interés o en donaciones directas al Gobierno de Reconstrucción Nacional.1  En esa suma no se incluye la cuantiosa ayuda petrolera de las burguesías de Venezuela y México ni el trato comercial preferente dispensado por la dictadura brasileña.

Venezuela, por ejemplo, a través de distintos programas de asistencia renovados en los últimos años, ha destinado más de 200 millones de dólares a Nicaragua. Según La Estrella de Panamá, del 29/7/82, el embajador venezolano en Managua, Rafael Zapata, urgió al GRN a utilizar 60 millones remanentes del crédito petrolero que estaban a disposición del gobierno nica.

Se ha magnificado y evaluado fuera de contexto la congelación crediticia y el bloqueo triguero dispuestos por la Administración Reagan contra Nicaragua, el 23 de enero de 1981.

Esas medidas afectaron a un saldo de 15 millones de dólares de un plan de ayuda especial, anteriormente votado por Carter, y a otros 10 millones facilitados para importar trigo. Pero el imperialismo no extendió el bloqueo. Por ejemplo, Nicaragua pudo recibir el trigo de la dictadura argentina.

Lo verdaderamente importante es que el flujo crediticio siguió abierto. Unos pocos días después de la medida dispuesta por Reagan, llegó a Managua una misión del BID, cuyo director, Rodolfo Silva, destacó "el interés del Banco por colaborar en proyectos prioritarios de la reconstrucción de Nicaragua, afirmando que durante año y medio de Revolución el BID ya había aprobado financiamientos que, en total, suman 200 millones de dólares. Pablo Linares, director del BID en Managua, se refirió, por su parte, a un crédito de 25 millones para el sector industrial del país, otorgado con fondos venezolanos. Silva tuvo frases elogiosas para la gestión del gobierno nicaragüense en la renegociación de la deuda externa gubernamental con la banca privada internacional". (Barricada, 5/2/81).

La actitud asumida por Reagan no estuvo, como vemos, destinada a implementar un verdadero bloqueo. Fue un típico ejemplo de los periódicos chantajes con que el imperialismo amenaza al GRN. En esta oportunidad, como detallaremos más adelante, su objetivo fue obtener del sandinismo la Ley de Amparo y el cese del envío de armas a la guerrilla salvadoreña.

Los créditos y ayudas en distinto concepto siguieron llegando a Managua. Esa millonada equivale, en relación a la cantidad de habitantes, a que Lenin y Trotsky hubieran recibido, entre 1917 y 1920, una ayuda imperialista de 70 mil millones de dólares. Evidentemente no fue así. Contra la URSS, el capitalismo coaligó sus ejércitos para invadirla.

El subsidio imperialista al GRN sólo puede deberse a una caracterización política. A Lenin y Trotsky no les enviaron créditos, porque sabían que eran un gobierno revolucionario de ruptura con el capitalismo. A Jaruzelsky le entregan toda su ayuda, porque es una burocracia sangrienta que aplasta la insurrección política de los trabajadores. Al FSLN lo ayudan de la misma forma, porque les está asegurando desde adentro un curso de reconstrucción capitalista.

Se trata de una manifestación económica del plan urdido en la OEA, el 17 de junio de 1979, cuando el imperialismo y las burguesías condenaron a Somoza y pasaron "a trabajar" con el FSLN.

El actual embajador norteamericano en Nicaragua confirma esta política imperialista. Recientemente realizó una gira por el norte del país, visitando a los productores privados. En Jinotega, fue agasajado por una delegación burguesa. El economista Jorge Chávez le explicó que "Jinotega es la primera productora de café en Nicaragua", que "producen el 30 por ciento de la papa" y que también son los primeros en "la producción de tomates de mesa, con la ayuda y asistencia de la República China".

Luego de recibir este informe optimista, el embajador Quainton les dirigió un discurso que sólo puede entenderse como un llamado a permanecer en el país, pues todo marcha a buen puerto:

"El trabajo de un diplomático es el de buscar soluciones verdaderamente positivas mediante el diálogo y no en el vacío. Y es con ese fin que nosotros estamos trabajando para que ambos gobiernos lleguen a un buen entendimiento. Yo creo que estamos todos trabajando para que los ideales y propósitos de la Revolución, desde su inicio se realicen, es decir, el pluralismo político, una economía mixta, en el sentido de que hayan estructuras del sector privado que tengan su papel dentro de la economía y que haya una política internacional de no alineamiento, que cuesta tanto para los Estados Unidos. Estados Unidos siempre piensa en el futuro de Nicaragua y que éste está en las manos de los nicaragüenses, con tal que no abandonen su país (que no creo que lo van a abandonar). Estados Unidos siempre va a mantener su contribución al desarrollo económico y social de Nicaragua." (La Prensa, Managua, 1/7/82).

3. La Iglesia en el gobierno

La Iglesia Católica, por su parte, parece compartir esta voluntad imperialista de trabajar desde dentro del propio gobierno.

A pesar de los roces que mantiene con el FSLN, permite que cuatro caracterizados sacerdotes continúen en sus importantes cargos políticos gubernamentales. Ellos han convertido al GRN en una de las administraciones con mayor número de frailes, exceptuando al Vaticano.

Se trata de Miguel D'Escoto, canciller y miembro de la Asamblea Sandinista; Ernesto Cardenal, ministro de Cultura y también miembro de dicha Asamblea; Edgard Parrales, ministro de Bienestar Social, y Fernando Cardenal, responsable de propaganda de la Juventud Sandinista 19 de Julio y nominado al premio Nóbel, por su actuación en la Cruzada Nacional de Alfabetización.

Las autoridades eclesiásticas nicaragüenses conminaron a esos sacerdotes y a todos los que desempeñan cargos públicos a renunciar y retornar a su actividad religiosa. Ello ocurrió el 5 de junio de 1981. Hubo largas tratativas y fuertes discusiones, incluyendo el envío de una delegación del GRN, presidida por el ministro de Vivienda —católico fervoroso—, a la Santa Sede. El Arzobispo de Managua, entonces en Roma, no dio su brazo a torcer. Según Barricada del 21/6/81, replicó: "Tras dos años de esperanzas, nuestra revolución está cayendo en el marxismo. Pienso que la Santa Sede confirmará nuestra decisión".

Sin embargo, Roma exorcizó rápidamente los demonios. Pocos días después, el mismo arzobispo, de regreso a Managua, emitió un nuevo comunicado accediendo a que los cuatro sacerdotes permanezcan en sus cargos políticos, "considerando que la situación de emergencia no terminó".

Confirmando esta actitud, a la vez de colaboración y vigilancia de la "rectitud" del proceso, el presidente de Venezuela, Herrera Campins, dirigente de la democracia cristiana latinoamericana, compartió el palco de honor levantado en Managua, al festejarse el tercer aniversario de la revolución. Orador principal, ratificó en una frase su coincidencia implícita con el gobierno mexicano en el sentido de que ya "terminó hace tiempo la época de las intervenciones armadas de las grandes potencias". Luego hizo su diagnóstico: "Como presidente de la democracia venezolana me complace decir que le hemos tendido una mano amiga sin condicionamientos de carácter político–militar a Nicaragua, en la convicción de que finalmente el prometido proyecto pluralista, que es un compromiso moral de la Revolución con los pueblos de América Latina, será una realidad."

4. La contraprueba de Fidel Castro

Recientemente, José Figueres —ex–presidente de Costa Rica— hizo la misma pregunta, sobre la evolución de Nicaragua, a Fidel Castro, en una entrevista mantenida en La Habana. Fidel, de su pluma y letra, escribió el memorando sobre la interesante conversación. Impaciente, porque desde 1979 viene reiterando pruebas una y otra vez, Castro afirmó estar "absolutamente convencido de que tanto Nicaragua como El Salvador quieren llegar a un arreglo negociado con los Estados Unidos. Es falso —agregó— que los comunistas de esa zona pretendan construir, en este período histórico, el socialismo, mediante la dictadura del proletariado. Lo que buscan es un régimen democrático, sobre la base de una economía mixta y del pluralismo político." (El Tiempo, Bogotá, 28/6/82).

Fidel se había pronunciado antes muchas veces de la misma forma, a favor de esa restauración capitalista. Por eso Torrijos pudo decir, en una entrevista póstuma, el 25 de julio de 1981, concedida al escritor Mario Vargas Llosa, que "los sandinistas, para evitar una catástrofe, debían seguir los consejos de moderación que les daba Fidel Castro". (Revista Lotería, Panamá, noviembre de 1981).

José Figueres, convencido por las seguridades recibidas de Castro de que en este "período histórico" el capitalismo no correrá ningún peligro, al menos de parte del stalinismo y el sandinismo, declaró: "Si se tiene paciencia con el régimen del gobierno de Nicaragua, parará en la socialdemocracia". (La Prensa, Managua, 1/8/82).

