CUBA.- La visita de Obama: réquiem para la revolución socialista

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Por Orson Mojica.

La revolución cubana fue durante mucho tiempo el faro luminoso que guiaba a la mayoría de los revolucionarios en Centroamérica y América Latina. Era el gran ejemplo a seguir. Miles perdieron sus vidas tratando de repetirla experiencia de la revolución cubana.

La lucha guerrillera es un método utilizado preferentemente por la clase media radicalizada. El triunfo de la revolución cubana fue posible por la combinación de la lucha guerrillera con la huelga general de masas. En el contexto de la guerra fría, el triunfo de la revolución cubana, originó una airada repuesta del imperialismo yanqui. Los ataques, sabotajes y atentados, la fracasada invasión contrarrevolucionaria de bahía de Cochinos, provocaron una repuesta revolucionaria de las masas cubanas. En 1961 Fidel Castro declaró el inicio de la revolución socialista en Cuba. Los grandes capitalistas y las empresas transnacionales fueron expropiados.

Cuba llego a convertirse en la primera revolución socialista en América latina y la primera en el mundo occidental, a escasas 90 millas del imperio norteamericano. Pero en este giro hacia el socialismo, el castrismo busco la protección de la burocracia stalinista que gobernaba la URSS, iniciando con ello, al mismo tiempo, el proceso de burocratización y degeneración de la revolución cubana,

El derrumbe de la URRS y el inicio de la Restauración capitalista

Cuba logro sobrevivir al bloqueo del imperialismo yanqui, entre otros factores, por la “ayuda” soviética. La isla por sí sola, a pesar del heroísmo de su pueblo, no podía resistir la ira de la más grande potencia imperialista. Desde 1961 hasta 1989, la burocracia del Kremlin apoyó a Fidel Castro con petróleo, tecnología, armas, alimentos y precios subsidiados. Este “ayuda” soviética, vital para la economía de la isla, no fue desinteresada. Los burócratas rusos apoyaron a Castro con el objetivo que éste moderara su política y se transformara en un aliado internacional de la ex URSS.

Cuando Gorbachov inicio en 1986 el proceso de restauración capitalista gradual, a través de la Perestroika, Fidel Castro fue uno de su más acerbo crítico, porque pretendía poner fin del cuantioso subsidio soviético a la economía cubana. Fue así que surgió el mito de que, mientras en casi todos los Estados obreros degenerados burocráticamente (URSS, China, Vietnam, etc.) regresaban al capitalismo, Cuba era el único Estado Obrero que resistía los embates del imperialismo. Ese mito ya no existe. Sin embargo, detrás de los anteriores discursos de Fidel Castro a favor de la “patria socialista”, se estaban operando cambios graduales, inspirado en el modelo chino y vietnamita, de un lento pero firme proceso de restauración capitalista, pero bajo la férrea mano de la burocracia del Partido Comunista de Cuba (PCC).

El derrumbe de la ex URSS en 1990, se hizo sentir inmediatamente en Cuba. Para el 10 de Octubre de 1991, Fidel recordaba al IV Congreso del PCC que “ en los últimos cinco meses, prácticamente no ha llegado nada, ni cereales para el consumo de la población, ni cereales para la producción de piensos que garantizaban los abastecimientos de leche, de carne de ave, de cerdo, de res, de huevos; no ha llegado una sola libra de mantequilla, de la que recibíamos más de 15 000 toneladas al año; no ha llegado una libra de aceite, no ha llegado una libra de manteca, ni una libra de chícharos, ni una libra de arroz, ni una libra de aquellos alimentos que durante decenas de años recibíamos de la URSS, que incluían carne en conserva, pescado y otras cosas, y que formaban parte de nuestro balance anual”.

La economía cubana, bloqueada por el imperialismo norteamericano, se vio sometida una pavorosa asfixia. En 1989 las importaciones cubanas habían sido de 8, 139 millones de dólares y en 1992 descendieron hasta 2, 236 millones. El Producto Interno Bruto (PIB) descendió un 34%, en el periodo de 1990-1994. En este último año, con las primeras y tímidas medidas de apertura capitalista, se paró la caída de la producción y se alcanzó a duras penas un 0,7% de crecimiento del PIB. En 1995 el PIB creció en 2,5% y en 1996 alcanzó la cifra de 7,8%.

Después del derrumbe de la ex URSS y de los Estados Obreros de Europa del Este, con el pretexto de la sobrevivencia de la revolución, la burocracia cubana inició con firmeza una apertura hacia el capitalismo. Esto fue lo que se denominó el “período especial”, que fue de grandes penurias para las masas cubanas. Fue el período en donde hizo falta de todo, mientras los burócratas cubanos recorrían el mundo tratando de convencer a los capitalistas para que invirtieron en la isla. La necesidad apremiante de conseguir capital y materias primas para vencer el hambre, fue la justificación ideológica de estos primeros pasos balbuceantes hacia el capitalismo.

Este proceso de restauración capitalista trajo los primeros cambios políticos, como las reformas a la Constitución en 1995, en donde se introdujo el concepto de propiedad privada. Asimismo, se aprobó, entre otras leyes importantes, la Ley No 177 sobre Inversiones Extranjeras, el Decreto No 162 sobre Aduanas y el Decreto No 165 sobre la creación de Zonas Francas y parques Industriales.

Por esas ironías de la historia, Cuba en la medida en que iniciaba un lento y contradictorio retorno a la economía capitalista, también reprodujo las mismas lacras sociales que la revolución había erradicado. Con el auge del turismo, ha resurgido la prostitución, los night club y cabarets que el mismo Fidel Castro había clausurado al inicio de la revolución, por considerarlos una afrenta para los cubanos. Antes del triunfo de la revolución en 1959, Cuba vivía esencialmente del turismo y la venta de azúcar. Ahora, el castrismo pretende salir de la bancarrota entrando al mismo camino.

La visita del Papa Juan Pablo II a Cuba

Saliendo del “periodo especial” se produjo a primera visita del Papa Juan Pablo II en 1998. El Vaticano comprendió que las cosas estaban cambiando en Cuba, y por eso inició el deshielo, a pesar del discurso abiertamente anticomunista del papa polaco.

La restauración capitalista en Cuba provocaría crecientes malestares sociales, como los que se produjeron en su momento en Rusia y los países del Este de Europa. En sus discursos, Juan Pablo II se refirió a casi todos los puntos que interesan a los cubanos. El Papa dijo que era necesario “recuperar los valores religiosos en el ámbito familiar y social (...) La familia, la escuela y la Iglesia deben formar una comunidad educativa”. El Papa exhortó a los jóvenes cubanos a terminar con el “anhelo de la evasión y de la emigración, huyendo del compromiso y de la responsabilidad, para refugiarse en un

mundo falso cuya base es la alienación y el desarraigo (...) No esperen de los otros los que ustedes son capaces y están llamados a ser y hacer. No dejen para mañana el construir una sociedad nueva, donde los sueños más nobles no se frustren y donde ustedes puedan ser los protagonistas de su historia”. ¡Más claro, imposible!

En relación al bloqueo de los Estados Unidos, agudizado por la Ley Hemls-Burton, promulgada por Bill Clinton, el Papa fue categórico al afirmar que “golpeaba a los más pobres” y que “Cuba debe abrirse al mundo y el mundo a Cuba”. Para 1998, el bloqueo económico contra Cuba era sostenido únicamente por Estados Unidos, ya que casi todos los países de América Latina y Europa tenían algún tipo de intercambio comercial y relaciones diplomáticas con Cuba. El Papa Juan Pablo II sabía que para consolidar la restauración capitalista se requería terminar el bloqueo, y para abrir el régimen totalitario cubano también se requería la “amistosa presión” de las democracias occidentales sobre Cuba.

