IMPACTO REGIONAL.- Movilizaciones obreras en el Cono Sur

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Por Leonardo Ixim

En los recientemente meses ha habido en todo el Cono Sur importantes movilizaciones populares en Brasil, Argentina, Chile y en menor medida Paraguay y Uruguay.

Consideramos importante dar a conocer nuestro punto de vista sobre estas movilizaciones, pues pese a su lejanía de Centroamérica, son importantes para nuestra región y por ende las luchas populares y obreras que allí se producen repercuten en la movilización popular en toda Latinoamérica. Argentina y Brasil son potencias regionales en el plano económico, siendo las naciones más industrializadas junto a México, aunque el intercambio en todos los ámbitos con Centroamérica, sea limitado.

Estos países del sur fueron gobernados por partidos identificados como “progresistas” durante los años transcurridos del siglo actual, con Néstor y Cristina Kirchner del Frente Por la Victoria (FPV) -una rama hacia la izquierda del histórico Partido Justicialista (peronista)- y Lula Da Silva y Dilma Rusself del Partido de los Trabajadores (PT).

En el primer país, el ascenso del kichnerismo se registró tras la crisis orgánica estatal y las sublevaciones populares del 19 y 20 de diciembre de 2001. Esta corriente proveniente del peronismo -histórico partido de contención de las lucha de clases- reorganizó el descalabrado régimen político después de la tormenta neoliberal de Menen y relegitimó el Estado capitalista, otorgando conquistas sociales importantes; teniendo como adláteres a la izquierda reformista, los caudillos locales peronistas y las burocracias de las centrales sindicales, que en este país gozan de fuerte membresía, es decir, la Central General de Trabajadores (fraccionada en tres corrientes) y la Central de Trabajadores Argentinos (partida en dos corrientes).

En Brasil, el PT llega al gobierno a partir de un proceso acumulativo, ante el desprestigio de los partidos de derecha, en 2003, con Lula que gobernó dos periodos consecutivos y posteriormente los gobiernos de Rusself. Este partido fue formado por elementos de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el Movimiento de los Sin Tierra (MST), en los últimos años de la dictadura, siendo la movilización contra ésta, al igual que Argentina, angular para su caída. El PT sin embargo, fue moderando su discurso y su programa originalmente crítico al capitalismo, aliándose con partidos de derecha.

La era Macri

En 2014, Mauricio Macri lograba el triunfo electoral tras competir en segunda vuelta contra el candidato del kichnerismo, Daniel Scioli, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires. Macri asumía el gobierno federal en una alianza entre su partido, el ultra liberal Partido por la Reforma (PRO), la histórica Unión Cívica Radical (UCR) de perfil socialdemócrata, pero lejos ya de ese pasado ideológico.

Macri asume el gobierno con importante apoyo obrero, tras el descalabro del denominado modelo K, que buscaba crear un mercado interno y una burguesía nacionalista -utopía recurrente del peronismo- en un momento en que la inflación aquejaba los salarios, la falta de liquidez de la economía por el encarecimiento del dólar ante la baja de los precios de los commodites, el aumento del desempleo, que en el primer gobierno de Néstor Kirchner se redujo considerablemente, y la persistencia del trabajo flexibilizado y en negro.

A la burguesía le convenía recargar la crisis en los trabajadores y Macri, que anunciaba la llegada de inversiones, inició una serie de despidos en la administración pública, a lo cual se sumaban las del sector privado durante Cristina de Kirchner y que gobernadores de distinto signo -entre ellos del mismo FPV- también han realizado. Si bien el tema inflacionario ha sido medianamente controlado, el desempleo y la carestía de la vida afecta a la clase trabajadora; a esto se suma la eliminación de medidas progresivas puestas por el kichnerismo, como la eliminación de impuestos a la exportación de productos agropecuarios, liberalización de precios y la entrega de recursos naturales, que venían ya durante el gobierno anterior.

Tras la crisis de 2001, un fenómeno interesante adquirió fuerza dentro de los centros de trabajo, organizándose sindicatos que rompieron con las burocracias más próximas y de las centrales en algunos casos, o creando corrientes combativas en todos los niveles, muchas vinculadas a partidos de izquierda que se definen trotskistas. Primero como producto de la efervescencia por mejoras laborales y posteriormente producto de la crisis económica persistente. El kichnerismo controló parcialmente desde los grandes sindicatos este fenómeno, sin embargo, ya en el segundo gobierno de Cristina, en la misma burocracia de las dos centrales aparecieron signos de separación, en función de sus intereses como casta por un lado y de fortalecimiento del sindicalismo combativo, por otro.

En este marco y como forma de contrarrestar la proscriptiva ley electoral que impone filtros para poder participar, se conforma entre tres partidos trotskistas, el Frente de Izquierda de los Trabajadores; recientemente otros dos partidos han conformado el Frente al Socialismo. Estas son alianzas electorales marcadas por muchas diferencias estratégicas y tácticas, pero siendo un avance su existencia, por ser polos marxistas aunque sea en el plano electoral.

Durante el macrismo, la oposición del kirchnerismo, peronista y de otros partidos, han acompañado muchas medidas anti-populares. De esa forma, muchos sindicatos y corrientes combativas han exigido a las centrales sindicales que realicen acciones contundentes como paros para detener la ola de despidos y el encarecimiento de la vida. Estas por su parte, paralizaron el país el 6 de abril, pero después de mucha presión, bajo mucha crítica por lo limitado de la acción y como forma de rebajar la presión social hacia el gobierno.

Temer, el gobierno débil y ajustador

Durante el segundo gobierno de Rusself, ésta había afrontado una serie de movilizaciones en 2013 contra el encarecimiento de los servicios públicos, su mal estado y los excesos en recursos para las obras de los eventos deportivos que se dieron en ese país. Cuestión que fue acompañado de una constante represión a las comunidades pobres, habitadas en su mayoría por afro-descendientes.

