CUBA.- Cambiar, pero sin cambiar lo fundamental

pobreza en cuba

Termina el VI Congreso del PCC anunciando cambios, sin modificaciones esenciales a al “socialismo de estado”.

Por Pedro Campos

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“No se manda a un pueblo como a un campamento”. (De Martí al Generalísimo)

Un estibador dijo: “me están citando a la Plaza el 1ro de Mayo para apoyar los acuerdos del Congreso; acuerdos que yo no conozco”.

El 19 de abril culminaron las labores del llamado VI Congreso del PCC. Al terminar de escribir este artículo, aún no se han publicado las modificaciones que se hicieron a los lineamientos. Esto ha generado un alto nivel de incertidumbre en muchos cubanos.

No obstante, de los pases televisivos, de la información y las intervenciones publicadas en la prensa escrita pueden sacarse algunas conclusiones.

Se sigue llamando “socialismo” al capitalismo monopolista de estado que hemos padecido y éste, es el primer problema del VI Congreso, lo cual deja una estela de interrogantes sin respuestas sobre el futuro del proceso revolucionario cubano y confirma la gradual desideologización que ha venido sufriendo la organización.

Raúl mismo parece estar consciente de que no se ha definido qué socialismo se propone el PCC, cuando se refirió a la próxima Conferencia, al expresar: “También será imprescindible rectificar errores y conformar, sobre la base de la racionalidad y firmeza de principios, una visión integral de futuro en aras de la preservación y desarrollo del socialismo…”

La ausencia de un profundo análisis de causas determinantes del sistema fracasado ha impedido el reconocimiento de que los problemas actuales son el resultado de lo que ahora se pretende “actualizar”, por lo cual persisten los males de fondo que la crítica oficial no ha abordado, pero que sí han valorado y publicitado muchos analistas y politólogos cubanos y extranjeros.

Consecuentemente, los trabajadores, el pueblo, sus aspiraciones, problemas, intereses y esperanzas, su participación efectiva en la toma de decisiones sobre los asuntos que los afectan, siguen a la zaga de las priorizadas necesidades del estado/partido, ahora con rostro, manos y pies militares.

La emancipación de la clase obrera del tutelaje salarial, la eliminación de todo tipo de explotación, la libertad plena y el respeto a todos los derechos que deben gozar los seres humanos, incluidos los emigrados y las reformas electorales necesarias para garantizar una democracia efectiva, participativa y directa, quedaron sin abordajes específicos.

No tenemos dudas que se proyectan cambios, pero siempre que no afecten la esencia del sistema “estatalista”, que en su desarrollo podrían posibilitar alguna ventilación a la asfixiante situación que viven el pueblo y los trabajadores, pues cualesquiera que sean los cambios, luego serán indetenibles.

No queda claro si fue aprobado completamente el recetario de medidas entre pragmáticas y voluntaristas de tipo neoliberal, para mejorar las finanzas del estado. Socialismo no es desarrollismo, finanzas balanceadas, una economía boyante, ni un estado fuerte. Esos pueden ser, todos, objetivos de cualquier estado. Socialismo es otra cosa, bien distinta y que va más allá de la igualdad de oportunidades, que también ofertan las constituciones y leyes burguesas.

Pero los discursos reiteraron los ejes económicos de la “actualización”: la compactación del aparato burocrático, el reajuste en sus gastos y plantilla, una política impositiva recaudatoria a base de la extensión de algunas formas de trabajo por cuenta propia y posiblemente cooperativo y mayores facilidades a la inversión extranjera. Sus métodos: el control, la disciplina, la exigencia y una “correcta política de cuadros”, procedimientos que están muy lejos de la autogestión y el autogobierno propios de la economía y la política del socialismo marxista.

Como ejemplos más claros de que -hasta ahora- se proyectan “cambios” que no cambian las esencias del sistema, se observa que continuará la forma asalariada de explotación de los trabajadores por el estado, sin precisar su participación en la propiedad, la gestión, ni las utilidades y las empresas seguirán dirigidas por los designados desde el aparato burocrático estatal central.