5. La contraprueba de la social democracia

Una caracterización y política semejantes mantiene la Internacional Socialista. En la tercera reunión del Comité Internacional de Defensa de la Revolución Nicaragüense que preside Felipe González e integran representantes de los principales partidos europeos y Carlos Andrés Pérez por Venezuela, el delegado holandés, Martín Vadraa, comunicó: "Nosotros continuaremos apoyando al FSLN a pesar del pedido del Movimiento Democrático Nicaragüense, que dirige Alfonso Robelo, de ingresar como partido a la Internacional. Esa solicitud ha sido y será rechazada, porque es más fácil decirse socialdemócrata, que serlo." (Barricada, 27/6/81).

El enérgico apoyo al FSLN se debe a que consideran que la revolución marcha, hacia el afianzamiento de un régimen capitalista. En la misma reunión, el secretario de la Internacional, Bernt Carlson expresó: "su convencimiento de que el sistema de economía mixta de mercado era el proyecto de la revolución y que los dirigentes habían manifestado su voluntad de mantenerlo."

La socialdemocracia, como se sabe, es uno de los partidos administradores de los imperialismos europeos. Su opinión refleja los intereses de éstos. Cuando se festejaba el segundo aniversario del triunfo en Managua, uno de los visitantes fue el doctor Uwe Holtz, diputado del partido socialdemócrata, en el gobierno de la RFA, y miembro de la Comisión Económica de su parlamento. Así se expresó: "Con nuestro apoyo, los sectores reformistas en la Junta de Gobierno, el Gobierno y la Dirección Nacional del FSLN, así como los movimientos y partidos que luchan por una vía pluralista y democrática, se ven respaldados y no abandonados. En las conversaciones que sostuve, no admití duda alguna de que esperamos de los sandinistas que continúen la vía del pluralismo, un sistema económico mixto y democrático anunciada por ellos. Mi visita a Nicaragua fortaleció mi opinión de que las naciones occidentales, entre ellas la República Federal de Alemania, debemos continuar nuestra cooperación. Invito al gobierno federal a continuar la asistencia técnica y financiera, haciéndola más eficaz y visible para el pueblo nicaragüense. Para el año 1981, debería establecer un programa de ayuda al país, ofrecer al gobierno nicaragüense una asistencia garantizada por varios años y actuar en forma generosa en la inminente renegociación de la deuda." (Revista Nueva Sociedad, editada con la colaboración de la Fundación Friedrich–Ebert de la RFA, Costa Rica, julio/agosto 1981).

Esta posición se mantiene. En agosto último, Edén Pastora sostuvo en una entrevista a una revista brasileña que recibía ayuda de Carlos Andrés Pérez. Este negó de inmediato esa afirmación diciendo que "no está de acuerdo con su posición en cuanto a su disputa con el movimiento sandinista". (El Tiempo, Bogotá, 11/8/82).

El gobierno socialdemócrata de Costa Rica, por su parte, se ha pronunciado contra las actividades de Edén Pastora, impidiendo que las desarrolle en el país.

6. Autoanálisis sandinista

De las múltiples citas en las que los dirigentes del FSLN describen el tipo de estado que están construyendo, hemos elegido una del mes de marzo de 1982, pues en ese momento se había producido otra grave crisis en las relaciones con la Casa Blanca. En Washington se acababa de revelar que Reagan había ordenado a la CIA que iniciara un plan para desestabilizar al gobierno nicaragüense, incentivando, como realmente ocurrió, los ataques fronterizos de los gusanos, desde Honduras. En El Espectador de Bogotá, del 21/3/82, el escritor García Márquez relató: "hace una semana, en el Sport Lacustre de Managua, Sergio Ramírez, miembro de la Junta de Reconstrucción Nacional, nos habló a un grupo de invitados sobre lo que podría llamarse la política de suposiciones de la Administración Reagan. 'Hace casi tres años estamos andando con pluralismo de partidos, con economía mixta y con libertad de expresión' nos decía Sergio. Sus datos eran terminantes. En Nicaragua hay once partidos políticos en plena actividad. Seis están contra el gobierno, y actúan en consecuencia, y cinco están aliados en el Frente Patriótico Revolucionario, dentro del cual está el FSLN. El 60 por ciento de la economía nacional está en manos de particulares, el 35 por ciento está en manos del Estado y el 5 por ciento en empresas mixtas. En el país hay 25 emisoras de radio de propiedad privada, 15 estatales y una sola, Radio Sandino, es de los sandinistas. Hay tres diarios. La Prensa, El Nuevo Diario —que son de propiedad privada— y Barricada, que es del Frente Sandinista."

Ramírez, con esto, se quejaba de la injusticia de Reagan, que atacaba a Nicaragua, a pesar que el sandinismo ha venido cumpliendo al pie de la letra "su promesa".

7. Sólo una débil voz discordante

Como vemos, la unanimidad hasta ahora ha sido total: el imperialismo, las burguesías, la Iglesia, el castro–stalinismo, la socialdemocracia y el propio sandinismo creen que, bueno o malo, lo de Nicaragua es un régimen burgués en reconstrucción.

Solo hay una débil voz discordante. Una fracción del trotskismo2  considera desde 1979 y ahora lo ratifica explícitamente que el sandinismo se ha convertido en un gobierno obrero y popular y que construye un estado obrero: "Estrangulación económica, sabotaje, aislamiento diplomático, todas estas armas están siendo utilizadas en un intento de debilitar y dividir al pueblo nicaragüense y tumbar al primer gobierno obrero y campesino de América Central, que está adoptando medidas encaminadas a eliminar la opresión y explotación capitalistas en Nicaragua". "Nuevas victorias revolucionarias, nuevos estados obreros están siendo creados en Centroamérica y el Caribe." (Declaración del Comité Ejecutivo de la Cuarta Internacional, mayo 1982).

Con esta evaluación del Secretariado Unificado también ha pasado a coincidir, recientemente, el CI (CIR): "Después de la salida de los (alude a abril de 1980, cuando Robelo y Chamorro renunciaron al GRN) burgueses del gobierno, producto del desarrollo agudizado de la lucha de clases, la revolución nicaragüense no para de profundizarse". (Jean Robles y Luis Favre, Tribuna Internacional, No. 5, mayo 1982). Por su parte, la Resolución sobre América Central de la Conferencia del CI (CIR) de julio de 1982, establece: "El conjunto de ese proceso, donde se combina el curso impuesto por el movimiento de masas al FSLN, en la vía de la ruptura con la burguesía, y las presiones del imperialismo y de la burguesía, lleva al hecho de que el gobierno del FSLN debe ser definido como un gobierno de tipo obrero y campesino."

Como vemos, el paralelismo entre ambos sectores trotskistas es notable, a pesar de sus diferentes puntos de partida.

El SU ha sido tradicionalmente la corriente trotskista que consideró al castrismo como revolucionario, especialmente a través del ala del SWP estadounidense, que compara a Castro con Lenin y Trotsky. El ala mandelista, más circunspecta, critica al castrismo por su posición en el Este europeo, donde apoya totalmente a la burocracia stalinista, incluido a Jaruzelsky, pero de todos modos defiende como revolucionaria su política centroamericana.

El lambertismo, por su parte, viene del extremo opuesto. Durante varios años formó parte de la misma organización internacional que Healy que consideraba al castrismo como un movimiento contrarrevolucionario, negando a Cuba su carácter de estado obrero. Healy comparaba a Castro con Chiang Kai Chek y Lambert, con Nasser.

Por eso el CI (CIR) aborda a Nicaragua desde un ángulo distinto al del SU. Este sostiene que el motor indiscutible de la revolución es el castrismo, que ha extendido su influencia al sandinismo: "Los revolucionarios salvadoreños, nicaragüenses y cubanos no han dado ni un sólo paso atrás, sino que cada día aumentan su autoridad frente a los pueblos y crece su capacidad para tomar iniciativas en todos los frentes. Reivindicándose de la herencia de Sandino, el Frente Sandinista puede aparecer como una organización antiimperialista o nacionalista pequeño burguesa. Sin embargo, su perfil es mucho más definido y preciso. Por su referencia a la revolución cubana, el Frente Sandinista está íntimamente ligado a una corriente del movimiento obrero internacional." (Daniel Bensaid, Perspectiva Internacional, No. 2, mayo/junio 1982).

Los seguidores de Lambert en cambio, siguen un atajo. Es el mismo pensamiento, solo que vergonzante. Como no pueden negar la influencia del castrismo sobre el sandinismo, cosa que sería un absurdo, deben respaldar a éste último, pero sin decirlo abiertamente. Utilizan para ello el mismo método con el que apoyan a Mitterrand en Francia.

"Desde la constitución de un gobierno propio del FSLN, tornóse más aguda la alternativa en que este se debate: por un lado, la vía de ceder a las presiones de la burguesía, en el sentido de hacer retroceder las conquistas de la revolución; de otro lado, seguir en la vía de ruptura con la burguesía, profundizando la revolución contra el imperialismo. Esta es una situación cuya resolución no está dada de antemano." (Jean Robles y Luis Favre, op. cit. ).

Los autores nos dicen que, aunque "la resolución no está dada de antemano", el sandinismo puede "seguir" en lo que viene haciendo: "profundizando la revolución".