La crisis de los commodites afectó este país de igual forma que a Argentina, aunque por tener una base industrial y la existencia de inversión extranjera asentada en esta rama económica mayor, el problema de liquidez fue menor. Pero obligó al gobierno federal a reducir una serie de programas sociales del cual el PT fue estrella y a respaldar a las burocracias sindicales que acordaron despidos y reducción de beneficios laborales.

Dilma se reeligió en 2014, con una ventaja mínima pero clara contra el principal candidato de la derecha, Aecio Neves del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB). Para atenuar los recortes sociales que su gobierno venía haciendo en consonancia con los dictados del FMI, hizo malabarismos para mover recursos de empresas estatales a los presupuestos del gobierno. Esta situación, más la investigación por sobornos de empresas constructoras a todos los partidos denominada “Lava Jato” pusieron en jaque al PT -pues el sistema de justicia se centró en contra de este partido aunque todos se beneficiaran. Así en un golpe parlamentario dirigido por el en ese entonces vice presidente Michel Temer y su partido el PMDB, aliado hasta ese momento del PT, la destituyen del gobierno.

Esta operación judicial y mediática -por el papel acusador de los medios de comunicación- es un arma que distintos núcleos de la burguesía usan contra la posible candidatura de Lula, que sigue siendo el político con más popularidad, pese al descalabro reciente en las elecciones municipales del PT y contra el mismo Temer, que fue parte de estos esquemas corruptos. Al cual el PSDB también ha tenido réditos.

Temer tiene una muy baja popularidad, manteniéndose (no se agilizan las investigaciones en contra suya) pues tiene la misión de aplicar una serie de reformas anti-obreras, que ampliarán las jubilaciones de los y las trabajadores, eliminarán la obligación de firmar contratos colectivos, promoverán la tercerización del trabajo y continuará la privatización de la empresa petrolera estatal Petrobras iniciada por Rusself. Depende de que logre esto si se mantiene hasta las elecciones presidenciales en 2018.

Sin embargo, la rabia popular y sobre todo obrera, contra estas medidas se hicieron sentir, e igual que en Argentina se presionó a las centrales sindicales como la CUT, CTB, Fuerza Sindical y otras, que en el caso de la primera le apuesta a reconstruir la base social a favor del PT, a realizar un paro el pasado 28 de abril. Pese a que los medios y el gobierno trataron de minimizarlo, se paró buena parte de este gigante, principalmente el transporte, los servicios públicos, muchas industrias, pequeños negocios, etc., catalogando este paro como uno de los mayores en la historia de Brasil.

En otros países se han dado sendas movilizaciones: En Chile durante varios meses contra una reforma educativa neoliberal promovida por un gobierno con apoyo de partidos de izquierda y contra el sistema privado de pensiones. En Uruguay, dirigido también por el izquierdista Frente Amplio, de parte de trabajadores estatales contra recortes salariales. En Paraguay, gobernado por el derechista Partido Colorado donde el presidente Horacio Cartes busca reelegirse apoyado por el izquierdista Fernando Lugo, destituido por otro golpe parlamentario promovido por los colorados; aquí recientemente, tras movilizaciones en frente del Congreso, las masas entraron al recinto de ese poder y lo quemaron, y tras el asesinato de un joven por parte de la policía, lograron que el proyecto de reelección se retire temporalmente.

IMPACTO REGIONAL.- Planes de Trump: neoproteccionismo y recolonización del patio trasero

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Por Úrsula Coj

Si la elección del magnate Donald Trump, un verdadero outsider, fue calificada por la mayoría de observadores políticos y medios de comunicación del orbe como una sorpresa, sus primeras medidas, que en la campaña electoral ya había anunciado, han causado incertidumbre a nivel internacional.

Trump emergió arrolladoramente en la nominación por el Partido Republicano -sin pertenecer a éste- sacando del juego a candidatos afines y pertenecientes a las élites estadunidenses como Jef Bush y otros. Desde ese momento y más en la campaña, se caracterizó por poner en el centro el ataque a la emigración, su misoginia y la islamofobia, el proteccionismo económico ante China y México, en menor medida hacia Alemania, anunciando además que la OTÁN era demasiado costosa y que los socios de Estados Unidos deberían pagar los costos de las operaciones militares y bases en el extranjero; y paradójicamente anunciando un entendimiento con Vladimir Putin sobre todo en el combate al yihadismo islámico.

La toma de posesión el 20 de enero de parte de Trump y su vicepresidente Mike Pence fue recibida por la mayoría del pueblo estadunidense con repudio, realizando grandes manifestaciones el día de la toma y al día siguiente, donde varias organizaciones de mujeres convocaron a masivas concentraciones, que según las organizadoras se sumaron más de un millón de personas, mientras que las concentraciones de Trump llegaron a lo sumo, a 500 mil en todo el país.

El fenómeno Trump

La crisis capitalista mundial iniciada en 2007-2008, con la quiebra de la mega corporación financiera Lehman Brothers, provocó tanto en el plano económico como en el político, una severa crisis disparando los índices de desempleo en los países imperialistas, la caída del crecimiento económico y los índices de productividad, entre otros aspectos; poniendo en tela de juicio proyectos como la Unión Europea y en sí, todo el proyecto de liberalización capitalista promovido por la oligarquía financiera mundial, sobre todo gringa, posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Esta crítica a los efectos de la liberalización con tónica neoliberal implementada en el último cuarto del siglo pasado, ha catapultado a formaciones de extrema derecha en Europa, que tras el triunfo del Brexit, agarraron mayor fuerza con el triunfo de Trump; a la espera estaría el Frente Nacional de Francia y expresiones euroescépticas en Italia. Con el nuevo presidente gringo, toda la chusma fascista y racista de ese país, esta envalentonada y las agresiones contra personas no blancas están a la orden del día. Sin embargo, el triunfo de Trump no contó solo con el voto de la extrema derecha, sino de sectores de la clase obrera blanca que han sido afectados por la internacionalización de los procesos productivos, perdiendo sus empleos, y votaron por sus demagógicas promesas.