También se sigue insistiendo en la propiedad estatal, como forma de propiedad fundamental y la propuesta de modificar esa concepción, hecha por una delegada al Congreso, fue rechaza en la Comisión, sin discutirla ni someterla a votación; el cuentapropismo y el cooperativismo se consideran formas de producción “no estatales” que auxiliarán la gestión general del estado, pero no como formas genéricas básicas, libremente asociadas, de la producción socialista.

Así persiste la confusión en el gobierno/partido respecto a lo que caracteriza a una propiedad. Para Marx (1) lo que caracteriza una propiedad es su forma de explotación. Los comunistas no están contra la propiedad privada en general, sino contra la propiedad capitalista, la que explota el trabajo en forma asalariada. Para el gobierno /partido el carácter socialista de una propiedad, está determinado por si es “estatal” o “no estatal”.

De acuerdo con este concepto, la NASA, de EE.UU. por ser del estado, sería socialista. El sistema de correos de EE.UU. que es estatal, sería socialista. Los países de América Latina que estatizaron el petróleo, los ferrocarriles, las minas y otras ramas de la economía, estarían desarrollando procesos socialistas. Medio Japón con su capitalismo de estado, sería socialista.

De esta manera, sin entrar a resolver los males de fondo, se llama a una renovación de los métodos del partido y el gobierno, a dejar atrás la excesiva centralización de las decisiones y a los viejos dogmas que no se precisan, a concretar una descentralización económica, a dar una mayor autonomía a las empresas y a separar la labor del Partido de la del estado.

Pero, la democracia partidista sigue subordinada a la centralización pues las candidaturas a delegados al Congreso y a miembros del CC fueron propuestas desde arriba, y esta ultima inducida su aprobación con el voto único; los cuadros principales del Partido son los mismos que los del gobierno; el CC está repleto de altos y medianos funcionarios del estado; la descentralización económica está concebida no para fortalecer el control Municipal sobre la producción, sino el de los Ministerios; los campesinos tendrán que seguir sujetos a precios de acopio determinados burocráticamente; la planificación se sigue concibiendo central y no democráticamente y de los presupuestos participativos y el sistema de referendos ni se habló.

Se redujo considerablemente el número de miembros del BP y del CC. Se dijo que se había tomado la decisión porque tantos miembros eran innecesarios. ¿Quién la tomó, el pleno del Congreso, el Buró Político saliente? En el pleno del Congreso todos los delegados tienen los mismos derechos y los anteriores miembros del BP y el CC, dejan de serlo. Son los delegados los que deben proponer sus nuevos miembros. ¿Ocurrió así?

Se dijo en las bases que los delegados al Congreso deberían ser preferiblemente compañeros con alguna preparación en materia de economía, pues ese era el objetivo principal de este evento, con lo cual se influyó en la composición social y cultural del pleno, que nunca se dio a conocer. Se sabe de núcleos que fueron aconsejados por quienes vinieron a dirigir la reunión, para que propusieran a otros pues “tal compañero sabe mucho de política e historia, pero no es economista”. Y luego resulta que esos delegados convocados a discutir problemas económicos son los que eligieron al CC, actividad no prevista inicialmente.

En algunas partes de las intervenciones se habla de la participación de los trabajadores en el proceso de “actualización” del modelo, sin precisar su carácter concreto. Hasta ahora es indiscutible que los trabajadores han participado, en primer lugar brindado su esfuerzo, su sacrificio, haciendo todo lo que se les ha pedido y hasta opinando, pero son imprescindibles definiciones, mecanismos, que pueda hacer realidad el control directo de los trabajadores sobre la economía y la política de las empresas y del país.