Pero, quizás, donde el Papa reflejó con mayor nitidez la política de la Iglesia Católica en torno a Cuba, fue en el mensaje a los Obispos. Juan Pablo II dijo que “el respeto de la libertad religiosa debe garantizar los espacios para que, además del culto, y el anuncio del Evangelio, la Iglesia defienda la justicia y la paz. La libertad religiosa no es una dádiva, una licencia que depende de estrategias políticas o de la voluntad de las autoridades, sino que es un derecho inalienable (...) El dialogo cívico y la participación responsable pueden abrir nuevos cauces al laicado y deseamos que estos continúen preparándose en el estudio y aplicación de la doctrina social de la Iglesia”.

En relación a los cubanos que viven en Estados Unidos, el Papa dijo que “los cubanos que han salido de la patria deben colaborar también, con serenidad y espíritu constructivo y respetuoso, al progreso de la nación, evitando confrontaciones inútiles y fomentando un clima de dialogo recíproco y de entendimiento. Ayúdenles. Les aliento a continuar siendo ministros de la reconciliación, para que el pueblo cubano, superando las dificultades del pasado, avance en los caminos de la reconciliación”

El Papa Juan Pablo II estimuló a los obispos para que jueguen el rol de oposición “constructiva” en favor de la reconciliación. Cuando Cuba marchaba lentamente hacia el capitalismo, ya no tenía sentido la confrontación contra Fidel Castro. Al contrario, el Papa y muchos capitalistas habían notado los cambios y por eso apoyan decididamente el cambio de rumbo de la dirección castrista.

La visita de Jimmy Carter

En el año 2002, bajo la presidencia de George W. Bush, el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, rompió los tabúes y visitó Cuba siendo recibido con altos honores por Fidel Castro. Atrás había quedado el tiempo en que Castro fustigaba al “imperialismo norteamericano” en sus encendidos discursos revolucionarios. Poco a poco, Fidel Castro fue abandonado el discurso “socialista” por una nacionalista y democrático, que reflejaba el proceso de restauración capitalista que se vivía en Cuba, y un desesperado afán de ganarse la amistad del imperialismo. No obstante, la presidencia de George W. Bush, muy marcada por la confrontación ideológica, no permitió el acercamiento.

En relación a Cuba, el gobierno de Jimmy Carter (1977-1981) sostuvo una política inteligente que se basaba en el reconocimiento en los hechos de la existencia de la revolución cubana, al mismo tiempo que iniciaba un acercamiento político-diplomático. Bajo el gobierno de Carter se abrieron las Oficinas de Intereses en Washington y en La Habana; se delimitaron las fronteras marítimas entre Cuba, México y Estados Unidos; y fue reconocido el derecho de los ciudadanos norteamericanos de viajar a Cuba, lo que más tarde fue revertido por la administración Reagan-Bush.

El discurso de Jimmy Carter en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, fue difundido en cadena de radio y televisión: “No he venido a interferir en los asuntos internos de Cuba, sino a extender una mano de amistad hacia el pueblo cubano y ofrecer una visión del futuro para nuestros dos países y para las Américas. Esa visión incluye a una Cuba completamente integrada a un hemisferio democrático, participando del tratado de Libre Comercio de las Américas y con nuestros ciudadanos viajando sin limitaciones para visitarse unos a otros (…) Cuba ha adoptado un gobierno socialista donde no se permite que su pueblo organice ningún tipo de movimientos de oposición. Su Constitución reconoce la libertad de expresión y de asociación, pero otras leyes niegan estas libertades a aquellos que no están de acuerdo con el gobierno (…).

Fidel Castro cambió gradualmente su discurso

Fidel Castro cambió paulatinamente su discurso antiimperialista y a favor del socialismo, por un discurso a favor de la democracia. Durante la visita de Jimmy Carter, Fidel Castro pronuncio un meloso discurso: “Tal vez algunos piensen que nuestra invitación a que usted visitara nuestro país obedece a una astuta maniobra o a un mezquino interés político. Con toda sinceridad digo que se trata de un merecido reconocimiento a su actitud como Presidente de Estados Unidos con relación a Cuba, y a su trayectoria ulterior como personalidad de reconocido prestigio internacional, consagrada a luchar por reducir, mitigar o hacer conciencia sobre algunas de las muchas tragedias que hoy padece la humanidad, y siempre buscando las posibilidades de paz y entendimiento entre los pueblos”.

En la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, el 13 de mayo del 2002, en La Habana, Fidel Castro pronunció un discurso muy marcado por los principios democráticos de justicia, libertad e igualdad: “Cuando pasamos la vista por el mundo que hoy conocemos y sabemos que hay miles de millones de seres humanos que viven en inconcebible pobreza, miles y miles de millones de seres humanos que pueblan ese Tercer Mundo, nos podemos preguntar en qué mundo estamos viviendo (...) Muchas veces nos preguntamos cuál será el siglo, cuál será el milenio en que podamos decir que todos los seres humanos que vienen a este mundo, vengan, realmente, con una igualdad de posibilidades ante la vida. (...) ¿Cómo puede hablarse de derechos humanos y en qué mundo vivimos, si al país que, en esta época y enfrentando dificultades inimaginables, se está acercando y se acerca cada vez más aceleradamente a ese nivel, a ese sueño de justicia, de verdadera libertad, de verdadera democracia, de verdaderos derechos humanos, se le condena en Ginebra como violador de esos derechos”?

(...) un mundo como el que soñamos nosotros, un mundo como el que sueñan ustedes es posible, sí, muy posible, cuando los hombres tengan los conocimientos, la cultura y la conciencia necesarias para vivir y actuar con verdadero espíritu de fraternidad, para vivir y actuar con verdadero espíritu de justicia (...)”

La metamorfosis del castrismo

El gobierno castrista en Cuba ha sobrevivido 57 años debido a una combinación de circunstancias excepcionales. Si bien es cierto que la revolución cubana está asociada a la conducción de Fidel y Raúl Castro, la sobrevivencia del castrismo en el gobierno no significa necesariamente la sobrevivencia de la revolución socialista, proclamada en 1961.

El apoyo económico que recibió de la URSS durante décadas, más una firma decisión de las masas cubanas de defender su revolución socialista, permitieron soportar más de cinco décadas de bloqueo imperialista.

En todo este tiempo, Fidel Castro demostró ser un político muy hábil. Fidel Castro y el castrismo han pasado por una increíble transformación política. En su fase de líder guerrillero, Fidel Castro pasó de ser un demócrata radical a adoptar el método y el programa del stalinismo: fusionó al Movimiento 26 de Julio (M-26) con el Partido Comunista de Cuba (PCC), adoptando las siglas de este último.

Pero la ayuda económica de la burocracia soviética no era desinteresada. Bajo el bloqueo imperialista, Cuba dependió casi totalmente de la ayuda económica de la URSS. Esta dependencia económica comenzó a transformar a la dirección castrista en un apéndice político de la burocracia del Kremlin. En 1968, por ejemplo, Cuba se negó a condenar la invasión soviética que aplasto la revolución política en Checoslovaquia. Lo mismo pasó cuando en 1979 el Ejército Rojo invadió Afganistán, a pesar que Fidel Castro era el presidente del “Movimiento de Países No Alineados”, se negó a condenar la invasión.

Aun con su conversión stalinista, en 1966 impulsó la conferencia Tricontinental y la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), y en 1967 creó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), como organismos encargados de impulsar la lucha antiimperialista en América Latina y los países del tercer mundo.

El fracaso de la guerrilla foquista en Bolivia y el asesinato del Che Guevara en 1967, puso fin a la etapa de apoyo de Cuba a los movimientos guerrilleros en América Latina. A partir de ese momento, el castrismo hizo un giro en su política, y ante la soledad del bloqueo imperialista, y el fracaso de la estrategia de extender las guerrillas en América Latina, busco nuevos aliados en quienes apoyarse, esta vez fueron los gobiernos nacionalistas burgueses que surgieron en América Latina, especialmente en Panamá y Perú.