Muchos de estos votantes, procedentes del denominado Cinturón del Óxido en los estados de los grandes lagos, la mayoría votantes demócratas, concibieron el voto por el magnate como una forma de repudio al Partido Demócrata. Y es que la promesa de Trump consiste en regresar los empleos industriales a Estados Unidos, de ahí sus amenazas de imponer aranceles a las importaciones mexicanas y chinas, algunas de capital estadunidense. Sin embargo, esta propuesta es un retroceso en la rueda de la historia, porque la denominada internacionalización no solo es producto de la búsqueda de bajos costos salariales para los empresarios, sino de la automatización de los procesos productivos. Así como el hecho de que las trasnacionales deslocalizan la producción en cadenas diseminadas en diversas partes del mundo.

Trump, con un discurso contra las élites de Wall Street, es decir la facción oligárquica del capital financiero, cautivó algunos sectores de los votantes, así como con su promesa de generar condiciones para que la burguesía invierta en infraestructura, vía exoneraciones fiscales y créditos. Pero la conformación del gabinete (al cual en la democracia imperial una comisión bicameral del Congreso le da el visto bueno), sobresalen empresarios o gerentes de trasnacionales. Comenzando por el titular del Departamento de Estado Rex Tillerson ex Ceo de Exxon Mobil, cercano a Putin y socio con la estatal petrolera rusa en inversiones en el Ártico; o Steven Muchin otro ex Ceo de Goldman Sacha, entre otros. Algunos analistas consideran esto como similar a lo que realizó Reagan no sin efectos perniciosos para la economía, en lo que se refiere a la inversión en armamento y aranceles a importaciones japonesas.

¿Hacia un bonapartismo?

Sin embargo, son los cambios en materia de defensa y seguridad los que han provocado reacciones en círculos progresistas y de izquierda. En la cartera de defensa fue nombrado James “perro loco” Mattis, un militar en activo que se lo nombra infringiendo cierta tradición de no nombrarlos. En la Secretaría de Seguridad Interior a Michael Flynn encargado de operaciones de seguridad de las tropas invasoras en Irak y Afganistán, caracterizado por su “islamofobia”, al igual que el nuevo director de la CIA Mike Pompeo. A cargo del poderosísimo Consejo Nacional de Seguridad estará John Kelly, ex comandante del Comando Sur y considerado más cercano a la línea impulsada por Obama, de presionar vía el tema derechos humanos y lucha contra la corrupción. No por nada éste y Tillerson, anunciaron que continuará el Plan Alianza Para la Prosperidad y los acompañamientos a la CICIG, la MACCIH, en Guatemala y Honduras respectivamente, y la cooperación con el gobierno del efemelenista en El Salvador.

En ese sentido Trump reformó los mecanismos en mención, la reforma más importante en 69 años, tanto el Consejo de Seguridad Nacional y el Consejo de Seguridad de la Patria, eran articulados por la Casa Blanca, con el respaldo del Estado Mayor Conjunto y la CIA. Ahora tanto el Estado Mayor Conjunto como en un inicio la CIA estarían solo si el presidente lo solicita; sin embargo, sectores de las élites lo rechazaron y Trump autorizó que el director de la CIA estuviera permanentemente. Esto en un horizonte que se presume de mayor bonapartismo de parte de Trump, para controlar lo que se considera, la columna vertebral del Deep State.

Sin embargo, esta tendencia aun es imprevisible; en las primeras medidas del gobierno de Trump, además de ordenar el inicio de la construcción del muro, decretó que se vede durante un tiempo el ingreso de ciudadanos de varios países musulmanes, entre ellos Siria, Irak, Irán, Libia, Sudan, etc.; medida que generó protestas en aeropuertos y en otras partes, así como cuestionamientos de estos gobiernos. De por sí con Irán la situación había empeorado pues Trump anunció sanciones a este país por las pruebas de misiles de mediano alcance realizadas por la teocracia chií, aunque el acuerdo nuclear no se vaya a detener. Sin embargo, esta medida migratoria fue declarada inconstitucional por un juez federal del Estado de Washington y ratificada por una Corte de Apelaciones, poniendo en evidencia que en materia migratoria como en otras, tal como le pasó a Obama pero desde otro ángulo, existe un conflictos sobre jurisdiccionalidad entre la federación y los estados.

Contra México y la región

Pese a atacar a China -que se muestra ahora paladín del libre comercio-, de haber dado la orden de no proseguir las negociaciones del Acuerdo Transpacífico y que lo mas probable se repita con el Acuerdo Transatlántico, este energúmeno se enfila contra el pueblo mexicano y todo el pueblo latinoamericano que por necesidad económica tiene que emigrar hacia el norte.

Con el cacareado Muro, que de hecho fue iniciado en el gobierno de Clinton, que Bush hijo y Obama continuaron con la militarización de la frontera sur, Trump se propone construir un muro físico, que según algunos analistas mínimo costaría US$ 20 mil millones, además de los daños ecológicos y el costo humano para los compatriotas que pretenden irse para allá. Así, ante la negativa del gobierno mexicano de pagar este muro, éste se costearía con el aumento de los aranceles a las exportaciones mexicanas, además de anunciar la renegociación del Nafta.

Esto ha provocado temor en la burguesía mexicana, sobre todo la que esta interconectada a las inversiones gringas en los estados fronterizos. Ésta y la casta política de ese país y hasta partidos de izquierda como Morena, se llenan la boca de “unidad nacional”; justo ahora que el gobierno de Peña Nieto se encuentra desprestigiado, el PAN y el PRI anuncian un pacto para garantizar las elecciones en 2018.