Este mismo concepto, se completa más adelante. Robles y Favre agregan: "El desarrollo de la situación tiende a profundizar la brecha, abierta con la caída de Somoza, entre el pueblo de Nicaragua y el gobierno del FSLN, de un lado, y la burguesía y el imperialismo, del otro".

Aquí los discípulos de Lambert nos están diciendo, todavía más claramente, que la "profundización revolucionaria" que "sigue" no comenzó cuando supuestamente la burguesía salió del gobierno, en abril de 1980, sino que ya venía de antes, cuando Robelo y Chamorro estaban en la Junta, "desde que cayó Somoza".

Para empalmar las posiciones que acaban de levantar con las que sostuvieron tradicionalmente, ambos autores agregan: "Es la acción de masas la que, poco a poco, va a ir llevando a los dirigentes a profundizar el proceso revolucionario". Igualmente, la resolución del CI (CIR) de julio habla del: "curso impuesto por el movimiento de masas al FSLN".

Pero esto no hace más que agravar el carácter vergonzante de su apoyo al FSLN. Precisamente, la base del revisionismo pablista del trotskismo consistió en hacer ese análisis "objetivo" de los procesos revolucionarios, en el que el aspecto "subjetivo" de las direcciones no cuenta. Mandel, continuador de esa tradición pablista, coincidiría mil por mil con el nuevo análisis lambertista3 . También para él los procesos se profundizan esencialmente porque las masas "imponen" el curso a las direcciones. De todos modos, las masas tienen la suerte inmensa de tener esas direcciones, sensibles a sus presiones.

Por su parte, el SWP es la corriente que —como antes Posadas— incorpora al trotskismo el reconocimiento subjetivo al supuesto carácter revolucionario del castro–stalinismo y, por extensión del sandinismo.

Sea por un análisis "objetivo" o por uno "subjetivo", el SWP, Mandel y Lambert —es decir, todo el arco del actual revisionismo trotskista— han pasado a coincidir alrededor de un eje: el GRN es un gobierno obrero y campesino, es decir, de ruptura con la burguesía y el imperialismo. En consecuencia respaldan las medidas de austeridad económica y los decretos que prohíben hacer huelgas y ocupar fábricas y tierras.

"La dirección sandinista proclamó en 1981 el año de la austeridad. Ella pidió a los trabajadores un esfuerzo de reconstrucción nacional, comprensible y legítimo, en vista de la inmensa dimensión de las destrucciones y de la pobreza del país." (Daniel Bensaid, op. cit. ).

"Dicho decreto (la ley sobre el Estado de Emergencia, prohibiendo las huelgas) significa, según el GRN, un instrumento legal para enfrentar las actividades militares tipo Río Negro, etc. Representa, por lo tanto, recortar la libertad de los contrarrevolucionarios. En la medida que la ley logre tal objetivo, nuestra organización la toma como progresiva." (Comunicado de la Liga Socialista de los Trabajadores, Managua, marzo de 1982).

Paradójicamente, el castro–stalinismo y la socialdemocracia realizan el mismo apoyo por motivos diametralmente inversos; porque aseguran la restauración capitalista.

8. La revolución congelada

Hemos pasado revista a los distintos juicios despertados por el curso de la revolución. Daremos ahora el nuestro. Considéranos que la heroica revolución proletaria nicaragüense ha sido congelada y obligada a retroceder en un sentido capitalista. Los responsables, por ceder a la burguesía y al imperialismo, son el sandinismo y el castro–stalinismo, que lo influye y orienta.

La contramarcha en Nicaragua ha tenido efectos sobre toda Centroamérica. El sandinismo y el castro–stalinismo vuelcan todos sus esfuerzos para impedir que en El Salvador se produzca un triunfo similar al que derribó a Somoza en 1979 y han logrado que la dirección de la lucha salvadoreña respalde esa política: en vez de la destrucción del estado y el ejército burgueses contra el que combaten, ellos reclaman un acuerdo para lograr un gobierno de unidad nacional, sin victoria ni ruptura.

Este retroceso no ha impedido, sin embargo, que la revolución centroamericana y la crisis regional se hayan extendido y generalizado a todos los países del área.

Pero si no sabemos reconocer que, gracias a esa colaboración, la burguesía y el imperialismo lograron impedir que se consolidara en Nicaragua el primer estado obrero del Istmo, cuya posibilidad era inmediata en 1979, y además lograron encauzar la movilización revolucionaria de sus masas, tampoco sabremos reconocer ni actuar eficazmente sobre la situación salvadoreña y centroamericana actuales, ni darnos una política para que la revolución proletaria nica vuelva rápidamente por sus fueros.

En los tres años posteriores a su gloriosa insurrección triunfante, los trabajadores y los campesinos nicas fundaron 1,447 sindicatos, obtuvieron escuelas, aprendieron a leer y escribir, se vistieron. Hicieron huelgas, ocuparon fábricas y haciendas. Algunas veces pudieron arrancarle al gobierno la posesión de tierras que él no estaba dispuesto a otorgar. Pero todo esto debe ser considerado como un subproducto de la grandiosa revolución que había destruido al ejército y al estado burgués. Los 50,000 muertos pelearon por mucho más. Ese mucho más es lo que ha logrado retacear el frente único de sandinistas y burgueses que tomaron conjuntamente el poder.

Por duras que puedan parecer nuestras afirmaciones para los jóvenes admiradores del FSLN y del castrismo, las basamos exclusivamente en hechos. Luego del triunfo de la revolución, el sandinismo estableció un gobierno burgués de unidad nacional —no obrero y campesino—, que se mantiene hasta hoy. Inició la reconstrucción de una economía capitalista semicolonial. Emprendió este camino contrarrevolucionario dentro de las fronteras nacionales y hacia afuera dejó de apoyar con armas y gente a las luchas centroamericanas.

Para ello, desarmó a las milicias populares, amordazó la democracia obrera, encarceló a los sectores revolucionarios y combativos que querían impulsar huelgas, prohibió por ley las movilizaciones y las ocupaciones y, en gran medida, lo logró. Veamos los hechos.

9. Un gobierno burgués de unidad nacional

En la historia revolucionaria mundial sólo ha habido dos tipos de gobiernos obreros y campesinos o populares. Un caso único, netamente revolucionario, ocurrió en Rusia. El otro, es de tipo oportunista y burocrático, y podemos ejemplificarlo con los casos cubano, yugoslavo, chino, albanés e indochino. En este lote también podríamos incluir a los estados obreros del Este de Europa.

El gobierno obrero y campesino ruso surge en Octubre de 1917, cuando toman el poder los bolcheviques de Lenin y Trotsky, en alianza con el ala izquierda del Partido Socialista Revolucionario, Hasta entonces, había habido un gobierno burgués, integrado mayoritariamente y presidido por partidos obreros y pequeñoburgueses conciliadores, surgido de la Revolución de Febrero. El centro de ese gobierno, según Lenin, había sido la casi solitaria figura de Miliukov, que sintetizaba el peso de la burguesía y de la claudicación hacia ella de los mencheviques y los socialistas revolucionarios de derecha.

La característica del único gobierno revolucionario obrero y campesino fue conducir una rápida transición hacia la plena instauración del primer estado obrero de la historia. Tomó el poder como producto de la ruptura con la burguesía. Expropió la banca y nacionalizó el comercio exterior y repartió de inmediato las tierras. Dejó subsistir la economía privada durante un año, pero implantando el control obrero.

Es decir, lo característico fue no tanto su avance inmediato en la expropiación total de la burguesía sino el hecho de que generalizó los soviets, la democracia obrera y el control de los trabajadores sobre toda la sociedad. Fue en el otoño de 1918, que recién se produjo la expropiación completa de los medios de producción capitalista, aunque la dictadura del proletariado se ejercía desde el principio por el control de los soviets y las primeras medidas de socialización. Por eso Trotsky señaló que la dictadura del proletariado, iniciada en el 17, alcanzó su plena dimensión y bases sociales recién en el 18.

Como expresó Lenin en 1917, el gobierno obrero y campesino de la URSS tenía deformaciones burocráticas. Ellas eran una consecuencia del atraso histórico del país y de la inexperiencia del joven proletariado. El partido bolchevique tenía una política antiburocrática por la que desarrollaba la autodeterminación democrática de las masas y, fundamentalmente, trataba de extender la revolución mundial.

En este sentido, la principal tarea de los bolcheviques fue la construcción de la Tercera Internacional y los partidos comunistas en todo el mundo. Para ellos, el objetivo inmediato era el triunfo de la revolución obrera en Alemania, país adelantado que hubiera dado una base social y económica para el socialismo en media Europa y corregido de raíz el lastre histórico arrastrado por la URSS.

Precisamente, la derrota de la revolución proletaria alemana y europea causó el aislamiento de la URSS y provocó su degeneración burocrática total, con la aparición de una casta privilegiada contrarrevolucionaria: el stalinismo. Su carácter se manifestaría inmediatamente en que, si bien siguió defendiendo la base social y económica de la revolución —fuente de sus privilegios como administradores—, su política se orientaría a aplastar la democracia obrera y a colaborar con el imperialismo para impedir el desarrollo de la revolución mundial. La Tercera Internacional sería enterrada por Stalin.