En 1968 los militares panameños dieron un golpe de Estado al gobierno de Arnulfo Arias Madrid, iniciando una revolución nacionalista. Entre estos “militares progresistas” estaba Omar Torrijos, quien terminó copando el poder e inició un acercamiento con Cuba. Ese mismo año, el general Juan Velazco Alvarado encabezó un golpe de Estado contra el presidente Fernando Belaúnde Terry, iniciando otro proceso nacionalista y acercamiento con Cuba.

En 1979, la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que mantenía una alianza con la burguesía opositora, encabezó la insurrección de masas contra la dictadura somocista, logrando su derrocamiento el 19 de Julio. El triunfo revolucionario en Nicaragua abrió una situación revolucionaria en Centroamérica, y se produjo un vertiginoso crecimiento las guerrillas en El Salvador y Guatemala, que tenían al castrismo como principal dirigente y ejemplo a seguir. Cuando Fidel Castro visitó Nicaragua, el 19 de Julio de 1980, declaró tajantemente: “Nicaragua no debe ser otra Cuba”, es decir, no debía expropiar a los capitalistas sino mantenerse dentro de la economía capitalista. En ese momento, la dirección castrista ya no propugnaba por nuevas revoluciones socialistas.

Contradictoriamente, el triunfo de la revolución nicaragüense y la situación revolucionaria en Centroamérica, ampliaron el radio de influencia del castrismo, rompieron parcialmente el bloqueo, y le proporcionaron al gobierno cubano una enorme capacidad de negociación.

La situación se complicó con el derrumbe de la URSS y el fin de la ayuda económica del llamado campo socialista. El fin del periodo especial (1991-1995) llegó con el triunfo electoral del coronel Hugo Chávez en 1999, quien propició el acercamiento con el gobierno cubano, proporcionando el vital petróleo a la isla y estableciendo solidas alianzas políticas con el castrismo.

El Presidente Hugo Chávez propuso en 2003 la creación de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) en oposición al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que impulsaba Estados Unidos. La presencia de Cuba le dio un tinte socialista a la propuesta del ALBA, pero en realidad lo que ocurrió realmente es que Cuba avanzaba hacia los países capitalistas, que tenían gobiernos nacionalistas de izquierda que explotaron el boom económico de los altos precios de las materias primas.

Fidel pasa el cetro a Raúl Castro

La enfermedad de Fidel Castro, que lo mantuvo al borde de la muerte, le obligó a renunciar a la presidencia de Cuba en 2006 y entregar el poder a su hermano menor, Raúl Castro. Por una casualidad se inició una larga transición política en Cuba. El cambio de personajes implicó algunos cambios políticos. Fidel Castro, quien encabezó la revolución anticapitalista, no podía iniciar el gran salto hacia atrás, debía hacerlo otra persona, pero que fuera del núcleo de confianza del poder. Ese personaje era Raúl, quien décadas atrás había sido nombrado como la línea de sucesión ante una repentina muerte de Fidel Castro. De esta manera Raúl puede impulsar los cambios hacia el capitalismo, mientras Fidel conserva la aureola de revolucionario y se convierte en sumo pontífice de la revolución cubana.

Raúl Castro fue bien recibido en las sucesivas reuniones de presidentes latinoamericanos en las Cumbres de las Américas, generando muchas expectativas sobre los ansiados cambios políticos en Cuba.

En un complejo proceso de metamorfosis política, Fidel Castro se inició como el guerrillero que tomó las armas contra la dictadura, después se convirtió en el dirigente que reflejó la transición de la revolución democrática triunfante en 1959 a la revolución socialista en 1961, que expropió a los grandes capitalistas y terratenientes, así como a las empresas transnacionales, hasta conducir al país a una mejoría del nivel de vida. Ahora, retirado formalmente del poder, Fidel Castro representa el ala dura del PCC que vigila el proceso de restauración capitalista.

Pocas veces en la historia encontramos que un mismo personaje represente las diferentes etapas de la revolución: el triunfo, el termidor y la restauración capitalista.

La visita de Benedicto XVI

Cuando el Papa Benedicto XVI viajó a Cuba en 2012, las riendas del gobierno estaban en manos de Raúl Castro, quien inició una serie de reformas económicas con el objetivo de acelerar el proceso de restauración capitalista. El tamaño del Estado fue reducido y decenas de miles de empleados estatales fueron lanzados a la sobrevivencia individual. Se subió la edad de jubilación, finalizaron los subsidios a los comedores obreros y se restableció el salario con base a resultados.

El rol de la Iglesia Católica había aumentado considerablemente. En sus discursos, el Papa Benedicto XVI abogó por el fin del embargo económico, la reconciliación de los cubanos y restablecimiento de libertades en la isla.

Obama y la nueva estrategia del imperialismo

A diferencia de la administración de George W. Bush, que basaba su política en la preponderancia del uso de la fuerza y el reforzamiento del bloqueo comercial contra Cuba, la administración de Barack Obama, no por ello menos peligrosa, aplica métodos de presión diferentes con el objetivo estratégico de lograr la restauración del capitalismo en Cuba.

Y es que después de 50 años de criminal bloqueo, aislada, sin el apoyo económico y material que le brindó durante décadas la extinta URSS, Cuba, una verdadera isla, no tiene mayores posibilidades de crecimiento en el marco de la económica mundial capitalista. Bajo condiciones de asfixia, Cuba ha comenzado a retroceder en los índices de desarrollo humano. Desde hace varios años, las enormes conquistas sociales en materia de nutrición, educación y salud, se han desplomado.

La economía cubana literalmente languidece, con graves repercusiones para el nivel de vida de las masas trabajadores, que desde hace mucho tiempo viven bajo condiciones muy precarias. Hasta el momento, la economía cubana no ha colapsado, por un lado, por el heroísmo sin límite de sus trabajadores y, por otro lado, por el suministro de petróleo proporcionado por el gobierno de Hugo Chávez, en condiciones de pago muy blandas. Un verdadero subsidio vital en condiciones difíciles.

Con el desfallecimiento de la economía, no es necesaria una invasión militar ni el montaje de una guerra de guerrillas contrarrevolucionaria contra Cuba. Al contrario, una de las primeras medidas de la administración Obama fue suavizar las relaciones con Cuba, permitiendo la venta de alimentos, el envío de remesas y el reinicio, bastante frío, de las negociaciones bilaterales.

Incluso, Estados Unidos no se opuso al regreso de Cuba a la OEA (a pesar del desinterés de Cuba), lo que indica que en esta coyuntura el imperialismo norteamericano ha privilegiado la diplomacia y la negociación, como mecanismo para obtener la ansiada apertura política y la restauración del capitalismo en la isla. Estados Unidos teme que un repentino colapso del régimen castrista traiga el caos, la inestabilidad política o la guerra civil, con millones de refugiados viajando en balsa hacia Florida. Por eso apuesta a cambios graduales desde el régimen que permitan una transición pacífica y ordenada hacia el capitalismo.

Las negociaciones entre la administración Obama y el gobierno de Raúl Castro, fueron iniciadas secretamente, teniendo como intermediario y garante al Papa Francisco. Producto de estas negociaciones, en diciembre de 2014, los presidentes Barack Obama y Raúl Castro dieron a conocer, de manera separada pero simultánea, el fin de las tensiones entre los dos países y el inicio de la normalización de las relaciones diplomáticas. La primera reunión de ambos, se realizó en Panamá, en la cumbre de presidentes latinoamericanos, en abril del 2015.

La visita del Papa Francisco, al gran mediador y garante

El papa Jorge Mario Bergoglio (Francisco) visitó Cuba en 2015, convirtiéndose en el tercer papa en llegar a la isla, en el lapso de dos décadas. La visita del papa Francisco fue el toque final para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, y el anuncio de la visita de Obama a Cuba.