Esto ante las movilizaciones constantes contra el gasolinazo producto de la apertura petrolera que afecta al monopolio estatal Pemex, en un país exportador de petróleo donde la refinación y elaboración de combustibles ha decaído, importando de afuera. Por tanto, la unidad con un gobierno espurio, responsable del desaparecimiento de los estudiantes de Ayotzinapa, que además hace el trabajo sucio de los gringos contra los migrantes centroamericanos y de otras regiones que buscan moverse para el norte, es inconcebible

La renegociación del Nafta puede implicar mayores beneficios para la facción burguesa que se acuerpa con Trump, sobre los intereses de la burguesía mexicana. Después de este acuerdo de libre comercio estaría la revisión del CAFTA con Centroamérica, pero sobre todo lo que viene es un ataque mayor, contra la clase trabajadora de la región, obstaculizando el deseo de migrar. Manteniendo la política del garrote y la zanahoria, vía traspaso de recursos a las policías y los ejércitos, y a programas de prevención del crimen y de desarrollo social con ONGS al servicio del imperio. En todo esto los gobiernos de Centroamérica -de izquierda y de derecha- tal como el de México, esperan que Trump suavice tales medidas y que sigan llegando las migajas del imperialismo.

BRASIL.- Impeachment: reacomodo inter burgués y golpe de Estado

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Por Leonardo Ixim

La votación del pasado domingo 17 de abril por la Cámara Baja del Congreso con 367 votos a favor, de 567 diputados, aprobó el Impeachment sobre la presidenta Dilma Roussef del Partido de los Trabajadores (PT), profundizando la situación de crisis política en este país, abriendo la posibilidad del aumento de las luchas sociales y de clases en el gigante sudamericano.

Le tocaría al Senado Federal definir la situación después de las deliberaciones de un comité especial y la aprobación su informe por mayoría simple, en lo cual todo parece que el PT tendría las de perder.

La génesis de la crisis

Las movilizaciones de 2013 protagonizadas por la juventud, evidenciaron que pese a las políticas asistenciales impulsadas por el PT que permitieron sacar de la pobreza a millones de brasileños a partir de posibilitarles el consumo básico, eran insuficientes. Tales movilizaciones exigían mejoras en las condiciones de la salud y la educación pública, la democratización del espacio radio eléctrico, puestos de trabajo y precios bajos para el transporte público, entre otras demandas.

El gobierno de Roussef reaccionó canalizando muchas de estas propuestas en una serie de mecanismos burocráticos hacia reformas constitucionales que nunca realizaron. Por su parte, las organizaciones sociales aliadas al gobierno como la Central Única de Trabajadores (CUT), la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), los sin tierra del MST, los sin techo del Msts, en lugar de profundizar tales demandas por medio de una Asamblea Constituyente, acompañaron la deriva institucionalista.

En el 2003 el PT llegó al gobierno después de varios intentos de Lula Da Silva, ex lider sindical, para convertirse en presidente. Este partido es producto de las movilizaciones y confluencia de varias organizaciones como la CUT y el MST a inicios de los 80s del siglo pasado, en el marco de la lucha contra la dictadura militar impuesta tras el golpe de estado pro yanqui de 1963. En el transcurso de su existencia, este partido fue modificando su programa hasta convertirse en reformista.

El gobierno de Lula por su parte, se encargó de mantener el esquema neoliberal impuesto por el gobierno del Psdb en 1995 a la cabeza del sociólogo Fernando Enrique Cardozo, quien gobernó por dos periodos. La diferencia estriba en que mientras Cardozo desnacionalizó la economía y privatizó el fuerte sector estatal de la economía, Lula y después Roussef, evitaron seguir privatizando, manteniendo empresas mixtas como la petrolera Petrobras, la aeronáutica Embraer, la siderúrgica Vale do Rio Doce, entre otras, permitiendo a privados volverse accionistas.

Como parte de los gobiernos post neoliberales, dentro del ciclo progresista en la década pasada, el PT aplicó una serie de programas de transferencias condicionadas como Bolsa Familia, de construcción de viviendas, una mejora mínima de los ingresos salariales, todo esto dentro de lógicas orientadas por los organismos financieros internacionales para paliar las condiciones de pobreza provocadas por el ajuste y los recortes sociales.

Esto, al igual que otros gobiernos progresistas, unos más radicales (donde se nacionalizaron ciertos recursos naturales, lo cual Brasil no realizó), aprovecharon los altos precios de las materias primas y el fuerte crecimiento chino que permitió redirigir los presupuestos públicos para atender las demandas sociales. Esto sin tocar las injustas estructuras fiscales o la reforma agraria, una demanda histórica del campesinado brasileño; por otro lado, los gobiernos del PT continuaron, al igual que el kichnerismo o el Frente Amplio en Uruguay y Lugo en Paraguay, con el modelo agroexportador latifundista. Sectores como el financiero han tenido en todos estos gobiernos formidables ganancias, sin que se les aplique impuestos sobre las ganancias.

Los detonantes

Tras la caída de los precios de estos bienes exportables, las economías de estos países manifestaron síntomas de crisis. El caso de Brasil es paradigmático, con una caída del PIB de más del 4 %, un endeudamiento considerable tanto público como privado, al grado que Petrobras tiene deudas por 300 mil millones de dólares. El desempleo afecta al 10 % de la PEA; la burguesía paulista, ensambladora en su mayoría, que ha sido beneficiada con la inyección de dinero y permitiéndoles el despido de obreros, sin que las centrales oficialistas realicen un plan de lucha, ahora temen que la competencia china los desbanque; por tal motivo la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo y la del Estado de Rio de Janeiro, se encarrilan al tren de la destitución.

El PT por su parte, se comportó como otro partido burgués, aliándose a partidos conservadores como el Pmdb -partido que representa los barones locales provenientes de la dictadura- como el propio vice presidente Michel Termer, uno de los principales beneficiarios del golpe. Ya durante el gobierno de Lula se acusó al PT de sobornar a distintos congresistas, pues amarró una serie de acuerdos con partiditos donde prima el transfugismo y la corrupción, muchos de estos como el Pmdb, ahora opuesto a Roussef

Al igual que la operación de Lava Jato, un esquema de sobornos para beneficiar a empresas de construcción para obras de Petrobras y del Estado, donde se vincula a Lula. Esta investigación dirigida por el juez Sergio Moro evidencia el papel central del poder judicial y el Supremo Tribunal de Justicia para actuar contra ciertas elites en favor de otras, pues tanto Termer como los presidentes del senado y de los diputados Renan Calheiro y Eduardo Cunha respectivamente, promotores de Impeachment, salen implicados.