Brasil y Uruguay tienen Ministerios específicos destinados a promover el cooperativismo, a apoyar a las empresas autogestionadas por los trabajadores y a fomentar el cuentapropismo, con créditos y políticas fiscales diferenciadas. En los primeros años de la Revolución el INRA tenía una Dirección General de Cooperativas Cañeras que apoyaba con recursos técnicos y económicos y asesoría de gestión a las cooperativas.

Hoy necesitaríamos algo parecido. Hemos propuesto la creación de Instituto Nacional Cooperativo, pero nada se valoró al respecto. No hay ninguna institución en Cuba que tenga como objetivo concreto fomentar las relaciones de producción genéricas del socialismo: las libremente asociadas, de tipo cooperativo-autogestionario. Entonces ¿De qué socialismo se está hablando?

Se plantea que se aplicará la llamada formula socialista, “de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo”, como se viene anunciando desde el XIII Congreso de la CTC en 1973, sin concretarse. No se precisa cómo se logrará, ni sobre qué bases se va a estimular el trabajo, ni qué participación específica van a tener los trabajadores en los resultados de su trabajo, mientras que todas las decisiones se siguen dejando a los “cuadros dirigentes” y al aparato burocrático tradicional que establece los salarios sin vinculación alguna a las bases productivas.

El énfasis en la política de selección y formación de cuadros al estilo y manera que lo entiende la dirección del Partido, es una de las muestras fundamentales de la subestimación de los métodos democráticos de elección y del menosprecio a las potencialidades inagotables de lideres anónimos en el seno de los trabajadores y el pueblo, donde “hay muchos Camilos”. La única política de cuadros válida en el socialismo, es la elección libre y democrática, lo demás ha sido y seguirá siendo un fracaso.

En general, no apreciamos en ninguna parte de los documentos ni de los discursos el énfasis en el papel dirigente que deberían ejercer los trabajadores en la dirección de la economía y la política, en cualquier sociedad que se proponga hacer socialismo.

En fin, se trató de un esfuerzo encabezado por Raúl Castro y su pragmático equipo procedente de la gestión económica de las FAR, para refrendar el paquete de medidas que ya habían aprobado y venían aplicando, con vistas a hacer funcionar una versión “actualizada” del fracasado “socialismo de estado” y de garantizar en los órganos de dirección la presencia de “cuadros” capaces de “llevar a cabo la tarea en el teatro de operaciones”.

Pueden sentirse auto-complacidos. Lograron que el cónclave, bien preparado para alcanzar sus fines, aprobara la estrategia de un perfeccionamiento de los mecanismos de gestión y coacción económica del estado para incrementar sus ingresos, sin cambiar las esencias y preparar las condiciones para que los “gerentes” designados sean los que manejen las empresas con autonomía, no los trabajadores como correspondería en el socialismo. Con ello se sentarían las bases para las privatizaciones del futuro, que algunos desean, desde la burocracia y fuera ella.

Luego de la caída del “campo socialista”, que demostró la inviabilidad de esa “versión” del socialismo, -palabra desprestigiada por Stalin, Hitler y muchos otros- y luego del desastre conseguido en Cuba, insistir en el “socialismo de estado” es cuando menos, irresponsable.

Que las medidas que se vienen tomando desemboquen en un desastre total, que pueda ser aprovechado por las fuerzas del imperialismo y la contrarrevolución interna, dependerá de la correlación de las fuerzas políticas en el seno del proceso revolucionario, más allá del Partido. Los ejércitos tienen números y calidades precisos de hombres y armas. La fuerza de las ideas, se mide de otra manera. Los que verdaderamente desean preservar la revolución y lograr su avance al socialismo, tendrán que cohesionarse y contener las tendencias inmovilistas persistentes y las partidarias de la restauración plena del capitalismo privado.

No. Nosotros, los partidarios de un socialismo más participativo y democrático no estamos satisfechos ni con la forma en que se organizó el Congreso, ni con sus resultados. El Programa aprobado no es el nuestro, aunque comporta algunos de sus elementos.