Angelo Becciu, funcionario de la Secretaría de Estado de El Vaticano, confirmó el rol de mediadora de la Iglesia Católica: “vinieron aquí a la Secretaría de Estado a firmar los dos respectivos documentos delante del Secretario de Estado, casi como garante de la palabra que se habían dado entre ellos. El Papa encantó a los representantes del pueblo cubano y estadounidense. Son ellos los que le pidieron al Pontífice que fuera garante de este deseo de negociación, dialogo y encuentro. (…) Ellos pidieron expresamente que el Papa los ayudara. En esto el Papa no se echó para atrás. Y luego, él se sirvió de algunas personas para que pudieran cumplir el deseo del diálogo y del encuentro”. (Vatican Insider 16/03/2016)

Restablecimiento de relaciones diplomáticas y visita de Obama

Este proceso ha sido muy largo y contradictorio, pero ya se dio. Cuba fue sacada de la lista de países que patrocinan el terrorismo. Aunque el bloqueo económico no ha sido levantado por el Congreso de Estados Unidos, la administración Obama ha suavizado las restricciones a Cuba.

John Kerry, Secretario de Estado, visitó la isla para preparar las condiciones. Kerry reconoció que “las circunstancias han cambiado desde 1982, cuando Cuba fue incluida por sus esfuerzos por promover una revolución armada por fuerzas en América Latina. Nuestro hemisferio, y el mundo, es muy diferente de cómo era hace 33 años” (El País, 15/04/2016). No olvidemos que las negociaciones de paz del gobierno colombianos con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se realizan precisamente en La Habana, bajo el auspicio impaciente de Raúl Castro.

Finalmente, el 20 de Julio del 2015, se abrió nuevamente la embajada norteamericana en La Habana, creando las condiciones para la histórica visita de Barack Obama a Cuba, la que se realizó el 21 y 22 de marzo del 2016.

La vista de Obama encierra un alto grado de simbolismo de los cambios que ocurren aceleradamente en Cuba. La revolución socialista languidece, está en curso una nueva invasión norteamericana, esta vez formada por empresas e inversionistas que buscan como recolonizar la isla. El Departamento de Estado está interesado en cambios graduales, y en establecer lazos con los militares cubanos ante la inminente desaparición física de Fidel y Raúl Castro, y de toda la generación que encabezó la revolución. Para el imperialismo es cuestión de tiempo y de tener mucha paciencia.

CUBA.- La visita de Benedicto XVI y el santo derrumbe del socialismo

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Por Maximiliano Cavalera.

Fue en enero de 1998 que el Papa, ahora difunto, Juan Pablo II visitó Cuba. En muchos aspectos, existe la falsa creencia que las visitas papales solo se tratan de homilías religiosas en donde el padre de la Iglesia Católica llega a cuidar a su rebaño espiritualmente. Siempre que el máximo dirigente de la Iglesia Católica visita algún país, hay que tener claro que algún suceso político importante está por suceder.

Pero ¿que está detrás de la visita del otrora Cardenal Ratzinger? quien fue recibido con bombos y platillos por Raúl Castro, oficiando una misa en la decenaria plaza de la revolución. Es claro que algo está pasando en la Isla de Cuba, pero, ¿qué es lo que está sucediendo? la respuesta es simple, lo que está sucediendo es el estrangulamiento gradual de la revolución.

Juan Pablo II allanó el camino.

En 1998 el Papa Juan Pablo II visitó cuba, en aquella época la situación de la isla y la revolución eran apremiantes, la revolución cubana vivía una inflexión, la caída del estalinismo en la Unión Soviética apuntalaba la revolución y en especial a la burocracia Castrista que dejó de percibir miles de millones de dólares de la ayuda soviética. La respuesta del régimen fue clara y marcaba una tendencia económica, en aquella época en el periódico El Trabajador Centroamericano decíamos: “Hasta el momento, el modelo de restauración capitalista en Cuba es una copia de los Chinos, donde la burocracia gobernante mantiene el unipartidismo y el control total del aparato del Estado.” (ETCA No 9).

En aquella visita el régimen castrista pretendía tener una influencia preponderante dentro de esta apertura económica, es decir abrir al capitalismo paulatinamente, pero con el mayor control político para seguir gobernante: “en el medida en que se abre la economía al capitalismo se desarrollan las fuerzas que buscan algún tipo de expresión política. Esta es una contradicción de hierro, insalvable. (…) por ello fue que invitó al Papa, para que la Iglesia Católica juegue el rol de oposición moderada en su régimen unipartidista.” (Ídem)

Por su parte Juan Pablo II tenía bien sentada su agenda, en la que abogaba por la apertura del régimen a la educación confesional eliminando la educación laica, la moderación del bloqueo de U.S.A a Cuba, ya que miraba más beneficioso el paso paulatino del Estado Obrero a un Estado capitalista con influencia política de la Iglesia que jugaría el papel de oposición. Por eso es que el mensaje más importante que llevo el Papa a Cuba en aquella ocasión fue a los Obispos de la iglesia para que jugaran un papel decisivo como oposición “constructiva” promoviendo la reconciliación. Desde entonces las concesiones que hicieron en aquel entonces Fidel, y ahora Raúl Castro han sido significativas.

 Concesiones especiales para la Iglesia.

Juan Pablo II, a diferencia de muchas alas de la derecha recalcitrante anticastrista, consiguió muchas concesiones teniendo claro que la isla giraría paulatinamente a la apertura. Poco a poco la jerarquía eclesial ha mantenido un dialogo con la burocracia castrista a tal grado que se le permitió al Cardenal Jaime Ortega, dirigirse al pueblo cubano en una transmisión nacional antes de la llegada de Benedicto XVI.

14 años después del viaje de Juan Pablo II la Iglesia ha consolidado concesiones como: permisos de entrada para sacerdotes y monjes extranjeros, autorización para la construcción de nuevos templos, acceso a medios masivos de comunicación y una de las más importantes es el acceso a prestar educación eclesial en la Isla. Por eso no es tan extraño que Benedicto XVI en su homilía mande mensajes como: "Cuba, en este momento especialmente importante de su historia, está mirando ya al mañana". (El País 11/04/12)

Pero el trato especial a la Iglesia no termina ahí, aunque existe una gran diversidad religiosa en la isla, el año pasado la Iglesia Católica logró gracias a los favores del régimen: “inauguró un moderno seminario a las afueras de La Habana. También ha podido ampliar su labor asistencial y crear una escuela de negocios en colaboración con una universidad católica española, además de promover encuentros académicos y discusiones sobre el futuro de Cuba a los que ha logrado invitar a destacados pensadores del exilio, como el economista Carmelo Mesa Lago. (El País 11/04/12) Por si fuera poco, el giro al capitalismo de Cuba es tan abrupto, que el régimen ha permitido por medio de la Iglesia, las visitas de burgueses cubano-americanos como Carlos Saladrigas quien lidera el “Grupo de Estudios de Cuba” que organiza diálogos entre la Habana y el exilio para  facilitar y no ser una traba hacia la transición.

En busca de un nuevo modelo.

Es claro que el régimen burocrático cubano está buscando una transición y que la Iglesia juega una labor importante dentro del esquema que ha planificado el castrismo. Como mencionamos las concesiones hacia la iglesia son grandes, pero el coqueteo llegó a ser tan grande que Benedicto XVI se tuvo que desmarcar un poco y declaraba: “que la ideología marxista ya no responde a la realidad” (…) “si no es posible construir cierto tipo de sociedad, entonces se necesita encontrar nuevos modelos” (Ídem).

Es en este punto en que ambas élites, la iglesia y la burocracia coinciden a tal grado que Benedicto XVI, al igual que su predecesor Juan Pablo II criticó el bloqueo estadounidense diciendo que no se puede: “cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada" ya que la situación de Cuba: "se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población" (Ídem).

