PERU.- Paro Nacional y crísis política

Por Luis Arce Borja

El pueblo peruano no tiene otro camino que luchar y enfrentar al delincuencial gobierno aprista. Entrar a la ofensiva de esta contienda es el PARO NACIONAL del 30 Septiembre que según algunos analistas participaran millón y medio de trabajadores. Este paro expresa el desengaño y odio que siente la clase trabajadora contra el régimen del aprista Alan García Pérez, que desde julio del 2006 ha reeditado una política de hambre y miseria que dejó su predecesor el terrorista Alberto Fujimori.

Entre las reivindicaciones principales de los trabajadores se anota el rechazo al alza constante del costo de vida. En la actualidad, a pesar de la propaganda oficial en torno al crecimiento económico, los pobres son más pobres que nunca. La extrema miseria ha crecido, no solo en los territorios rurales sino también en las principales ciudades del país. La desocupación aumenta y los salarios no cubren ni el 40% del costo de vida. Los trabajadores reclaman también, alto a la creciente corrupción en la administración pública y detener las acciones represivas que impone el gobierno contra las luchas populares. Se pide atención a las demandas sociales de las regiones que el gobierno ha abandonado completamente. Que se respeten las riquezas naturales del Perú, actualmente saqueadas por las transnacionales que reciben sin cesar grandes ventajas para exterminar la agricultura, la pesca y otros recursos.

La lucha popular de este 30 de septiembre, tiene el merito de contar con el apoyo de toda la población peruana afectada por la miseria creciente. El gobierno ha previsto utilizar criminalmente a fuerzas armadas para controlar la movilización y reprimir lo que García y su banda aprista considera una provocación subversiva al “Estado de Derecho”. Este paro se sustenta en hechos objetivos de carácter social y económico indiscutibles. Al margen de cualquier consideración teórica o política, las razones para la lucha de los trabajadores, tienen que ver con el hambre y la miseria creciente en el país. La parte débil de este movimiento contra el régimen aprista, es su carencia de una dirección sindical y popular clasista. La Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) que aparece como la organización principal del paro es una central burocrática, manejada por dos partidos políticos infectos que hacen parte de la izquierda caviar peruana. Estos partidos actúan en el seno de las masas populares, no para impulsar la lucha, sino para desviarlas de su camino clasista y desactivar las explosiones sociales. Son como se dice en Perú, los bomberos de las luchas populares. Por ello no es casual que la dirección de la CGTP haya advertido que el paro del 30 de septiembre será una jornada de lucha, donde se rechaza cualquier acto de “violencia y provocación”.

Históricamente esta central fue controlada por el viejo Partido Comunista Peruano (PCP), pro soviético que convirtió esta organización en una empresa electoral y de conciliación con los gobiernos y los grupos de poder. Los dirigentes de la CGTP son los principales responsables de que los asalariados del Perú hayan perdido todos sus derechos económicos y sociales, y mismo el derechos a la sindicalización y a las ocho horas de trabajo. Durante decenas de años la dirección de esta central, en lugar de defender los derechos de los trabajadores, participó en conclaves y en eventos de concertación con los empresarios. Es por esta situación que actualmente el movimiento sindical peruano es frágil, disperso y no tiene ninguna capacidad de negociación y de defensa del fueron sindical. En la actualidad la CGTP es conducida por el “Partido Comunista Peruano” (PCP) (ex pro soviético) y el “Partido Comunista del Perú” Patria Roja. En el primer caso se trata de un retazo del antiguo PCP que a la autodestrucción de la Unión Soviética en 1990, se quedó sin apoyo material y hizo trizas. Lo que queda de esta organización sobrevive marginalmente y su tabla de salvación es el uso que hace del membrete de la CGTP.