Aún cuando las discusiones se centraron en los asuntos económicos, significativos aspectos políticos tuvieron que ser abordados y al parecer adelantados en relación con los planes originales de tratarlos en la Conferencia, como la elección de los máximos órganos de dirección del Partido, la recomendación de cambios en el sistema electoral y la valoración del significado reciente de la excarcelación de presos por razones políticas.

En relación con esto último dijo el nuevo Primer Secretario del PCC: “Con esta acción hemos favorecido la consolidación del más preciado legado de nuestra historia y del proceso revolucionario: la unidad de la nación”.

Se trata de una importante reflexión que lleva muchos implícitos, pero sobre todo el reconocimiento en concreto de la máxima martiana de la patria con todos y para el bien de todos, que en un futuro inmediato deberá tener otras significativas consecuencias para que no quede en palabra muerta, expresadas concretamente en la nueva ley electoral, en la pendiente ratificación ante la ONU de los pactos de derechos humanos civiles y políticos y sociales y económicos, en el reconocimiento pleno de la libertad de expresión y asociación y en varios reajustes a la ley de procesamiento penal.

Felicitamos las intenciones unitarias presentes en las palabras del nuevo Primer Secretario. Pero los hechos no coinciden. El acercamiento del gobierno a la Iglesia Católica y a través de ella a la oposición, ahora aplacada por las excarcelaciones, parece haber estimulado en el partido/gobierno una mayor exclusión de la izquierda, según se desprende de sus últimas acciones compulsivas y represivas contra varios intelectuales revolucionarios, el Observatorio Critico-Foro Social Cubano y otros espacios de discusión de la izquierda. No tocaría el tema si no fuera porque estos hechos han coincidido con el VI Congreso.

Se practica la exclusión, el sectarismo, la falta de ética y transparencia en el tratamiento a las diferencias entre revolucionarios y a los que piensan distinto, la manipulación de los sentimientos, la intolerancia y el maniqueísmo que descalifica y calumnia, la violencia verbal y la amenaza al uso de la violencia física; métodos todos que nada tienen que ver con las maneras socialistas y sirven únicamente a la división del campo revolucionario y entre los cubanos.

Se usan procedimientos de la “contra inteligencia ideológica”, institución que no tiene razón de ser pues las ideologías se combaten política y no policiacamente. La Contra Inteligencia no puede actuar en asuntos ideológicos; para eso está el Partido. Esos métodos del estalinismo que estuvieron entre las causas del desastre, desgraciadamente se siguen usando en Cuba.

¿Cómo que no hay relevo? Hace mucho tiempo que el Ejercito Rebelde dejó de ser el alma de la Revolución, pues la mayoría de sus apenas 2000 integrantes originales –poquísimos, en comparación con los millones incorporados en alma, corazón y vida a las múltiples tareas del proceso revolucionario-, por razones lógicas de edad están jubilados y fallecidos y otra parte traicionó o se fue del país. Hoy tal enfoque es sectario y tiende a la escisión, cuando el mismo Raúl habla de la necesidad de la unidad.

El peso principal de todas las tareas revolucionarias de estos 52 años, recayó sobre las espaldas de millones de combatientes y trabajadores que no estuvieron en aquel pequeño grupo de rebeldes, pero si en la clandestinidad, en el movimiento obrero, o arriesgando muchas veces sus vidas en el cumplimiento de peligrosas misiones internacionalistas militares o civiles, o simplemente entregando todo su sudor, su esfuerzo y su inteligencia en las diferentes batallas por la producción y el bienestar del pueblo.

Al principio del proceso revolucionario, podría justificarse la presencia desproporcionada de guerrilleros en la dirección del gobierno y el Partido. Cincuenta años después, y luego de una revolución cultural sin precedentes, tal presencia de militares e históricos es un error divisionista que afecta profundamente la cohesión de las fuerzas revolucionarias. La no inclusión de Fidel en el CC por solicitud propia, debía servir de ejemplo a otros compañeros.