Lejos está aquella revolución que expropió a los terratenientes queriendo construir una sociedad más justa, ahora el lenguaje fino es la marca de ambos sectores, antes encontrados, ahora confluyentes.

Contrarrevolución Económica.

Si hace 14 años con la visita de Juan Pablo II la apertura económica era una realidad, al día de hoy el proceso se acelera cada vez más estrepitosamente. La apertura económica de Cuba fue producto de la caída de la U.R.S.S que obligó a Cuba a pasar por un período especial que fue vigilado sigilosamente por el legendario Fidel Castro. La situación era difícil, pero ayudó a palear la crisis el apoyo de Hugo Chávez y el petróleo venezolano, que significó un gran consuelo para el régimen. Al parecer Fidel Castro tenía visto el camino que debía seguir, solo que no deseaba ser la cabeza visible de la caída de la revolución y el socialismo en Cuba, no en vano las contrarreformas y la apertura la encabeza su hermano Raúl Castro y no él.

En el plano económico podemos ver que: “hoy el número de cuentapropistas se acerca a los 350.000, más del doble que hace 14 años—, y ha permitido además a los bancos que concedan créditos a los nuevos empresarios y autorizando a los privados la contratación de mano de obra asalariada. Se han repartido millones de hectáreas a campesinos particulares, y con Raúl Castro (…) se ha abierto un inédito proceso de diálogo con la Iglesia que ha permitido la excarcelación de un centenar de prisioneros políticos desde 2010, entre ellos todos los presos de conciencia del llamado Grupo de los 75.” (El País 11/04/12) El panorama no puede ser más claro.

La Iglesia como puente a la restauración capitalista.

Ambas políticas, de la Iglesia y la burocracia cubana buscan que la transición al capitalismo sea de manera pacífica. El régimen pretende que la iglesia juegue el papel de opositor político cooperante que no pueden ocupar los partidos políticos que están en el exilio. Esto a pesar que la iglesia tiene políticas completamente reaccionarias en temas tales como el matrimonio homosexual, prácticas sexuales, raciales y de género, sobre diversidad de cultos, y el aborto. En esta dinámica el modelo Chino es el ejemplo a seguir, con un partido único que controle hegemónicamente la política y la economía capitalista. Pero este no es un proceso terminado, mas con el imperialismo y una burguesía imperial que busca como ingresar e influir con mayor intensidad dentro del proceso de apertura y los negocios que se abren en la isla.

Las otroras conquistan económicas de la revolución han quedado lejos de ser las de un Estado socialista, la pobreza y la miseria son la realidad de la revolución traicionada. No podemos negar que el problema económico es real y no ficticio, por lo que no creemos que esta sea una discusión terminada, sino todo lo contrario, la pregunta sigue en la palestra ¿cómo debemos hacer? para que en medio de las embestidas más crueles del capital lograr sobrevivir. La isla lo hizo por mucho tiempo por eso es heroica en Latinoamérica y en el mundo. Pero la respuesta no puede ser abrir al capital las conquistas de la revolución, todo lo contrario, se deben otorgar derechos organizativos a los trabajadores cubanos y que sean ellos los que decidan el destino del socialismo en Cuba.

Asimismo debe haber libertad de organización para las organizaciones de izquierda que no son parte de la burocracia y que no están a favor de la apertura capitalista. La decisión sobre el futuro de la revolución no debe ser solo producto de las decisiones unilaterales de la burocracia cubana, sino un proceso democrático entre los trabajadores y organizaciones revolucionarias.

CUBA.- Cambiar, pero sin cambiar lo fundamental

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pobreza en cuba

Termina el VI Congreso del PCC anunciando cambios, sin modificaciones esenciales a al “socialismo de estado”.

Por Pedro Campos

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“No se manda a un pueblo como a un campamento”. (De Martí al Generalísimo)

Un estibador dijo: “me están citando a la Plaza el 1ro de Mayo para apoyar los acuerdos del Congreso; acuerdos que yo no conozco”.

El 19 de abril culminaron las labores del llamado VI Congreso del PCC. Al terminar de escribir este artículo, aún no se han publicado las modificaciones que se hicieron a los lineamientos. Esto ha generado un alto nivel de incertidumbre en muchos cubanos.

No obstante, de los pases televisivos, de la información y las intervenciones publicadas en la prensa escrita pueden sacarse algunas conclusiones.

Se sigue llamando “socialismo” al capitalismo monopolista de estado que hemos padecido y éste, es el primer problema del VI Congreso, lo cual deja una estela de interrogantes sin respuestas sobre el futuro del proceso revolucionario cubano y confirma la gradual desideologización que ha venido sufriendo la organización.

Raúl mismo parece estar consciente de que no se ha definido qué socialismo se propone el PCC, cuando se refirió a la próxima Conferencia, al expresar: “También será imprescindible rectificar errores y conformar, sobre la base de la racionalidad y firmeza de principios, una visión integral de futuro en aras de la preservación y desarrollo del socialismo…”

La ausencia de un profundo análisis de causas determinantes del sistema fracasado ha impedido el reconocimiento de que los problemas actuales son el resultado de lo que ahora se pretende “actualizar”, por lo cual persisten los males de fondo que la crítica oficial no ha abordado, pero que sí han valorado y publicitado muchos analistas y politólogos cubanos y extranjeros.

Consecuentemente, los trabajadores, el pueblo, sus aspiraciones, problemas, intereses y esperanzas, su participación efectiva en la toma de decisiones sobre los asuntos que los afectan, siguen a la zaga de las priorizadas necesidades del estado/partido, ahora con rostro, manos y pies militares.

La emancipación de la clase obrera del tutelaje salarial, la eliminación de todo tipo de explotación, la libertad plena y el respeto a todos los derechos que deben gozar los seres humanos, incluidos los emigrados y las reformas electorales necesarias para garantizar una democracia efectiva, participativa y directa, quedaron sin abordajes específicos.

No tenemos dudas que se proyectan cambios, pero siempre que no afecten la esencia del sistema “estatalista”, que en su desarrollo podrían posibilitar alguna ventilación a la asfixiante situación que viven el pueblo y los trabajadores, pues cualesquiera que sean los cambios, luego serán indetenibles.

No queda claro si fue aprobado completamente el recetario de medidas entre pragmáticas y voluntaristas de tipo neoliberal, para mejorar las finanzas del estado. Socialismo no es desarrollismo, finanzas balanceadas, una economía boyante, ni un estado fuerte. Esos pueden ser, todos, objetivos de cualquier estado. Socialismo es otra cosa, bien distinta y que va más allá de la igualdad de oportunidades, que también ofertan las constituciones y leyes burguesas.

Pero los discursos reiteraron los ejes económicos de la “actualización”: la compactación del aparato burocrático, el reajuste en sus gastos y plantilla, una política impositiva recaudatoria a base de la extensión de algunas formas de trabajo por cuenta propia y posiblemente cooperativo y mayores facilidades a la inversión extranjera. Sus métodos: el control, la disciplina, la exigencia y una “correcta política de cuadros”, procedimientos que están muy lejos de la autogestión y el autogobierno propios de la economía y la política del socialismo marxista.

Como ejemplos más claros de que -hasta ahora- se proyectan “cambios” que no cambian las esencias del sistema, se observa que continuará la forma asalariada de explotación de los trabajadores por el estado, sin precisar su participación en la propiedad, la gestión, ni las utilidades y las empresas seguirán dirigidas por los designados desde el aparato burocrático estatal central.

También se sigue insistiendo en la propiedad estatal, como forma de propiedad fundamental y la propuesta de modificar esa concepción, hecha por una delegada al Congreso, fue rechaza en la Comisión, sin discutirla ni someterla a votación; el cuentapropismo y el cooperativismo se consideran formas de producción “no estatales” que auxiliarán la gestión general del estado, pero no como formas genéricas básicas, libremente asociadas, de la producción socialista.