Tanto el viejo PCP así como “Patria Roja” (antiguo partidario de la guerra popular maoísta) se reparten la CGTP como si se tratara de un botín de bandidos. Ambas organizaciones desde el parlamento, o de otras instancias del Estado, han sido cercanos colaboradores de los distintos regímenes políticos del Perú. En los últimos 20 años han sido los aliados más cercanos de los grupos de poder locales y del imperialismo. Por ejemplo, tanto el PCP ex pro soviético y Patria Roja, fueron los que en 1985 sostuvieron la candidatura electoral de Alan García Pérez quien gracias al apoyo de estos partidos de “izquierda” hundió al Perú en una vorágine de represión hambre y miseria. Estos dos partidos, ahora “gestores” del paro del 30 de Septiembe, fueron los que en 1990 apoyaron la campaña electoral de Alberto Fujimori, y que como se conoce inauguró un régimen que abolió brutalmente todos los derechos laborales de los trabajadores. Este PCP y Patria Roja, sostuvieron la campaña electoral de Alejandro Toledo y fueron activistas del movimiento los “Cuatro Suyos” que dirigió Toledo desde el año 2000 y que le sirvió para ganar la presidencia de la República.

Alguna vez lo hemos dicho en otros artículos, el régimen de Alan García Pérez, expresa el colapso de la sociedad oficial peruana, y hace parte del proceso de crisis y descomposición de la sociedad y del Estado. Esta crisis tiene sus orígenes en la ilegitimidad de las clases sociales (terratenientes y burgueses) que desde el nacimiento de la Republica en 1821 actúan en el poder, no como gobernantes de un Estado democrático, sino más bien como bandas de delincuentes que funcionan al margen de cualquier norma ética, moral e ideológica, incluso las impuestas por la burguesía en el siglo XVIII. Este es uno de los problemas históricos del pueblo peruano, y sus secuelas políticas-sociales se agravan cada vez más, en cuyo terreno, han germinado sátrapas, políticos de pacotilla, intelectuales sin ninguna valor, y partidos políticos mercenarizados. Alberto Fujimori (1990-2000), Alejandro Toledo (2001-2006) y ahora Alan García, constituyen, sin ninguna duda, expresión directa y actualizada del desarrollo de esta crisis, que surgen de la bancarrota histórica de los partidos políticos oficiales, tanto de derecha e izquierda. Dentro de este contexto de crisis, vale repetir una vez más el carácter inmutable del aparato jurídico-administrativo que define la estructura de poder. Aquí las viejas instituciones, y la ilegalidad de las leyes que fundamentan el sistema político y el Estado son invariables desde hace más de 150 años. En teoría este ordenamiento jurídico se presenta como moderno, pero en la práctica sirve para legitimizar regimenes autocráticos y militares, cuya sustento económico son viejas formas de explotación semifeudal y semicolonial. En este aparato jurídico legal, no existe el problema social en relación al ciudadano y sus derechos individuales tales como el derecho al trabajo, a una vida digna y a vivir bajo un sistema democrático. Las leyes no se hacen mirando el provenir de la nación, sino mas bien en beneficio de grupos, individuos y de grandes transnacionales. Aquí el fin es lucro, la codicia y el enriquecimiento inmediato, y para ello se usa el Estado y los bienes públicos.

Cualquier análisis de la crisis de la sociedad peruana no tendría validez sino se toma en cuenta, que como parte de esta crisis, existe un proceso de descomposición de los partidos políticos (izquierda y derecha) del medio oficial. Ningún partido u organización política del país ha escapado a los estrago de la crisis política. Efecto de esta situación es que no tienen ninguna representatividad de la sociedad civil, y son odiados por la población. Tanto los partidos de derecha como aquellos que se ubican en el discurso de “izquierda, sobreviven a expensas del manejo mafioso del Estado, del parlamento, de los municipios y en general de los procesos electorales tramposos. La crisis es más extrema para los partidos de la izquierda caviar (izquierda Unida), que desde 1980 para adelante, apoyaron la brutal política contrainsurgente del Estado y fueron socios de García Pérez, Alberto Fujimori y Alejandro Toledo (tres presidentes que el pueblo nunca olvidará), cuya consecuencia fue el tremendo desprestigio que acumularon estos partidos. Mismo en el terreno electoral han sido borrados del mapa, y ahora se camuflan como compañeros de ruta de los partidos de derecha y como funcionarios de miles de Organizaciones no Gubernamentales (ONG).

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