La oposición y sus figuras principales, como el ex candidato del Psdb Aecio Neves, el ex gobernador de Sao Paulo Jose Serra y la ex candidata del partido Rede Marina Silva ex ministra de ambiente de Dilma, tampoco se escapan del esquema de corrupción relacionado a sobornos por obras públicas, financiamiento ilegal electoral, entre otras cosas. De tal forma que el New York Times calificó como canallada el proceso de destitución, por ser promovido por una casta igualmente corrupta.

El caso de Dilma

A la presidente no se le acusa de ningún caso de apropiación o desvío de fondos, sino de utilizar la bicicleta fiscal. Lo cual consiste en el uso de dinero de bancos públicos para reducir el déficit fiscal y financiar los programas asistenciales. Dinero procedente de las reservas monetarias del Banco Central, ya que se permite que las ganancias de operaciones monetarias y cambiarias se usen a para necesidades gubernamentales. Ante eso, los medios neoliberales llaman a cerrar el grifo de los recursos financieros. Por otro lado, el endeudamiento de las familias, sobre todo con programas de adquisiciones de viviendas, anuncia una burbuja financiera, de la cual los bancos, los grandes ganadores del modelo, se atemorizan. Estos, que han sido reacios apoyar el Impeachment, también se dejan llevar por la corriente golpista.

En este ambiente se dan movilizaciones a favor y en contra. La derecha impulsa a sectores acomodados, algunos con consignas reaccionarias como el llamado al regreso a los militares. Mientras que los movimientos sociales afines al PT desde finales del año pasado crean organismos como los Frente Pueblo Sin Miedo y Brasil Popular, para hacerle frente al golpe y a las medidas de ajuste que el segundo gobierno de Dilma impulsa en la llamada Agenda Brasil, como recortes en los seguros de desempleo, congelamiento de salarios, privatizaciones parciales en Petrobras en el yacimiento de Pre-sal, leyes represivas anti protestas, etc. Pero sin romper con el PT y impulsar fuertes medidas como huelgas generales, para parar el ajuste tanto del oficialismo como el que se vendría, si Termer llega a la presidencia o si se convocara a nuevas elecciones bajo un aparato electoral beneficioso para la oposición de derecha.

En ese sentido, los movimientos y partidos hacia la izquierda se encuentran divididos. Unos como el Pstu -parte de la Litci- y Conlultas, que bajo su consigna “que se vayan todos” termina apoyando la destitución; el Psol –el cual es un partido de tendencias- se encuentra dividido entre pedir nuevas elecciones o movilizarse para lograr una Asamblea Constituyente y denunciar el Impeachment, postura a la cual se suma la Intersindical del Partido Comunista Brasileño o el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores, entre algunas más; la cual compartimos.

Nosotros consideramos que este proceso de destitución, pese a que está establecido en la Constitución Política brasileña -tal fue el caso de Collor de Melo- que en ese momento la mayoría de brasileños apoyaron, sin existir (según varios juristas) causa administrativa real, es una forma de golpe de estado técnico, donde sectores conservadores dentro de la justicia y el legislativo, sin tomar en cuenta la voluntad mayoritaria de la población, y más bien a sus espaldas, buscan relevar a una elite burguesa como el PT y aplicar un programa de ajuste más pronunciado.

El PT sirvió a los intereses del bloque en el poder mientras hubo bonanza económica, permitiendo transferir recursos para los más pobres. Pero a medida que la crisis mundial se agudiza, muchas fracciones del bloque buscarían, al igual que en Argentina, un gobierno más afín a sus intereses. Lo que viene será eliminar conquistas de la clase obrera como el aumento de salarios según el costo de la vida o la negociación de pactos según el sector económico.

VENEZUELA.- Presiones de la OEA para imponer una salida negociada

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Por Orson Mojica

Después de arrastrar una crisis crónica en los últimos años, la Organización de Estados Americanos (OEA), a través de Luis Almagro, inició una ofensiva política contra el gobierno de Nicolás Maduro para forzarlo a negociar con la oposición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) la convocatoria al referéndum revocatorio para realizarse este año.

El día martes 31 de Mayo, Luis Almagro, ex canciller uruguayo y ahora Secretario General de la OEA, después de un intenso cabildeo, decidió invocar el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, suscrita por todos los países de América Latina en el año 2001.

La Carta Democrática: arma contra los gobiernos populistas

La suscripción de este engañoso tratado de defensa de la democracia burguesa, fue promovida por el gobierno de Estados Unidos ante el ascenso de gobiernos populistas de izquierda en América Latina.

Hugo Chávez tomo posesión como Presidente de Venezuela en Febrero de 1999, iniciando un ciclo de auge de gobiernos. No fue una casualidad que el tratado sobre la Carta Democrática Interamericana, fuera aprobada el 11 de septiembre de 2001, en una sesión especial de la Asamblea de la OEA en Lima, Perú. La trascendencia de la Carta Democrática no era percibida por la algarabía de las fuerzas nacionalistas que ascendían al gobierno por medio de los votos.

Estos gobiernos, aunque mantuvieron incólume el sistema capitalista, renegociaron con las transnacionales las tasas de ganancia y aprovecharon el boom de las exportaciones para implementar programas asistencialistas, pero mantuvieron algún grado de enfrentamientos o roces con el imperialismo, especialmente en los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, desarrollando regímenes bonapartistas, más o menos fuertes, con características propias en cada caso particular.

Pero la crisis del capitalismo, la baja del precio de las materias primas, ha agudizado la crisis económica de estos gobiernos nacionalistas, aumentando la penuria de las masas. Todos los gobiernos populistas de izquierda de América Latina están en crisis.