Así persiste la confusión en el gobierno/partido respecto a lo que caracteriza a una propiedad. Para Marx (1) lo que caracteriza una propiedad es su forma de explotación. Los comunistas no están contra la propiedad privada en general, sino contra la propiedad capitalista, la que explota el trabajo en forma asalariada. Para el gobierno /partido el carácter socialista de una propiedad, está determinado por si es “estatal” o “no estatal”.

De acuerdo con este concepto, la NASA, de EE.UU. por ser del estado, sería socialista. El sistema de correos de EE.UU. que es estatal, sería socialista. Los países de América Latina que estatizaron el petróleo, los ferrocarriles, las minas y otras ramas de la economía, estarían desarrollando procesos socialistas. Medio Japón con su capitalismo de estado, sería socialista.

De esta manera, sin entrar a resolver los males de fondo, se llama a una renovación de los métodos del partido y el gobierno, a dejar atrás la excesiva centralización de las decisiones y a los viejos dogmas que no se precisan, a concretar una descentralización económica, a dar una mayor autonomía a las empresas y a separar la labor del Partido de la del estado.

Pero, la democracia partidista sigue subordinada a la centralización pues las candidaturas a delegados al Congreso y a miembros del CC fueron propuestas desde arriba, y esta ultima inducida su aprobación con el voto único; los cuadros principales del Partido son los mismos que los del gobierno; el CC está repleto de altos y medianos funcionarios del estado; la descentralización económica está concebida no para fortalecer el control Municipal sobre la producción, sino el de los Ministerios; los campesinos tendrán que seguir sujetos a precios de acopio determinados burocráticamente; la planificación se sigue concibiendo central y no democráticamente y de los presupuestos participativos y el sistema de referendos ni se habló.

Se redujo considerablemente el número de miembros del BP y del CC. Se dijo que se había tomado la decisión porque tantos miembros eran innecesarios. ¿Quién la tomó, el pleno del Congreso, el Buró Político saliente? En el pleno del Congreso todos los delegados tienen los mismos derechos y los anteriores miembros del BP y el CC, dejan de serlo. Son los delegados los que deben proponer sus nuevos miembros. ¿Ocurrió así?

Se dijo en las bases que los delegados al Congreso deberían ser preferiblemente compañeros con alguna preparación en materia de economía, pues ese era el objetivo principal de este evento, con lo cual se influyó en la composición social y cultural del pleno, que nunca se dio a conocer. Se sabe de núcleos que fueron aconsejados por quienes vinieron a dirigir la reunión, para que propusieran a otros pues “tal compañero sabe mucho de política e historia, pero no es economista”. Y luego resulta que esos delegados convocados a discutir problemas económicos son los que eligieron al CC, actividad no prevista inicialmente.

En algunas partes de las intervenciones se habla de la participación de los trabajadores en el proceso de “actualización” del modelo, sin precisar su carácter concreto. Hasta ahora es indiscutible que los trabajadores han participado, en primer lugar brindado su esfuerzo, su sacrificio, haciendo todo lo que se les ha pedido y hasta opinando, pero son imprescindibles definiciones, mecanismos, que pueda hacer realidad el control directo de los trabajadores sobre la economía y la política de las empresas y del país.

Brasil y Uruguay tienen Ministerios específicos destinados a promover el cooperativismo, a apoyar a las empresas autogestionadas por los trabajadores y a fomentar el cuentapropismo, con créditos y políticas fiscales diferenciadas. En los primeros años de la Revolución el INRA tenía una Dirección General de Cooperativas Cañeras que apoyaba con recursos técnicos y económicos y asesoría de gestión a las cooperativas.

Hoy necesitaríamos algo parecido. Hemos propuesto la creación de Instituto Nacional Cooperativo, pero nada se valoró al respecto. No hay ninguna institución en Cuba que tenga como objetivo concreto fomentar las relaciones de producción genéricas del socialismo: las libremente asociadas, de tipo cooperativo-autogestionario. Entonces ¿De qué socialismo se está hablando?

Se plantea que se aplicará la llamada formula socialista, “de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo”, como se viene anunciando desde el XIII Congreso de la CTC en 1973, sin concretarse. No se precisa cómo se logrará, ni sobre qué bases se va a estimular el trabajo, ni qué participación específica van a tener los trabajadores en los resultados de su trabajo, mientras que todas las decisiones se siguen dejando a los “cuadros dirigentes” y al aparato burocrático tradicional que establece los salarios sin vinculación alguna a las bases productivas.

El énfasis en la política de selección y formación de cuadros al estilo y manera que lo entiende la dirección del Partido, es una de las muestras fundamentales de la subestimación de los métodos democráticos de elección y del menosprecio a las potencialidades inagotables de lideres anónimos en el seno de los trabajadores y el pueblo, donde “hay muchos Camilos”. La única política de cuadros válida en el socialismo, es la elección libre y democrática, lo demás ha sido y seguirá siendo un fracaso.

En general, no apreciamos en ninguna parte de los documentos ni de los discursos el énfasis en el papel dirigente que deberían ejercer los trabajadores en la dirección de la economía y la política, en cualquier sociedad que se proponga hacer socialismo.

En fin, se trató de un esfuerzo encabezado por Raúl Castro y su pragmático equipo procedente de la gestión económica de las FAR, para refrendar el paquete de medidas que ya habían aprobado y venían aplicando, con vistas a hacer funcionar una versión “actualizada” del fracasado “socialismo de estado” y de garantizar en los órganos de dirección la presencia de “cuadros” capaces de “llevar a cabo la tarea en el teatro de operaciones”.

Pueden sentirse auto-complacidos. Lograron que el cónclave, bien preparado para alcanzar sus fines, aprobara la estrategia de un perfeccionamiento de los mecanismos de gestión y coacción económica del estado para incrementar sus ingresos, sin cambiar las esencias y preparar las condiciones para que los “gerentes” designados sean los que manejen las empresas con autonomía, no los trabajadores como correspondería en el socialismo. Con ello se sentarían las bases para las privatizaciones del futuro, que algunos desean, desde la burocracia y fuera ella.

Luego de la caída del “campo socialista”, que demostró la inviabilidad de esa “versión” del socialismo, -palabra desprestigiada por Stalin, Hitler y muchos otros- y luego del desastre conseguido en Cuba, insistir en el “socialismo de estado” es cuando menos, irresponsable.

Que las medidas que se vienen tomando desemboquen en un desastre total, que pueda ser aprovechado por las fuerzas del imperialismo y la contrarrevolución interna, dependerá de la correlación de las fuerzas políticas en el seno del proceso revolucionario, más allá del Partido. Los ejércitos tienen números y calidades precisos de hombres y armas. La fuerza de las ideas, se mide de otra manera. Los que verdaderamente desean preservar la revolución y lograr su avance al socialismo, tendrán que cohesionarse y contener las tendencias inmovilistas persistentes y las partidarias de la restauración plena del capitalismo privado.

No. Nosotros, los partidarios de un socialismo más participativo y democrático no estamos satisfechos ni con la forma en que se organizó el Congreso, ni con sus resultados. El Programa aprobado no es el nuestro, aunque comporta algunos de sus elementos.

Aún cuando las discusiones se centraron en los asuntos económicos, significativos aspectos políticos tuvieron que ser abordados y al parecer adelantados en relación con los planes originales de tratarlos en la Conferencia, como la elección de los máximos órganos de dirección del Partido, la recomendación de cambios en el sistema electoral y la valoración del significado reciente de la excarcelación de presos por razones políticas.

En relación con esto último dijo el nuevo Primer Secretario del PCC: “Con esta acción hemos favorecido la consolidación del más preciado legado de nuestra historia y del proceso revolucionario: la unidad de la nación”.