El otro tipo de gobierno obrero y popular es el stalinista y pequeño burgués que condujo a dictaduras burocráticas, implantadas desde su inicio. Pese a su carácter contrarrevolucionario, el stalinismo se vio obligado a ir más allá de su programa y objetivos. Igualmente, algunos partidos pequeño burgueses.

Castro, por ejemplo, luego del gran triunfo contra Batista, llegó al gobierno con un programa burgués. Una combinación de factores —el estado destruido, el ascenso revolucionario de las masas y la agresión imperialista— lo empujó a romper con la burguesía, para defenderse.

También Mao pretendía mantener el bloque de las cuatro clases, pero la intervención de Estados Unidos en la guerra de Corea, como prólogo a una invasión a China, lo llevó a lanzarse a la profundización revolucionaria.

Lo mismo había ocurrido en Europa Oriental, ocupada por el Ejército Rojo, tras la Segunda Guerra Mundial. El régimen capitalista se mantenía, pero el imperialismo inició la guerra fría en un intento de pasar a la ofensiva contra el proceso revolucionario mundial y contra la propia URSS. Entonces Stalin ordenó las expropiaciones.

Así surgieron estos estados obreros, deformados por la presencia de una dictadura stalinista y con una política de conciliación de clases a nivel mundial, al servicio del imperialismo.

En la revolución cubana hubo un ala del castrismo que mantuvo un tiempo el internacionalismo. El Che levantó y trató de impulsar la consigna de hacer varios Vietnam en América. Pero nunca confió en las masas ni organizó partidos obreros revolucionarios, manteniendo hasta el fin sus métodos elitistas.

La derrota de Vietnam, entre las múltiples consecuencias de todo tipo que acarreó a Estados Unidos, también determinó un cambio en su política dura y de agresiones a las revoluciones triunfantes, pasando a buscar una negociación contrarrevolucionaria con sus direcciones oportunistas y burocráticas.

Por ejemplo, en la década del 70 se produjeron los triunfos de Angola y Mozambique, en los que la guerrilla nacionalista pequeña burguesa, con apoyo del castro–stalinismo, condujo la lucha de masas hasta la destrucción del estado burgués.

En esos países se dieron los factores de crisis, ascenso revolucionario y debilidad burguesa que provocaron el surgimiento burocrático de otros estados obreros. Sin embargo ello no ocurrió. La causa fue que el imperialismo tuvo otra política que la de los años 40 y 50. No agredió con un comienzo de guerra total a sus gobiernos sino que estableció un modus vivendi con ellos, si bien chantajeándolos y hostigándolos. Sus gobiernos, ejercidos por los guerrilleros respaldados por el castro–stalinismo, no se convirtieron en obreros y populares, sino que mantuvieron las formas de explotación burguesas. Nuestra corriente ha denominado a este nuevo tipo de gobiernos de conciliación de clases surgidos con la anuencia imperialista en situaciones revolucionaria extremas, stalinista–burgueses.4

El GRN de Nicaragua es un ejemplo característico de ellos. Nacido luego de la destrucción del estado y de la Guardia Nacional somocista, como fruto de un acuerdo del sandinismo con la burguesía nacional y centro y sudamericana, acuerdo respaldado por el imperialismo, es de unidad y no de ruptura con el capitalismo. Se opone tanto a la democracia obrera y a la autodeterminación de las masas como a la profundización de las expropiaciones.

Quienes lo definen como obrero y campesino se basan en que la fracción burguesa que lo compone fue siempre muy débil o pasó a ser insignificante cuando renunciaron Robelo y Chamorro.

Esto que es relativamente cierto desde un punto de vista sociológico, no lo es del político. Robelo y Chamorro fueron reemplazados en la Junta del GRN por Córdoba Rivas —dirigente conservador, juez de la suprema Corte de Justicia— que mantiene allí y actúa como uno de los principales emisarios internacionales del gobierno, y por Alvaro Cruz —un antiguo funcionario del BID— que luego pasó a desempeñarse como embajador en Estados Unidos.

El intento de disminuir la jerarquía burguesa de Córdoba Rivas, diciendo que es un "abogado", o la de Cruz, tratándolo como un simple "funcionario"; no conduce a nada. Con el mismo criterio podíamos decir que Robelo era "ingeniero" o Chamorro "periodista". Ellos fueron y son el centro del gobierno en el mismo sentido que para Lenin lo era el "historiador" Miliukov. Son la representación física de la burguesía y el imperialismo que impide que se inicie la ruptura con ellos.

Es esa fractura la que a toda costa quiere impedir el sandinismo. Por eso comparte la Junta con conspicuos representantes burgueses y los ministerios con frailes y capitalistas. Por lo mismo crearon el Consejo de Estado, un organismo de consulta legislativo, con mayoría del FSLN, de carácter antidemocrático, no electivo, en el que los partidos burgueses poseen una representación sobrevaluada, atribuida por los propios sandinistas.

La burguesía pro–imperialista y la Iglesia, por su parte, presionan con la amenaza de salir del gobierno y del Consejo de Estado y lanzarse a la oposición franca o incluso a la lucha armada contrarrevolucionaria. En líneas generales van logrando, de ese modo, la capitulación del sandinismo. Robelo, por ejemplo, renunció a la Junta en 1980, exigiendo leyes contra las expropiaciones y un compromiso para la normalización política del país, mediante elecciones. Logró, de ese modo que el FSLN promulgara la Ley de Amparo, el 22 de mayo de 1981, dos días después de la posesión de Córdova y de Cruz, y que prometiera elecciones para 1985.

La ley fue refrendada por el Consejo de Estado con carácter retroactivo, facultando a revisar las confiscaciones, expropiaciones e intervenciones decretadas por el Estado, desde 1979.

Recientemente, Robelo salió del país. Acababa de declarar su respaldo —igual que la Iglesia— al Estado de Emergencia, pero se sumó al Comandante Cero, que hacía proclamas para iniciar la guerra. El partido de Robelo, sin embargo, designó a Omar Hallun para intervenir como nuevo miembro del Consejo de Estado, para el período que se inició el 4 de mayo último. De todos modos no se presentó y la plana mayor del partido se ausentó del país, dejando suponer que se sumaba a la lucha armada. Desde el exterior, Cero y Robelo, sin embargo, hicieron declaraciones contra el gobierno hondureño por prestar su territorio a un ejercicio con tropas norteamericanas. El obispo de Managua, las reitero desde dentro. Poco después, Edén Pastora anunció que se retiraba de su empeño y retomaba a su actividad privada.

El MDN no retomó al Consejo de Estado, pero sí lo hicieron los otros partidos burgueses. Entre ellos, el PCD designó a Donald Lacayo para representarlo. Este personaje, que regresó del exterior, había sido denunciado por el GRN como promotor de actividades contrarrevolucionarias armadas.

Todas estas ideas y venidas parecen indicar que el imperialismo y la burguesía no han resuelto todavía una guerra en amplia escala y continúan su eficaz sistema de hostigamiento y chantaje.

10. Una economía capitalista Semicolonial

La llamada economía mixta, eufemismo tras el que se esconde una economía capitalista típica, surgió del hecho revolucionario que 100,000 hectáreas de tierra (la mitad de la extensión cultivable) y varias de las principales ramas industriales fueron abandonadas por la huida de sus propietarios somocistas. El acuerdo con la burguesía consistió en que ese sector económico pasara al Estado y el resto se conservara en poder de sus antiguos propietarios.

El sandinismo ha respetado ese acuerdo. Otras tierras que, bajo la ley de reforma agraria, se incorporaron al llamado Área de Propiedad del Pueblo, no fueron confiscadas. Como aclaró Jaime Wheelock, se trataba de tierras ociosas y a sus dueños se les está pagando para que puedan integrarse a otra actividad productiva. (Barricada, 12/4/82).

Esta situación ha dejado en poder directo de la burguesía el 60 por ciento del producto bruto interno, lo que implica el 81 por ciento de la producción agropecuaria, el 75 por ciento de la manufacturera, el 30 por ciento de la construcción y el 80 por ciento del comercio interior mayorista.

La pintura de que esto es una transición al socialismo es falsa. En primer lugar, el sandinismo declara que su objetivo es mantener en su forma actual la economía. Por ejemplo, el comandante Bayardo Arce declaró a dirigentes norteamericanos de la Fundación OXFAM: "Sí se tiene como punto de referencia las necesidades básicas de nuestro pueblo, en Nicaragua siempre va a haber economía mixta". (Barricada, 12/4/82).

En segundo término, porque para definir como pro–socialista una estructura social de ese tipo, sin mencionar aquí el hecho político fundamental, de que requiere un gobierno con la voluntad de romper con la burguesía, falta el elemento dinámico esencial, que es el control obrero. La URSS del 17, tenía una economía mixta y en toda la industria existía la propiedad privada, pero tanto ella como la propiedad estatal estaban sometidas a un control absoluto de las masas, que abarcaba desde los soviets hasta los comités de empresas. Tenía, además, un gobierno antiburgués revolucionario.