En la dirección del Partido no se necesitan tantos militares, como ideólogos, políticos, comunicadores comunistas y líderes de los trabajadores. La composición de estos órganos, salida de este Congreso, es parte de la desideologización que ha sufrido esa organización, más empeñada en preservar el control de un pequeño grupo de históricos que en hacer socialismo, que sí preservaría para siempre sus memorias.

Sería absurdo pretender ignorar el importante papel de los militares en las contiendas bélicas, defensivas o internacionalistas de la Revolución, o desconocer las cualidades morales, profesionales y revolucionarios de cuadros militares que gozan de todo el respeto personal; pero creer que los métodos de dirección y gestión militares son determinantes en la construcción socialista, solo puede tener como base el desconocimiento elemental de la economía-política.

Gobernar, no es mandar, es consensuar, hacer la política teniendo en cuenta los intereses de todos. El Presidente de la República es el Presidente de todos los cubanos, no solo el de los comunistas o de un sector. El sectorialismo militar, tan o más dañino que el sectarismo político, rezuma anti-civilismo y a nada bueno puede conducir.

La historia de Cuba es la historia de Martí frente al caudillismo militarista y a la amenaza de anexión a EE.UU. Fidel era un líder nato, un caudillo en el mejor sentido de la palabra. Sin él todo cambia. No tiene sustituto, dijo Raúl, que no sea el Partido. Martí entra definitivamente al poder con el pueblo, o podemos caer en el otro extremo.

El VI Congreso parecía una buena oportunidad para rectificar los graves errores de sectarismo que se han cometido a lo largo del proceso revolucionario por la siempre misma dirección histórica. Desgraciadamente no se ha visto esa disposición más allá del discurso.

El artículo primero de nuestra Constitución expresa: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.

El gobierno/partido cubano debe apresurarse a hacer honor a todos los contenidos de ese artículo, para dejar constancia de su legitimidad constitucional.

La Conferencia anunciada para enero próximo es una coyuntura para avanzar en esa dirección y para tener presente las palabras de Raúl: “mantener los pies y los oídos bien atentos y pegados a la tierra, para superar los obstáculos que encontremos y rectificar rápidamente los fallos que cometamos”… y su recordatorio de que… “el principal enemigo son nuestras propias deficiencias”… ¡No lo sigan buscando en otras partes!

Las metas democráticas, libertarias y socializantes por alcanzar, contenidas en nuestras propuestas programáticas (2), son a nuestro juicio los objetivos socialistas actuales de esta etapa del proceso revolucionario cubano y no los vemos claramente reflejados en las resoluciones del VI Congreso.

En la medida en que el actual partido se las proponga, lo apoyaremos.

Sabemos que los enemigos históricos de la nación cubana, seguirán trabajando para conseguir la anexión real o virtual de Cuba a EE.UU. Sus intentos pueden venir directamente desde las posiciones pro-imperialistas o por defecto y omisión del “socialismo feudal y cuartelero” que tributa al descrédito del ideal socialista y alienta la restauración burguesa, como no lo consigue el propio imperialismo.

Hoy, contrarrevolución en Cuba es oponerse al proceso de socialización y democratización de la vida política, económica y social del pueblo cubano. Nuestro pueblo, culto y naturalmente revolucionario por el papel que le ha tocado jugar en la historia universal, sabe de qué lado está la fuerza, pero también sabe donde descansa la razón.

Sin socialización, sin democratización y sin libertad plena, no hay socialismo posible.

La Habana, 3 de mayo de 2011

Vea mi página en kaosenlared.net donde están todos mis escritos publicados y sus comentarios: http://www.kaosenlared.net/colaboradores/pedrocampos

1-C. Marx y F. Engels. El Manifiesto Comunista.

2-Cuba necesita un Socialismo Participativo y Democrático. Propuestas programáticas. La Habana, 16 agosto de 2008 y Propuestas para el avance al socialismo en Cuba. La Habana, 28 de enero de 2011

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