Se trata de una importante reflexión que lleva muchos implícitos, pero sobre todo el reconocimiento en concreto de la máxima martiana de la patria con todos y para el bien de todos, que en un futuro inmediato deberá tener otras significativas consecuencias para que no quede en palabra muerta, expresadas concretamente en la nueva ley electoral, en la pendiente ratificación ante la ONU de los pactos de derechos humanos civiles y políticos y sociales y económicos, en el reconocimiento pleno de la libertad de expresión y asociación y en varios reajustes a la ley de procesamiento penal.

Felicitamos las intenciones unitarias presentes en las palabras del nuevo Primer Secretario. Pero los hechos no coinciden. El acercamiento del gobierno a la Iglesia Católica y a través de ella a la oposición, ahora aplacada por las excarcelaciones, parece haber estimulado en el partido/gobierno una mayor exclusión de la izquierda, según se desprende de sus últimas acciones compulsivas y represivas contra varios intelectuales revolucionarios, el Observatorio Critico-Foro Social Cubano y otros espacios de discusión de la izquierda. No tocaría el tema si no fuera porque estos hechos han coincidido con el VI Congreso.

Se practica la exclusión, el sectarismo, la falta de ética y transparencia en el tratamiento a las diferencias entre revolucionarios y a los que piensan distinto, la manipulación de los sentimientos, la intolerancia y el maniqueísmo que descalifica y calumnia, la violencia verbal y la amenaza al uso de la violencia física; métodos todos que nada tienen que ver con las maneras socialistas y sirven únicamente a la división del campo revolucionario y entre los cubanos.

Se usan procedimientos de la “contra inteligencia ideológica”, institución que no tiene razón de ser pues las ideologías se combaten política y no policiacamente. La Contra Inteligencia no puede actuar en asuntos ideológicos; para eso está el Partido. Esos métodos del estalinismo que estuvieron entre las causas del desastre, desgraciadamente se siguen usando en Cuba.

¿Cómo que no hay relevo? Hace mucho tiempo que el Ejercito Rebelde dejó de ser el alma de la Revolución, pues la mayoría de sus apenas 2000 integrantes originales –poquísimos, en comparación con los millones incorporados en alma, corazón y vida a las múltiples tareas del proceso revolucionario-, por razones lógicas de edad están jubilados y fallecidos y otra parte traicionó o se fue del país. Hoy tal enfoque es sectario y tiende a la escisión, cuando el mismo Raúl habla de la necesidad de la unidad.

El peso principal de todas las tareas revolucionarias de estos 52 años, recayó sobre las espaldas de millones de combatientes y trabajadores que no estuvieron en aquel pequeño grupo de rebeldes, pero si en la clandestinidad, en el movimiento obrero, o arriesgando muchas veces sus vidas en el cumplimiento de peligrosas misiones internacionalistas militares o civiles, o simplemente entregando todo su sudor, su esfuerzo y su inteligencia en las diferentes batallas por la producción y el bienestar del pueblo.

Al principio del proceso revolucionario, podría justificarse la presencia desproporcionada de guerrilleros en la dirección del gobierno y el Partido. Cincuenta años después, y luego de una revolución cultural sin precedentes, tal presencia de militares e históricos es un error divisionista que afecta profundamente la cohesión de las fuerzas revolucionarias. La no inclusión de Fidel en el CC por solicitud propia, debía servir de ejemplo a otros compañeros.

En la dirección del Partido no se necesitan tantos militares, como ideólogos, políticos, comunicadores comunistas y líderes de los trabajadores. La composición de estos órganos, salida de este Congreso, es parte de la desideologización que ha sufrido esa organización, más empeñada en preservar el control de un pequeño grupo de históricos que en hacer socialismo, que sí preservaría para siempre sus memorias.

Sería absurdo pretender ignorar el importante papel de los militares en las contiendas bélicas, defensivas o internacionalistas de la Revolución, o desconocer las cualidades morales, profesionales y revolucionarios de cuadros militares que gozan de todo el respeto personal; pero creer que los métodos de dirección y gestión militares son determinantes en la construcción socialista, solo puede tener como base el desconocimiento elemental de la economía-política.

Gobernar, no es mandar, es consensuar, hacer la política teniendo en cuenta los intereses de todos. El Presidente de la República es el Presidente de todos los cubanos, no solo el de los comunistas o de un sector. El sectorialismo militar, tan o más dañino que el sectarismo político, rezuma anti-civilismo y a nada bueno puede conducir.

La historia de Cuba es la historia de Martí frente al caudillismo militarista y a la amenaza de anexión a EE.UU. Fidel era un líder nato, un caudillo en el mejor sentido de la palabra. Sin él todo cambia. No tiene sustituto, dijo Raúl, que no sea el Partido. Martí entra definitivamente al poder con el pueblo, o podemos caer en el otro extremo.

El VI Congreso parecía una buena oportunidad para rectificar los graves errores de sectarismo que se han cometido a lo largo del proceso revolucionario por la siempre misma dirección histórica. Desgraciadamente no se ha visto esa disposición más allá del discurso.

El artículo primero de nuestra Constitución expresa: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.

El gobierno/partido cubano debe apresurarse a hacer honor a todos los contenidos de ese artículo, para dejar constancia de su legitimidad constitucional.

La Conferencia anunciada para enero próximo es una coyuntura para avanzar en esa dirección y para tener presente las palabras de Raúl: “mantener los pies y los oídos bien atentos y pegados a la tierra, para superar los obstáculos que encontremos y rectificar rápidamente los fallos que cometamos”… y su recordatorio de que… “el principal enemigo son nuestras propias deficiencias”… ¡No lo sigan buscando en otras partes!

Las metas democráticas, libertarias y socializantes por alcanzar, contenidas en nuestras propuestas programáticas (2), son a nuestro juicio los objetivos socialistas actuales de esta etapa del proceso revolucionario cubano y no los vemos claramente reflejados en las resoluciones del VI Congreso.

En la medida en que el actual partido se las proponga, lo apoyaremos.

Sabemos que los enemigos históricos de la nación cubana, seguirán trabajando para conseguir la anexión real o virtual de Cuba a EE.UU. Sus intentos pueden venir directamente desde las posiciones pro-imperialistas o por defecto y omisión del “socialismo feudal y cuartelero” que tributa al descrédito del ideal socialista y alienta la restauración burguesa, como no lo consigue el propio imperialismo.

Hoy, contrarrevolución en Cuba es oponerse al proceso de socialización y democratización de la vida política, económica y social del pueblo cubano. Nuestro pueblo, culto y naturalmente revolucionario por el papel que le ha tocado jugar en la historia universal, sabe de qué lado está la fuerza, pero también sabe donde descansa la razón.

Sin socialización, sin democratización y sin libertad plena, no hay socialismo posible.

La Habana, 3 de mayo de 2011

Vea mi página en kaosenlared.net donde están todos mis escritos publicados y sus comentarios: http://www.kaosenlared.net/colaboradores/pedrocampos

1-C. Marx y F. Engels. El Manifiesto Comunista.

2-Cuba necesita un Socialismo Participativo y Democrático. Propuestas programáticas. La Habana, 16 agosto de 2008 y Propuestas para el avance al socialismo en Cuba. La Habana, 28 de enero de 2011

CUBA.- el Papa arriba a bendecir la reconversión capitalista de la Revolución

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Por: Roberto Cobas Avivar

«El marxismo ya no le sirve ni a los cubanos» – le increpa el Papa a Fidel Castro desde el avión que lo conduce a la Isla. Las revoluciones devoran a sus propios hijos, y el Vaticano no cree en lágrimas. El Jefe de la Congregación de la Fe en tiempos del papado del polaco Karol Wojtyła, Ratzinger, vestido ahora con los atuendos del santo oficio arriba a Santiago de Cuba, la Ciudad Héroe de la República de Cuba.