Nada de esto existe en Nicaragua. El sandinismo ha implementado en los papeles, no en la realidad, un confuso sistema de "participación" obrera. Veamos qué nos dice Barricada del 25/6/82: "Ha sido una experiencia nueva a la que se asiste sin tener esquemas o modelos acabados. Las experiencias de participación se reconocen en muchos lugares, en el campo y la ciudad. Unas sobreviven, otras desaparecieron porque la voluntad de la administración burguesa en algunos casos se impuso sobre los trabajadores."

De este modo, la falta de control obrero, deja las manos libres a los empresarios en el sector económico mayoritario que controlan y convierte el Área de Propiedad del Pueblo en un sector nacionalizado similar a los de cualquier país capitalista. Egipto, bajo Nasser, llegó a tener un área de ese tipo que abarcaba el 85 por ciento del producto bruto. En Argentina, Brasil y México, actualmente, las mayores empresas pertenecen al Estado y ellas figuran entre las más grandes del mundo. Incluso en un país imperialista como Francia, hay un sector nacionalizado dominante.

A nadie se le ha ocurrido confundir ese capitalismo de estado con socialismo. Igual que en Nicaragua, carece de control obrero y está dirigido por un gobierno capitalista, que no quiere la ruptura con la burguesía.

Precisamente, los esfuerzos del gobierno sandinista burgués están dirigidos a encauzar todo por la vía de una legislación capitalista, que niega el control obrero sobre la contabilidad y los medios de producción, lo que permite la realización de toda clase de maniobras a los patrones y a los funcionarios públicos del Área de Propiedad del Pueblo. Ese es el significado de los 2000 convenios laborales firmados en estos años.

El carácter burgués del gobierno y la falta de un poder obrero instituido también han convertido a la medida económica más progresiva de la revolución como es la nacionalización de la banca y el comercio exterior, en una herramienta utilizada por la burguesía y el propio imperialismo para afianzar el curso capitalista. La Corporación Financiera Nacional surgida de esa medida ha puesto a toda la economía al servicio de los latifundistas exportadores y del imperialismo. Para "estimular" la producción, de algodón, café y carnes, los productos exportables en manos de los viejos propietarios, fija precios superiores a los del mercado mundial. Recientemente, ha dispuesto que un porcentaje significativo de esas exportaciones se les pague a los latifundistas directamente en dólares:

Esta subvención a los terratenientes se ha hecho con los 1,500 millones recibidos del exterior que marcan el mayor endeudamiento y exigen el mayor servicio de deuda de la historia del país, pagado puntualmente por el gobierno. En 1981, ese servicio fue de 191 millones de dólares.

Esto ha conducido al gobierno a aplicar uno de los planes de explotación más duros de Centroamérica.

El de 1980, llamado de reactivación económica en beneficio del pueblo, arrancó a partir de una situación desastrosa para las masas: la herencia somocista y de la guerra había dejado 231,000 personas sin trabajo, mientras que la mitad de los activos no sobrepasaba los 1,000 córdobas de salario mensual, o sea, menos de 30 dólares.

Esta explotación inicua se ha mantenido en los mismos términos. El empleo creció en 90,000 puestos en el primer año —sobre todo en la burocracia estatal— pero luego bajó y hoy vuelve a ser un flagelo, como antes. El gobierno fue estableciendo topes para los aumentos salariales, pero siempre por debajo de la tasa de inflación, que fue del 24 por ciento el primer año y luego creció rápidamente. Las mejoras permitidas fueron del 10 por ciento el primer año y del 20 el segundo. En mayo de 1981 se estableció una ley de salario mínimo que rige hasta hoy. Establece para los trabajadores industriales un mínimo de 1,120 córdobas y para los agropecuarios de 770 córdobas. El 70 por ciento de los asalariados gana menos de 1,600 córdobas, o sea que el grueso gana el salario mínimo. Esto, cuando en Managua un casado de frijoles, arroz y papas se cobra, en la calle, 20 córdobas.

Esta superexplotación está al servicio de la burguesía y el imperialismo. El propio Programa Económico de Austeridad y Eficiencia/1981, lo reconoce: "objetivamente las ganancias se han recuperado mucho más rápidamente que los salarios". La prensa capitalista mundial, también: "Los empresarios han aumentado sus beneficios al menos en relación a la inversión e, incluso, en ciertos casos, de manera absoluta". (Le Monde, 27/3/81).

11. Liquidar el poder dual y aplastar la democracia obrera

El mantenimiento de la unidad con la burguesía y la aplicación de un plan económico de superexplotación, al servicio de los capitalistas, debía llevar rápidamente al sandinismo a buscar el total control del movimiento de masas, impedir su organización independiente, canalizar o reprimir sus luchas y perseguir —como cualquier gobierno burgués—, a los "agitadores" y "extremistas".

El hecho de que el castro–stalinismo y la socialdemocracia internacionales, así como los sectores revisionistas del trotskismo, el SU desde el primer momento y el CI (CIR) recientemente, apoyaran plenamente al sandinismo, ha contribuido a silenciar en todo el mundo la maraña represiva montada por el GRN y el FSLN contra los trabajadores nicas.

La primera obsesión del nuevo gobierno sandinista burgués fue lograr el desarme y la liquidación de los embriones del poder dual de las masas.

El 4 de junio de 1979 el FSLN declaró la huelga general contra Somoza. Ella se extendió un mes y medio hasta el triunfo y la llegada de los combatientes a Managua. En ese tiempo se produjo un proceso explosivo de organización autónoma de masas, que formaron comités y milicias independientes, en barrios y poblaciones, con armas sacadas de los cuarteles abandonados por la Guardia Nacional en descomposición. Esas milicias y comités organizaron comunidades, tomaron tierras, casas, medios de transporte, distribuyeron víveres y asumieron múltiples iniciativas.

Desde el 20 de julio el FSLN comenzó a llamar a la devolución de esas armas en manos del pueblo y pocos días después comenzó su campaña contra los trotskistas de la Brigada Simón Bolívar y contra los maoístas del Frente Obrero, que promovían e impulsaban el control obrero en las empresas y la organización o refuerzo de los sindicatos. La Brigada Simón Bolívar, que además planteaba la extensión de la lucha hacia El Salvador, fue expulsada del país y los militantes trotskistas fueron perseguidos. Entre julio y agosto el sandinismo logró el control sobre las armas, pero siguió su campaña contra los "extremistas". En enero de 1980, el diario El Pueblo del Frente Obrero es cerrado y sus dirigentes condenados a dos años de trabajos públicos.

El FSLN emprendió dos movimientos combinados. Por un lado la formación de una coordinadora sindical, la CSN y por otro, la formación de un ejército o milicia sandinista. Esta significó el desarme del pueblo y el comienzo de construcción de un ejército regular —la policía se construyó por aparte, con asesores panameños y de otros gobiernos— de características burguesas: sin democracia interna, con la oficialidad designada por el gobierno y por el sandinismo, no por la tropa, y, por supuesto, con las armas guardadas por esa oficialidad.

Por su parte, la coordinadora sindical intentó controlar burocráticamente a todos los sindicatos y centrales, para impedir los movimientos reivindicativos.

Es sintomático que la primera reunión de la CSN finalizara con un llamado a "resolver los conflictos obreros sin interrumpir la producción".

Los conflictos, por supuesto, siguieron. Ya no tenían el carácter insurreccional de los primeros días, porque el sandinismo lograba encauzarlos, pero igualmente se sucedían, en la ciudad y el campo. En julio de 1981, el GRN adelanta una nueva medida represiva: prohíbe las huelgas en las instituciones públicas, los entes autónomos o descentralizados y en las empresas de interés colectivo. Como ello no basta, en septiembre del mismo año se establece, lisa y llanamente, la supresión del derecho de huelga por un año, estableciendo penas de hasta tres años de cárcel. Las mismas leyes, llamadas "de emergencia", castigan a los capitalistas que incurran en sabotaje económico.

Dicha legislación se completa en marzo de 1982. Se utiliza en este caso como pretexto el ataque de los gusanos y el reiterado chantaje de la burguesía que sigue descapitalizando y retirando sus ganancias. Surge así el Estado de Emergencia, con una represión más detallada sobre todas las manifestaciones y reclamos obreros. Desde entonces, el Estado de Emergencia, que ha sido apoyado por la burguesía y la Iglesia, se viene prorrogando mes a mes.

Con este arsenal represivo han logrado ir espaciando las huelgas y las luchas, aunque, evidentemente, el malestar obrero va en aumento. Mientras tanto, el sandinismo sigue haciendo su eje político en la campaña contra el "economicismo" de los sindicatos y los trabajadores. Ese fue el lei–motiv del acto del Primero de Mayo y del discurso de Tomás Borge.

El FSLN programó la concentración en un marco complejo: Robelo acababa de sumarse a Eden Pastora, los gusanos atacaban desde Honduras y una oleada de alzas de precios de los artículos de consumo habían sido establecidas por los grandes comerciantes, que manejan los productos alimenticios.

En esa situación, si bien no había huelgas, por las prohibiciones y el control represivo, las exigencias económicas y políticas iban por dentro. En las poblaciones fronterizas los trabajadores pidieron armas mientras que algunos sindicatos exigían aumentos de salarios y expropiaciones.