Mientras se produjo el boom exportador de materias primas, y estos gobiernos populistas garantizaban mínimamente condiciones de vida aceptables para las masas, no era necesario invocar la Carta Democrática de la OEA

Pero la crisis capitalista, y el descenso de los precios del petróleo, ha provocado dificultades económicas, endureciendo los regímenes bonapartistas que tratan a toda costa de mantenerse en el poder, limitando las libertades democráticas, siendo el caso más emblemático el del chavismo en Venezuela. Aquí es donde se activa el seguro de la Carta Democrática de la OEA.

La bandera de la defensa de la democracia burguesa y la defensa de los derechos humanos se han transformado en las principales armas políticas e ideológicas del imperialismo norteamericano contra los gobiernos nacionalistas de izquierda en América Latina.

La crisis en Venezuela y los errores del chavismo

Venezuela es el país del ALBA donde la crisis económica se siente con todo su furor, por el desplome de los precios del petróleo, la principal fuente de divisas. De ser el principal sostén del ALBA, Venezuela ha caído en el abismo, con un violento descenso de los niveles de vida y de consumo de las masas populares. Todas las conquistas materiales que obtuvieron las masas en el primer periodo del chavismo, cuando Chávez vivía y los precios del petróleo eran altísimos, se han esfumado. Esta es la base material que alimenta una ruptura de importantes sectores de masas con su antigua conducción chavista.

Cuando el petróleo se vendía a precios altísimos, Chávez logró infligir graves derrotas electorales a sus adversarios. Pero esa situación ya no existe. El año pasado la oposición derechista venezolana logró obtener la mayoría absoluta dentro de la Asamblea Nacional, algo impensable hace algunos años, asestando un duro golpe político al chavismo.

La crisis económica es una dura realidad, nadie lo puede negar, pero esta crisis de ha agudizado por el modelo asistencialista del chavismo, agravada con el hecho que Venezuela nunca rompió su dependencia del petróleo. El presidente Nicolás Maduro y el gobernante PSUV, estaban en la obligación de cambiar el modelo fracasado, dotarse de una política para combatir la crisis capitalista y evitar la penuria del movimiento de masas, pero no lo hicieron.

El ALBA fue un espejismo, una deformación del pensamiento latinoamericanista de Simón Bolívar, porque no propugnó por la real integración económica de los países miembros, sino por un mayor intercambio comercial que fortalecía a una burguesía compradora, la llamada “boli burguesía”, que manejaba y se enriquecía con el cuantioso presupuesto venezolano. Cuba salió beneficiada porque obtuvo un respiro con el crédito de la factura petrolera, pero no hay nada más que mencionar.

El bonapartismo reaccionario de Nicolás Maduro

Ahora, en periodo de crisis, pocos dólares que reúnen el gobierno de Maduro son otorgados a los empresarios, se priorizan gastos superfluos en vez de garantizar el abastecimiento popular. Los salarios se deterioran rápidamente, debilitando a los trabajadores y con ello una posible alternativa revolucionaria de izquierda. El hambre y la miseria se han apoderado de Venezuela, acrecentando el descontento popular.

El cerco se estrecha cada vez más. El chavismo sufre una erosión social, resiste estáticamente las embestidas de la derecha, atrincherado en las instituciones como el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), destapando las características antidemocráticas del régimen bonapartista, limitando las libertades democráticas.

Con el pretexto de contener el avance de la derecha, el gobierno de Nicolás Maduro, reprime las huelgas y cualquier manifestación de protesta de los trabajadores, al mismo tiempo que reprime las manifestaciones políticas de la oposición derechista.

El régimen bonapartista sui generis de la época de Hugo Chávez ha sido sustituido por un bonapartismo reaccionario, antidemocrático.

El bonapartismo de Maduro es cada vez más reaccionario, al grado tal que, ante la recolecta de firmas y petición de la oposición derechista para convocar a un referendo revocatorio, un derecho democrático elemental rescatado por el chavismo y plasmado en la Constitución actual, el gobierno de Nicolás Maduro niega esa posibilidad y contradice los propios orígenes democráticos del chavismo.

El chavismo resiste para negociar

El descontento popular contra el gobierno de Nicolás Maduro crece día a día, por eso la oposición derechista insiste en revocar el mandato presidencial de Nicolás Maduro, para recuperar el poder perdido en 1999.

Por su parte, el chavismo ha tenido una política dual. Por un lado, inicia negociaciones en República Dominicana, con la mediación del expresidente español, Luis Rodríguez Zapatero. Por el otro lado, resiste, contiene la respiración, tratando de imponer una negociación que permita la sobrevivencia del gobierno de Maduro, o en el peor de los casos aceptar el referendo revocatorio hasta el próximo año, para diferir la caída del gobierno de Maduro, y que sea sustituido por el vicepresidente Jorge Arreaza. Todo en la perspectiva de que los precios del petróleo vuelvan a subir, y superar de esta manera la crisis económica.

Las reuniones preparatorias de la OEA

En la reunión de cancilleres de la OEA, realizada en República Dominicana, estos se mostraron conciliadores y acordaron que la asamblea general no conocerá la crisis en Venezuela, sino el Consejo Permanente de la OEA el 23 de Junio en Washington. Danilo Medina, presidente de República Dominicana, expresó: “(…) apoyamos sin reservas todas las iniciativas de diálogo que conduzcan, con apego a la Constitución y el pleno respeto a los derechos humanos, a la resolución de la efectiva diferencia entre los sectores políticos. En especial respaldamos la iniciativa puesta en marcha en nuestro país por UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) con el concurso de los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de República Dominicana y Martín Torrijos de Panamá para la reapertura de un diálogo efectivo entre el Gobierno venezolano y los sectores de oposición".

Mientras tanto, John Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos, presionó por la liberación de Leopoldo López y otros dirigentes de la derecha prisioneros del chavismo, y por la convocatoria al referendo revocatorio como una salida electoral a la crisis.