Barricada, redobló la campaña contra los reclamos. El 28/4/82 el dirigente sandinista Rodrigo Portocarrero denunció "a los sindicatos que en este momento hacen planteos economicistas", en especial el de artes gráficas, que demandó "un reajuste nacional de salarios para su gremio".

El acto no pudo menos que ser una decepción. Barricada había fijado el objetivo de alcanzar "por lo menos" 90,000 personas. Hubo menos de la mitad y, además, la composición fue mayoritariamente de empleados y funcionarios públicos, de la gruesa burocracia nombrada estos años. En el discurso, Tomás Borge denunció: "Hay algunos obreros que creen que el principal enemigo de la clase obrera es la burguesía. La burguesía como clase está golpeada mortalmente en este país. El principal enemigo de la clase obrera es la división de la clase obrera".

¿Cuál es el "economicismo" y la división que teme el FSLN?

El descontento del proletariado industrial y rural, aunque momentáneamente no encuentra canales de expresión en luchas explosivas como las del inicio de la revolución, es una peligrosa caldera. Programas como el de los trotskistas revolucionarios, que exigen una política de impulso a la revolución centroamericana y, dentro del país, ruptura con la burguesía, control obrero, armamento popular, expropiaciones y democracia obrera son temibles para los sandinistas, empeñados en asfixiar a las masas y mantener el statu quo con la burguesía y el imperialismo.

La corriente maoísta Frente Obrero y la tradicional agrupación sindical CAUS, controlada por un sector del stalinismo, si bien enfocan sus reclamos casi exclusivamente desde el ángulo nacionalista sin exigir el apoyo revolucionario a la lucha centroamericana, también son un peligro para el FSLN, pese a que están integrados con él en el Frente Patriótico Revolucionario y lo reconocen como parte de la vanguardia revolucionaria.

Por ejemplo, el Frente Obrero reclamaba este lo. de Mayo "control y vigilancia obrera de las empresas", "profundizar la reforma agraria", "mejorar las condiciones de vida de las masas", "amplia libertad de movilización" y "nacionalizar la propiedad capitalista".

La represión contra las corrientes revolucionarias, centristas y burocráticas de "izquierda" es sumamente dura, por el malestar que existe entre las masas y el peligro de que sus reclamos desaten la lucha. Cuando en octubre del 81 se promulgaron las leyes de emergencia, hubo tres empresarios encarcelados, que fueron rápidamente liberados. Pero el peso de la ley cayó sobre los dirigentes sindicales de izquierda.

Entrevistado Tomás Borge por la revista panameña Diálogo Social, declaró, en enero de 1982, al respecto de esas detenciones: "Está bien que me preguntes sobre la gente de izquierda, porque todo el mundo está preguntando sobre los tres zopilotes del COSEP y nadie habla de los comunistas presos. Son más de 60. Aquellos compañeros que atentan contra la unidad del proceso revolucionario, objetivamente son contrarrevolucionarios. ¿Qué hacen estos compañeros? Como no pueden plantear una opción política, porque ya la planteó el FSLN, se van a las bases obreras a plantearles demandas reivindicativas. Esta es la única manera que encuentran para ganar bases sociales. Van a decir que hay que aumentar los salarios disfrazando el lenguaje reivindicativo con un lenguaje revolucionario, van a confundir a la clase obrera. La revolución necesita defenderse."

De éste modo, aplastando la democracia obrera y asfixiando la organización y la lucha de las masas, el FSLN viene "defendiendo" a la burguesía.

12. Una política exterior contrarrevolucionaria

Lo que caracterizó el gobierno obrero y campesino de la Unión Soviética y al partido bolchevique que lo dirigía fue su concepción internacionalista, la creación de la Tercera Internacional y su vuelco al desarrollo de la revolución alemana, europea y mundial.

También señalamos que lo característico de los otros estados obreros, surgidos de gobiernos burocráticos o pequeñoburgueses, fue la falta de esa política exterior revolucionaria.

¿Dentro de qué parámetros se inscribe la política exterior sandinista?

Tanto o más que los otros aspectos de su gestión, la actitud sandinista en este terreno refleja el compromiso y el acuerdo con el imperialismo y la burguesía y la influencia, acrecentada después del triunfo revolucionario, del castro–stalinismo.

El imperialismo y la burguesía, junto a la socialdemocracia, de un lado, y el castro–stalinismo del otro, han logrado que el FSLN retirara su apoyo armado al proceso revolucionario centroamericano, apoyara a Jaruzelsky contra los trabajadores polacos, enviara a uno de sus principales dirigentes a apoyar la campaña electoral del candidato oficialista burgués, Miguel de la Madrid, en México, y aun en los casos que tuvo posiciones correctas, paralelas a la del castrismo y las burguesías latinoamericanas o árabes, como fue su apoyo a la guerra de las Malvinas o a la lucha de la OLP, su norte haya sido impedir las movilizaciones solidarias de los trabajadores nicas.

Nicaragua, bajo el sandinismo, no hace por El Salvador ni por Guatemala ni siquiera lo que Panamá y Costa Rica hicieron por ella. Se niega a romper las relaciones diplomáticas con sus juntas militares, como hicieron Ecuador y otros países con Somoza. Por el contrario, se ufana de "enriquecer y dar negocios a sus oligarquías".

Cuando el 15 de octubre de 1979 el imperialismo norteamericano promovió el golpe de estado que derribó al general Romero, en El Salvador, para prevenir que su derribamiento fuera hecho por la lucha revolucionaria de las masas, tuvo pleno apoyo sandinista. Se instaló una Junta Cívico Militar, en la que participó el castro–stalinismo. El FSLN prohibió en Nicaragua que se hiciera ninguna ayuda a la minoría guerrillera salvadoreña que —coincidentemente con el trotskismo— siguió la lucha contra la Junta. El coronel Majano, ejecutor de ese golpe, fue el invitado de honor en Managua al festejo del primer aniversario de la revolución, mientras que los combatientes salvadoreños no pudieron ni siquiera hacer oír su saludo.

La Junta salvadoreña logró confundir a las masas que estaban a un paso de la victoria. La derecha se hizo fuerte e inició una salvaje represión hasta completar el control fascista sobre la ciudad. La guerrilla siguió, sin embargo, combatiendo. El castro–stalinismo y la socialdemocracia se acercaron nuevamente a la guerrilla rural y se unieron a ella, para imponerle un programa y un objetivo de conciliación. En esa política colaboró activamente el sandinismo. Cuando Fernando Cienfuegos, dirigente del FMLN, declaró al Washington Post (8/3/82): "Estados Unidos no tiene nada que temer del FMLN, pues la guerrilla ha llegado a la conclusión unánime de que la mejor salida para El Salvador es un gobierno de coalición, una economía mixta y una política exterior no alineada", sus palabras parecían dictadas por Castro o por Tomás Borge.

Junto a inducir esta política, el castro–stalinismo, la socialdemocracia y el sandinismo, también contribuyeron a promover la desastrosa "ofensiva final", en enero de 1982, cuyo propósito fue desmoralizar a las masas con una derrota y presionar a la Junta y al imperialismo para iniciar las negociaciones.

Ese mismo mes, el presidente Reagan realiza su chantaje crediticio y cerealero contra Nicaragua e inicia una breve campaña internacional acusando al sandinismo de estar enviando armas a la guerrilla salvadoreña. Al respecto, el Herald Tribune del 4/3/81, comentó: "Funcionarios norteamericanos dijeron que la notificación del cese de la ayuda también 'contiene un cebo' sugiriendo que un cese total en el envío de armas a El Salvador podría ser considerado para el restablecimiento de la asistencia financiera norteamericana. El secretario de Estado, Haig, dijo el 3 de marzo, que los envíos de armas desde Nicaragua habían disminuido bruscamente en respuesta a la presión norteamericana pero, de seguido, dijo que el gobierno de Managua estaba buscando otras vías menos visibles para continuar los envíos de armas. Washington ofrece la posibilidad de una pronta reanudación de la ayuda si Nicaragua continúa en sus recientes esfuerzos por desligarse de la situación en El Salvador".

El "cebo" fue tragado por el FSLN, que rápidamente terminó de "desligarse" de El Salvador.

El 10/3/81 el mismo Herald Tribune afirmó: "Funcionarios norteamericanos dicen que han recibido, en privado, seguridades de que el gobierno de Nicaragua tratará de prevenir el paso de armas hacia El Salvador. En público, ha ofrecido promover una solución preferiblemente política que militar".

El 6/4/81 el Herald Tribune constataba: "No hay indicios de movimientos de armas a través de Nicaragua durante las últimas semanas".

El 2/5/81, Le Monde confirmaba que se trataba de una posición de conjunto, conversada entre la socialdemocracia, el castro–stalinismo y los sandinistas. El diario francés informaba sobre la reunión realizada en Amberes por la Internacional Socialista y reproducía un dialogo entre bambalinas: "Willi Brandt dijo que Castro estaba por una solución política, pero que ello implicaba que debía cesar el envío de armas. Ungo, a su turno, aclaró que no hay armas cubanas en El Salvador."

La solución política en la que poco después coincidieron públicamente Brandt, Castro, Ungo y el gobierno sandinista es, como se sabe, la propuesta López Portillo, que busca establecer un acuerdo entre todos los sectores salvadoreños para impedir que se produzca el triunfo guerrillero y la destrucción del ejército. Esa propuesta ha recibido también el respaldo del SU.

Al tomar como suyo el plan López Portillo, el sandinismo se ubica como partícipe de una variante burguesa e imperialista para Centroamérica. Es como si Lenin hubiera respaldado el Pacto de Versalles al cabo de la Primera Guerra Mundial, como solución a la crisis revolucionaria desatada en Europa y el mundo.

A tal punto el gobierno sandinista burgués está integrado a las discusiones contrarrevolucionarias que buscan pacificar el área —a pesar de los roces y fricciones que dentro de ellas mantiene—, que Nicaragua participa de las reuniones donde se discute la aplicación del Plan Caribe. El 22 de julio, el presidente Reagan reunió a ministros y embajadores de 24 países de Centroamérica y el Caribe para explicar dicho plan. Crítica, de Panamá, informa: "Entre los presidentes en la velada, a pesar de las tensas relaciones entre sus países y Estados Unidos, figuraron los embajadores de Nicaragua, Francisco Fiallos, y de Grenada, Bernard Kendrick Radix."

Se pretende justificar por la izquierda esta actitud sandinista sugiriendo que el cese del envío de armas a El Salvador no tiene importancia, pues los guerrilleros las consiguen de todos modos, o que las reuniones con Reagan y López Portillo no pasan de un ejercicio diplomático. No es así: La prueba de que es toda una política contrarrevolucionaria y no una maniobra táctica es que en Nicaragua el GRN ha prohibido toda acción solidaria de masas con la revolución salvadoreña y centroamericana. Un organismo sindical o político que pretenda recolectar firmas o hacer una campaña a favor es inmediatamente tachado de "contrarrevolucionario" y "provocador". Nicaragua es prácticamente el único país del mundo donde los trabajadores y los estudiantes no pueden hacer —y no hacen— campañas solidarias y donde el Día Internacional de los Trabajadores, esa solidaridad no fue el eje de la movilización. Barricada, el diario de masas del FSLN, no hace ninguna campaña por el triunfo de la guerrilla, limitándose a reproducir los cables y a recomendar la paz.

Tampoco se permitieron acciones de masas en apoyo a Argentina, durante la guerra malvinense, a pesar de la progresiva posición diplomática asumida por el GRN. En este sentido, la posición sandinista fue similar a la del gobierno panameño, que respaldó a Argentina pero reprimió violentamente las manifestaciones estudiantiles solidarias.

Otras "perlas" de esta política exterior contrarrevolucionaria son el apoyo a Jaruzelsky y la posición frente a las elecciones mexicanas.

El FSLN se alineo junto al castro–stalinismo, con los masacradores de los trabajadores polacos que luchaban por la revolución política antiburocrática. Igualmente, respaldó la candidatura de Miguel de la Madrid, el sucesor de López Portillo, en México.

El de la burguesía mexicana parece ser el modelo político admirado y al que aspira el FSLN, seguramente porque al cabo de ochenta años pudo dominar la revolución mexicana y convertirse en uno de los más sólidos aliados del imperialismo, que se permite amistades íntimas como la mantenida con Fidel. Tal vez por eso Tomás Borge dijo de su régimen represor y fraudulento, pero ducho en desmontar revoluciones, que era "una dictadura muy democrática". (Veja, Brasil, 7/7/82).

La admiración no es sólo ideológica sino que implica un compromiso militante, como el que asumieron Henry Ruiz, ministro de Planificación de Nicaragua, y el comandante Jaime Wheelock. Ruiz envió una salutación a Miguel de la Madrid, cuando surgió como candidato oficial en la "fumata" del viejo partido gobernante. Wheelock hizo más: lo acompañó en la gira electoral que hizo por Sinaloa. Puso el prestigio de la revolución nica al servicio del voto campesino mexicano por la burguesía. Mientras tanto, el gobernador sinaloense Toledo Corro, Miguel de la Madrid y el responsable de la reforma agraria nicaragüense habrán cambiado experiencias y anécdotas de su azarosa lucha común contra las ocupaciones de tierras.

13. ¿Adonde va el sandinismo?

Para nosotros, el sandinismo nada tiene que ver con Lenin y Trotsky del 17 ni con el Che Guevara, que salió del estado obrero burocrático cubano a impulsar con un método pequeño burgués la revolución continental. No se asemeja a un gobierno obrero y campesino revolucionario ni a una variante burocrática, sino a lo que ellos mismos dicen ser: un gobierno de reconstrucción nacional, es decir, capitalista.

En este sentido, el FSLN reproduce el ciclo clásico de los movimientos nacionalistas de liberación nacional. No son concientemente contrarrevolucionarios, pero su carácter nacionalista —no internacionalista—, su ligazón a la burguesía —no al movimiento obrero— y, por lo tanto, sus métodos elitistas, despreciativos de las masas, los llevan generalmente a la negociación con el imperialismo y las burguesías. De ese modo, grandes movimientos de ese tipo se han convertido en instrumentos del imperialismo. El espejo latinoamericano en que se pueden mirar todos ellos es el APRA, de Víctor Haya de la Torre, y el MNR boliviano.

En determinadas circunstancias, llevados por sus legítimos y positivos choques con el imperialismo y las dictaduras desempeñan un papel sumamente progresivo. La lucha armada que en ciertos casos han mantenido durante años, empalma con las masas. Así ocurre que luego de guerras civiles terribles llegan al poder, conservando, como Castro en el 58 y como el FSLN en el 79, todo su programa y bagaje burgués, el cual dialécticamente pasa a convertirse en el freno para la profundización de la revolución. Su papel se invierte: su objetivo pasa a ser el acuerdo con la burguesía y el imperialismo, la restauración capitalista del propio país y no el desarrollo nacional e internacional de la revolución.

Desde 1952 en adelante, esa fue la política del MNR en Bolivia, que asumió el gobierno luego de la revolución minera y condujo a la reconstrucción burguesa del país y a una crisis que, desde entonces, no ha encontrado salida. Eso es lo que tratan de repetir los gobiernos de Samora Machel, en Mozambique, y de Neto, en Angola.

Esos mismos fueron los planes del Ejército Rojo bajo Stalin cuando, luego de vencer a Hitler, quedó ocupando a Europa del Este. Y también el proyecto de Mao y de Tito. Y de Castro.

Ya hemos dicho que en estos casos excepcionales, en vez de darse la reconstrucción capitalista, el partido o el ejército stalinistas y el movimiento nacionalista pequeño burgués procedió a romper, en el plano nacional, con la burguesía y a construir burocráticamente un estado obrero. También señalamos que un factor decisivo para esa transición fue la agresión imperialista en amplia escala. Cuando este factor estuvo ausente, como en Bolivia, por ejemplo, el curso natural fue el opuesto.

En Nicaragua, el sandinismo pasó hace tres años por ese momento crucial de los movimientos nacionalistas pequeñoburgueses en que, de relativamente progresivos, se convierten en el factor contrarrevolucionario interno de la revolución que dirigen.

A ello se agregó el consejo castro–stalinista. La indiscutible influencia de "esa corriente del movimiento obrero internacional", lejos de ser beneficiosa, como cree el SU, supeditó al sandinismo a una política concientemente contrarrevolucionaria, como es la que el Kremlin sostiene en todo el mundo.

La extracción social burguesa, sus métodos elitistas y el influjo stalinista empujaron más y más al FSLN a la unidad con la burguesía y el imperialismo, luego del acuerdo inicial, forjado la víspera del 19 de julio de 1979. Desde entonces, la sensibilidad a las presiones del movimiento de masas —que describe el lambertismo— prácticamente cesó. Esa sensibilidad existió antes de la toma del gobierno y durante la lucha insurreccional pero no ya cuando aplica desde el poder, contra viento y marea, una política contra la democracia y la movilización obreras y contra el avance de las expropiaciones, en Nicaragua y, lo que es peor, en Centroamérica.

Desde luego, no podemos eliminar la posibilidad de que un cambio en la actitud del imperialismo, pasando a desatar una invasión franca, provoque, en vez de la capitulación total del sandinismo —por ejemplo, un llamado suyo a evitar el derramamiento de sangre— una respuesta inversa: las expropiaciones, rompiendo con la Iglesia y la burguesía.

Vemos como azarosa esta perspectiva. El sandinismo se prepara para el acuerdo, no para la ruptura. Además nos parece difícil que el imperialismo, con sus ataduras actuales, se decida por la invasión en amplia escala. El problema interno que le provocarían las masas latinas y el levantamiento revolucionario que habría en todo el Istmo son factores determinantes. Las principales burguesías latinoamericanas —como las de México y Venezuela— y el imperialismo europeo —en primer lugar Mitterrand y la socialdemocracia—, aconsejan que se mantenga la política actual. Según Figueres, "con paciencia", el sandinismo terminará en socialdemocracia. Poderosos sectores internos del imperialismo, con Kennedy a la cabeza, son baluartes de esa misma política contrarrevolucionaria, que combina la "paciencia", de Figueres, con el chantaje, las amenazas, las presiones y una guerrilla constante.