No cabe la menor duda que hay un proceso de negociación en marcha, desde UNASUR y en la propia OEA, aunque no están claros sus resultados

La salida pasa por convocar a una Asamblea Nacional Constituyente y luchar contra la crisis económica

Ninguna maniobra política está garantizada debido a la gravedad de la crisis económica en Venezuela. El país está el borde de la guerra civil. Sectores el Ejercito han manifestado su descontento contra el gobierno de Maduro, al que acusan de traicionar el legado de Hugo Chávez. A diario se producen saqueos de la población hambrienta, las que son reprimidas violentamente. Estamos ante un Caracazo en cámara lenta, diferido, porque el chavismo aún conserva el control.

En realidad, el referendo revocatorio es una maniobra de la derecha y una trampa mortal que busca canalizar el descontento popular a las instituciones de la democracia burguesa. Si bien es cierto el referendo revocatorio constituye un derecho democrático del pueblo venezolano, las intenciones son siniestras.

Por ello, desde el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) consideramos que para defender las pocas conquistas de la revolución democrática chavista que aún quedan en pie, se requiere convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que discuta como tema central como salir de la crisis económica, como romper la dependencia de los precios del petróleo y proceda a una reorganización democrática del Estado.

Es necesario que el pueblo venezolano decida su futuro sin injerencias imperialistas o de sus títeres de la OEA, llamamos a rechazar la injerencia de la OEA y del imperialismo norteamericano en la crisis venezolana.

Llamamos a la izquierda de Venezuela, al movimiento obrero, a cerrar filas en torno a un programa revolucionario que permita imponer el monopolio del comercio exterior, para que las divisas sean usadas en programas de abastecimiento popular. De igual manera, se requiere imponer el control de los trabajadores sobre la producción y distribución de productos, para evitar la especulación y la corrupción.

Llamamos a los sectores de izquierda dentro del chavismo a desmarcarse y romper con el gobierno de Nicolás Maduro y a luchar consecuentemente por los postulados democráticos que dicen defender.

La lucha contra la crisis económica pasa por aprobar de inmediato medidas de control sobre las empresas, garantizado el salario justo y el poder adquisitivo de la clase trabajadora.

El otro camino conduce a caer en la trampa democrática que el imperialismo y sus agentes han venido tejiendo pacientemente, esperando este momento oportuno.

IMPACTO REGIONAL.- Ilusiones reformistas que chocan con la crisis capitalista….

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Por Ernesto Fuertes

Una nueva oleada de proyectos progresivos o de izquierda en los llamados países ‘centrales’ del mundo, han creado grandes esperanzas y expectativas: el ascenso de Jeremy Corbyn en el Partido Laborista de Inglaterra, Pablo Iglesias con la agrupación Podemos en España, el ascenso al poder de Tsipras en Grecia, el discurso izquierdista de Bernie Sanders en Estados Unidos, etc. Se suele enmarcar estos movimientos o tendencias como un complemento de lo que tal vez haya sido el polo más fuerte de avance de proyectos reformistas en el mundo: los movimientos suramericanos o ‘bolivarianos’. La intención de ésta breve reseña es plantear que hay una gran diferencia entre el proceso bolivariano, y ésta actual nueva oleada europea y estadounidense, que se manifiesta todavía a través de la institucionalidad de la democracia.

Las economías de los países bolivarianos en momentos de bonanza

Las economías bolivarianas tienen como características generales el aumento de liquidez en el sector financiero (por lo menos en términos históricos muy generales, y con sus variaciones por país), una caída de los intereses generalizada y una reducción en el valor porcentual de las tarifas al comercio exterior (contrario a todo proteccionismo). Divergen en cuanto a la evolución histórica de los tipos de cambio (se reducen en Uruguay, Bolivia, Ecuador y Brasil, pero con aumentos hacia el final de sus procesos –especialmente posterior a la crisis del 2008-, mientras que países como Venezuela o Argentina mantienen una devaluación mucho más sostenida), las tasas de variación de la inflación (donde hay que tener cuidado de no confundir la tasa de variación con el aumento absoluto y en términos reales de los índices de precios al consumidor –los cuales nunca dejaron de aumentar en ninguno de los países-), y por último, sus posiciones divergentes con respecto a la nacionalización parcial de sectores productivos (en Argentina y Venezuela serán más fuertes, con una posición igualmente progresiva en Bolivia y Ecuador, y con una posición más bien contrareformista en Brasil, con la privatización de empresas de agua, telecomunicaciones y transporte al inicio mismo del gobierno de Lula da Silva, etc). En cuanto a los sistemas tributarios, tal y como lo publica en su último informe la CEPAL, son todos altamente reaccionarios: los pesos de los impuestos son indirectos (al consumo), mientras una minoría se basa en las ganancias y utilidades empresariales.

El segundo ciclo, marcado por la crisis capitalista

Una vez que termina ese primer ciclo de los movimientos bolivarianos, el hecho de que la inflación en términos absolutos no retroceda, la ausencia de reformas agrarias, y el que se reviertan los tipos de cambio o los superávits fiscales, obliga entonces a estos gobiernos a aplicar políticas de austeridad (recortes de gastos) o privatización como las que se viven en el segundo ciclo: la privatización que impulsa Evo Morales en la minería de Bolivia, la privatización de las gasolineras, las telecomunicaciones y el transporte en el Ecuador de Rafael Correa, de los sistemas ferroviarios en la Argentina de Cristina Fernández, o del petróleo en el Brasil de Dilma Rousseff, etc. Por supuesto que está la crisis y la caída de los precios del sector primario, pero ésta es una explicación ricardiana: el dependentismo habló siempre de los ‘términos de intercambio’ en términos de precio, y no de valor. Por eso el argumento de que el alza de precios produjo respectivamente la fortaleza de los países emergentes y su caída produjo su crisis, aunque es verdadera, es también altamente insuficiente: cualquier trabajo de historia económica latinoamericana demuestra que hubo muchos períodos de alzas y caídas en los precios mundiales del sector primario, que no produjeron períodos de auge como el que vivieron recientemente países como Brasil y otros países emergentes del mundo.

En todo caso, incluso en términos capitalistas, todas estas políticas que aumentan la demanda agregada de la sociedad y tienen como fin la creación de un mercado interno, tienen la triste paradoja de aumentar la inflación, que es la razón por la que tienen que crear políticas de contención de la liquidez en el sistema financiero para frenar la inversión y la productividad misma, y solo así evitar ciclos hiperinflacionarios (especialmente en Bolivia y Ecuador, y no en países como Venezuela o Argentina). Las reformas parciales al capitalismo, por más importantes que sean para la población (aunque pueden implicar una mejoría de sus condiciones de vida) caen en paradojas que solo pueden ser resueltas a través de la revolución. En ese sentido, ni siquiera las reformas progresivas del bolivarianismo o las que planteaba antes desde Syriza el Partido Socialista Portugués, o desde el Laborista inglés hasta Podemos en España, están condenadas al fracaso, y a la necesidad de ser superadas junto con sus liberales líderes.

Ni la crisis ni especialmente la caída de los precios del sector primario explican el giro (neo)liberal de los movimientos bolivarianos, ya que estas sociedades presentan todas estas tendencias económicas mucho antes de la caída mundial de los precios del sector primario, y se dan durante los segundos mandatos (Morales o Correa) o los recambios políticos (los Kirchner, Rousseff, Maduro, Mujica, etc) en los Estados latinoamericanos donde gobierna el supuesto “Socialismo del Siglo XXI”. Lo que nos interesa, que quede claro, es que hay en efecto una serie de conquistas progresivas, especialmente en temas monetarios que, al no tener políticas directamente reflejadas en la producción (reformas agrarias, industrialización productiva, la creación de un mercado interno propiamente dicho, etc), van (o iban) en esa dirección, y ahora empiezan a palidecer a través de contrareformas (neo)liberales.

El retorno del reformismo en Europa y Estados Unidos

Y es que la gran diferencia con lo que vemos actualmente con los movimientos reformistas de Europa o Estados Unidos, desde Syriza hasta el Partido Laborista, y desde Podemos hasta el Partido Demócrata, es que los movimientos bolivarianos, con todas las limitaciones de una orientación monetarista y mucho más modesta que la ‘sustitución de importaciones’ del siglo XX (en términos productivos), al menos consiguió hacer avanzar algunas de sus reformas. La ‘traición’ de Syriza en Grecia es tal vez el caso más emblemático de esta gran diferencia. Los movimientos bolivarianos lograron hacer avanzar unas cuantas reformas parciales, el gobierno de Tsipras retrocedió completamente, a pesar del aplastante triunfo electoral, y no logró hacer avanzar ni una sola reforma progresiva sustancial en términos macroeconómicos. Pero no es solo Syriza. En España, el partido Podemos de Iglesias ha dado un giro de 180° en cuanto a su manifiesto de 2014, dejando de lado la auditoría de la deuda, la salida de la OTAN, la reducción de la edad de pensión o el aumento de las pensiones, además de que ha realizado nombramientos sin discusión democrática de sus bases (haciendo que estas renuncien), y se ha acercado todavía más al viejo y decadente reformismo del Partido Obrero Socialista Español (PSOE). Asimismo, en Portugal el gobierno de Costa acaba de aprobar recortes presupuestarios y aumentos de impuestos indirectos (al consumo) de la población, además de la eliminación de la exención de impuestos a asalariados que tenía planeada, todo para complacer a la Troika europea. Por último, el propio Corbyn en Inglaterra ha empezado a aprobar los recortes presupuestarios por parte de representantes del Partido Laborista en distintas regiones inglesas.

Por lo tanto, mientras que el movimiento suramericano logró un primer ciclo para hacer avanzar reformas, y ahora está retrocediendo, los movimientos que han sido equiparados con el reformismo mundial y como acompañantes de ésta supuesta nueva oleada de anti-neoliberalismo y anti-austeridad, en realidad no han llegado tan siquiera al poder (salvo Syriza) y ya están retrocediendo sin hacer avanzar absolutamente nada (de nuevo: en términos macro, cuando menos). Otros como Sanders y Corbin mantienen un discurso radical para atraer al electorado, que quiere realizar cambios al sistema capitalista, y que todavía no se deciden por la revolución social.

Liberalismo y reformismo

La divergencia aquí no es entre reforma y revolución, como lo puede ser en Suramérica, sino entre liberalismo y reformismo en Europa y Estados Unidos. Y las diferencias son notables: mientras el movimiento bolivariano arrancó sus reformas en movilizaciones callejeras y a través de la deposición de facto de presidentes de gobierno, creando las condiciones de situaciones cercanas a una situación pre-revolucionaria (el Argentinazo, la Guerra del Agua en Bolivia, las incontables renuncias de presidentes en Ecuador, etc), los movimientos europeos y estadounidense en cambio se encargan de contener cualquier tipo de táctica anti-capitalista, alejarla de una situación que podría convertirse en pre-revolucionaria, y trabajan en completa calma y a través de la institucionalidad.

Creemos que precisamente esto es lo que los diferencia, no por términos tácticos (movilizaciones vs elecciones, por ejemplo), sino por razones políticas: los movimientos suramericanos tomaron la dirección del movimiento popular en confrontación frontal con la burguesía o fracciones de la burguesía de sus países, y en cierta medida se enfrentaron al imperialismo norteamericano. Esto los puso, como a todo reformismo, detrás de la burguesía, claro, pero solo de una manera indirecta. En cambio, los pseudo-reformismos europeos y estadounidense ya no simplemente culminan con la estabilización del capitalismo y la democracia, sino que son agentes propiamente de ella: representan a capas políticamente pequeño-burguesas y democráticas que en lugar de dirigir un plan de reformas transitorias movilizando al pueblo en oposición al Estado, se encargan simplemente de ganar la dirección del movimiento de masas como representantes de la democracia y la burguesía capitalista.