De todos modos, no podemos ignorar en el plano teórico la posibilidad de un cambio de rumbo del sandinismo, si es que los chantajes de Reagan subieran de tono o se convirtieran en opresión abierta.

Una política revolucionaria correcta debe barajar esa hipótesis, aunque sea la menos probable. Pero ¿de qué modo?

El centro de esa política revolucionaria no debe estar enfocado "en la presión" al FSLN para que, con su supuesta sensibilidad o vocación propia, profundice el proceso, que es el punto en que están coincidiendo el SU y el CI (CIR). Esta línea termina —o empieza— con la capitulación completa de apoyar el Estado de Emergencia y el plan de austeridad, que son instrumentos privilegiados de la contrarrevolución del GRN y del FSLN.

El SU viene cometiendo esta capitulación desde que, en 1979, respaldó la represión a las alas radicales y la expulsión de la Brigada Simón Bolívar. El CI (CIR) lo ha hecho, luego de la ruptura de la CI (CI), como producto de su rendición en Francia a la socialdemocracia y al frente popular de Mitterrand. Si en uno de los países imperialistas más fuertes del mundo, hacen apoyo crítico al gobierno ¿cómo no hacerlo con la revolución proletaria de un país semicolonial, a cuyos dirigentes respalda y vende armas Mitterrand?

Por la vía del seguidismo al castro–stalinismo, en un caso, o a la socialdemocracia, en el otro, el apoyo al sandinismo, confundiéndolo con un gobierno obrero y campesino, tiene la misma entraña. Retrotrae a los revolucionarios a la época del revisionismo pablista de posguerra, a la peor de sus variantes, la Posadista, que consideraba que con ese tipo de apoyo se aseguraba el tránsito inevitable al socialismo. Posadas había descrito más de veinte gobiernos "obreros y campesinos" a los que sólo había que presionar un poco para que expropiaran.

Si no se reconoce al sandinista su carácter de gobierno de unidad nacional, versión de los gobiernos stalinista–burgueses que han empezado a surgir en la época, y si a esto se lo llama gobierno obrero y campesino, traicionamos a las masas porque les damos como ya conquistada la gran tarea que tienen pendiente y que él sandinismo impide. Ella es precisamente la de romper con la burguesía y el imperialismo, interior y exteriormente.

Por otra parte, barajando la posibilidad de un cambio en el curso del FSLN, impuesto por razones ajenas a su voluntad, ello tampoco nos debe conducir a apoyarlo políticamente. Aunque se transformara en obrero y campesino, su carácter burocrático y nacionalista nos convierte ahora y siempre en su enemigo político, como constructor de un estado obrero nacional–stalinista. Porque en nuestro análisis principal los sandinistas marchan hacia una variante burguesa como la de sus admirados López Portillo y de la Madrid y, en el menos probable, tienen una posibilidad de convertirse en una versión centroamericana de su amigo Jaruzelsky, debemos oponernos políticamente a ellos.

Los avatares de la lucha nos pueden llevar en cualquier momento, para defender a la revolución nicaragüense y centroamericana de una agresión imperialista, así sea encubierta por un país burgués, a librar la guerra, ofensiva o defensiva, haciendo un bloque militar con el sandinismo. Ni aún en ese caso lo apoyaremos políticamente, como no apoyamos a Khomeini, aunque combatimos a su lado contra Irak, o como no apoyaríamos a Breznev, aunque defenderíamos incondicionalmente a la URSS de un ataque imperialista.

La profundización de la revolución requiere en Nicaragua que denunciemos al FSLN y al GRN y a su política burguesa.

Requiere que luchemos por conquistar un gobierno obrero y campesino, de ruptura con la burguesía, para derogar la legislación represiva antiobrera, liquidar el plan de austeridad e iniciar la construcción del estado obrero. Esto es, expropiando a los capitalistas, bajo la mayor democracia obrera, impulsando la organización, la autodeterminación y la lucha de las masas, dándoles todo el poder: desde el control de las fábricas y las haciendas hasta las armas en las milicias, los sindicatos y los comités de empresas. La meta de este gobierno revolucionario obrero y campesino será el Istmo. Convertirá a Managua en la capital de la revolución centroamericana, llamando a la unidad para luchar a todas las organizaciones guerrilleras y sindicales que, armas en la mano y con la movilización de masas, enfrentan a las dictaduras y a los planes de explotación burgueses e imperialistas, proponiéndoles la conquista de los Estados Unidos Socialistas de Centroamérica.

Esta es la lucha en que están empeñados los auténticos trotskistas nicas de la Liga Marxista Revolucionaria (LMR), los ticos del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), los panameños del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), los camaradas hondureños y todos los de la Liga Internacional de los Trabajadores, Cuarta Internacional

Notas.-

1 Desde el 19 de julio de 1979 al 4 de mayo de 1982, el monto de la ayuda externa recibida en Nicaragua es de 1,495,700,000 dólares, 263,2 millones de los cuales son donaciones y el resto deuda a mediano y largo plazo. El 16,9% de esa ayuda ha sido proporcionada por los estados obreros, mientras que el resto, el 83,1%, es del imperialismo y la burguesía (organismos multilaterales, AID, Europa Occidental, América Latina, Libia, Italia y otros).

2 El trotskismo se agrupó en la IV Internacional, fundada por León Trotsky en 1938, quien fuera asesinado en México, por un agente de Stalin, dos años después. Durante la Segunda Guerra Mundial, los principales dirigentes trotskistas fueron encarcelados y muertos por el nazismo. Pero la IV Internacional se reorganiza en 1943, bajo la dirección de Michel Pablo, un griego radicado en Francia. Su conducción provoca la primera crisis, por su apoyo a las direcciones burocráticas y pequeñoburguesas de los procesos revolucionarios y de los estados obreros que surgen en la inmediata posguerra. Mandel fue un discípulo de Pablo y Posadas representó la corriente pablista latinoamericana, contra la que se opuso la dirección trotskista argentina encabezada por Nahuel Moreno, promotora, años después, de la Fracción Bolchevique.

La revolución cubana provoca un reagrupamiento de los dispersos partidos trotskistas. Se forma el denominado Secretariado Unificado, con Mandel, el SWP y una mayoría internacional, en la que está la corriente argentina antiposadista y antipablista. Separados de ellos, se agrupa el Comité Internacional encabezado por el francés Lambert y el inglés Healy. Estos últimos no reconocen a Cuba como un estado obrero.

Una fractura interna al Secretariado Unificado agrupa provisoriamente a la corriente mandelista, que apoya al castrismo y a la guerrilla rural latinoamericana, frente al SWP norteamericano y al trotskismo sudamericano en el que es mayoritaria la corriente argentina, que origina la Fracción Bolchevique. El SWP comienza a virar al apoyo de Castro y a reconocerlo como una dirección revolucionaria, aunque la ruptura de su acuerdo tendencial con los argentinos se debe a las diferencias provocadas por la revolución portuguesa. Todos se mantienen dentro del marco del Secretariado Unificado. Mientras tanto, rompen Healy y Lambert, y se empiezan a dar las condiciones para un nuevo reagrupamiento político internacional.

El mismo se produce como consecuencia del triunfo sandinista. Cuando la Brigada Simón Bolívar, promovida por la fracción bolchevique es expulsada de Nicaragua, el SWP y el mandelismo respaldan al FSLN, mientras que Lambert denuncia el hecho. El SU queda integrado por el mandelismo y el SWP, mientras que el partido francés de Lambert y su corriente forma, junto a la fracción bolchevique, la CICI. Esta última se rompe, por la posición asumida por Lambert frente al gobierno de Mitterrand, que la Fracción Bolchevique caracteriza como una capitulación revisionista al frente popular. Lambert funda la CICIR mientras que Moreno, Napuri, Alberto Franchesqui y otros forman la LIT.

SU, LIT y CICIR son las tres corrientes actuales del trotskismo.

3 En rigor lo hace, jubilosamente. En Tempo, (órgano brasileño del SU, comenta el viraje del periódico lambertista de este modo: "O Trabalho viene operando una mudanza política de fondo. Comparando sus dos últimas ediciones con la postura sectaria con la que saludaron a la victoria sandinista tres años atrás, el cambio es del agua al vino. Pero claro; un buen cambio."

4 La invasión del Kremlin a Afganistán ha confirmado hasta sus últimas consecuencias la existencia real de esta categoría de gobiernos stalinista–burgueses. Por primera vez en la posguerra, el Ejército Rojo entra a un país capitalista fronterizo y se instala en él, para prevenir una crisis revolucionaria que podría haber destruido su estructura estatal y ejército burgueses. El imperialismo lo ha dejado hacer y el Ejército Rojo ha mantenido las relaciones de producción capitalistas, convirtiéndose en el garante de la propiedad privada.

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