A nadie le queda dudas que se trata de una visita de mutua conveniencia. Cuba, según la “invitación” de Juan Pablo II durante su visita a la Isla en 1998, apenas 14 años después se abre al mundo capitalista. No existe otro mundo. La crisis del modelo político estalinista que el supuesto Partido “Comunista Cubano” le ha impuesto a la sociedad cubana durante más de 50 años, ha llevado al Líder de la Revolución a declarar que otro mundo mejor ya tampoco es posible. Se lo martilla a la juventud cubana, la generación que supuestamente habría de ser heredera del marxismo revolucionario en la construcción del socialismo.

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CUBA.- La “príización” del Partido Comunista de Cuba (PCC)

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Por Manuel Cuesta Morúa

Del Estado totalitario al Estado corporativo: el VI Congreso testimonia la ruptura del Partido Comunista con cualquier sentido estratégico de nación.

Si el 13 de septiembre de 2010 se consuma la liquidación de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) como representante genuino de los trabajadores, el 19 de abril de 2011, fecha de clausura del VI Congreso, testimonia la ruptura del Partido Comunista de Cuba (PCC) con cualquier sentido estratégico de nación. Allí donde la CTC se mujaliza (1), el PCC se actualiza siguiendo el modelo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), anterior a la reforma democratizadora en México. No es de extrañar por tanto la falta de entusiasmos ciudadanos.

Ambos procesos internos están conectados en profundidad. No es mi propósito desde luego describir aquí los caminos paralelos que siguen la CTC y el PCC, pero para lo que se nos viene encima en términos políticos, económicos, sociales e históricos creo importante destacar el nuevo tipo de conexión príista que se establece entre ambas instituciones: la CTC se define claramente como el mecanismo de control sobre los trabajadores en manos de un partido sin ideología, aceleradamente pragmático y anclado al poder. Los privilegios, los beneficios y el castigo son los medios propios de este control.

Se me dirá que siempre fue así, por supuesto. Sin embargo, existía una realidad de la apariencia, fundada en la idea de un partido cuya esencia y sustancia ideológicas provenía de los trabajadores, y de una CTC que representaba concretamente los intereses y las necesidades de aquellos frente a la pérdida posible de las "armonías naturales" entre administración y mundo del trabajo.

Por ejemplo, cuando los trabajadores de Antillana de Acero, una vieja empresa situada al sureste de La Habana, discutían con la administración en torno a sus necesidades e intereses afectados, lo hacían bajo la ilusión de que eran el sujeto fundamental de un partido político en control absoluto del Estado. La CTC se situaba de este modo en medio de esa tensión, "velando" por el equilibrio entre sus dos lealtades básicas: el partido-Estado y los trabajadores. Pero cuando los trabajadores de la Empresa de Telecomunicaciones SA (ETECSA) pueden ser convocados para funciones paramilitares, la CTC solo tiene la misión de recordarles que si no acuden a la convocatoria pueden ser castigados con la pérdida de beneficios y privilegios, incluyendo el puesto de trabajo mismo. Con los trabajadores de Antillana observamos, todavía, un vínculo de clases; con los de ETECSA vemos ya una relación estrictamente clientelar.

Esta transición —para el futuro de Cuba resulta esencial entenderla— queda completada con el VI Congreso del PCC recién concluido. Por lo que en términos ideológicos podemos decir, con toda propiedad: adiós al Partido Comunista.

Partido Comunista Institucional es el nombre ajustado para este que nace el 19 de abril de 2011. En rigor, estamos de cara a una transformación fundamental. Y digo fundamental, no necesariamente positiva, porque dicha transformación institucional intenta empezar por donde terminaron, históricamente hablando, los partidos comunistas en los antiguos sistemas totalitarios de la Europa Central y del Este, y por donde concluyó el Partido Revolucionario Institucional en México. Transformación más cercana al PRI que a aquellos partidos en tanto comienza sin doctrina ideológica. Príización del Partido Comunista podría entenderse entonces así: control del poder y de los intereses, más otorgamiento de beneficios corporativos a todos los que muestren palmariamente sus lealtades. Limitar los términos que no la extensión del poder —solo un índice de democracia si va acompañado de muchos otros requisitos democráticos, como la propia existencia del PRI demostró— es una apuesta en la dirección de lograr la dictadura perfecta que experimentó México.

¿Qué sale de este Congreso? Dentro del esquema del "socialismo real", pasamos del Estado totalitario al Estado corporativo. En él, el PCC es la corporación mayor que invita a la mesa del poder a corporaciones e intereses menores, sean internos o externos, para establecer una alianza asimétrica pero en la que todos los invitados pueden gestionar sus autonomías y satisfacer sus intereses, a condición de no contestar la legitimidad del poder, de no discutir los fundamentos del Estado y de establecer una relación crítica que no invada el campo de las decisiones políticas.

La referencia que hace Raúl Castro en el discurso inaugural del Congreso a todas las religiones, a todas las denominaciones y a todas las fraternidades es reflejo y compendio de un totalitarismo desmoralizado —que ya no puede aspirar a la representación social de la verdad—, pero que se niega a compartir el espacio público con otras verdades, y les ofrece un pacto: verdades privadas, silencio público a cambio de apoyo administrativo a intereses corporativos. Aquellas se convierten de tal manera, junto a determinados grupos intelectuales, en una pieza clave dentro de este nuevo Estado corporativo.

Desde una perspectiva ideológica existe una muestra bien extraña de esta alianza: el llamado público que hizo la Iglesia Católica para que los cubanos —léase, los trabajadores— se pusieran comprensivos frente a las duras medidas económicas que tiene que tomar el gobierno. Un papel consistente con la naturaleza de la Iglesia Católica, y sin dudas más decente que el desempeñado por la CTC, pero totalmente incompatible con el rol y las expectativas de la sociedad cubana. Que los conservadores cubanos vengan en ayuda de los revolucionarios, supuestos o reales, es algo más que la clásica pinza griega, que describe la unión de los extremos ideológicos para bloquear las posibilidades al centrismo político.

Dentro de este nuevo Estado corporativo, la militarización del Estado a través del partido y de los intereses es más visible. Ocho de los 15 miembros del Buró Político son militares, y todos tienen intereses económicos específicos. Las fuerzas armadas ya no asumen solo un papel en la defensa de la soberanía, sino que legitiman y defienden una red de intereses económicos que se han venido fraguando, al menos desde hace 20 años, en una especie de capitalismo de secuaces. Los militares constituyen la pieza clave de este nuevo tipo de Estado, y son, por razones obvias, los más fortalecidos por el VI Congreso.

La tercera pieza son los intereses económicos extranjeros. Lo específico aquí no va por las posibilidades de inversión en una economía que está ávida de capitales, sino por las posibilidades y seguridades que esos intereses adquieren para definir la estructura socioeconómica del país sin la participación, perturbación e injerencia posibles de los ciudadanos cubanos. Adquirir la propiedad de activos cubanos casi a perpetuidad, junto al desarrollo en Cuba de maquiladoras —proyecto que se cocina para la zona del Mariel, al oeste de La Habana—, constituyen prototipos de una corporativización de la economía cubana que adquiere fuerza e impulso políticos con el VI Congreso, el cual funcionó, a su vez, como aliviadero psicológico para cualquier rastro de mala conciencia que pudiera quedar por la rara asociación,—rara para quienes siguen pensando y hablando de socialismo— entre el capitalismo global y los "revolucionarios" cubanos.

El VI Congreso del PCC propuso únicamente, y en congruencia con su naturaleza, una rearticulación del poder, y no una rearticulación del proyecto de nación. Es por eso que no conecta estratégicamente con las necesidades estructurales de Cuba.

Las reformas y su ritmo, comentados en este VI Congreso, expresan clara y ejemplarmente las necesidades perentorias para rearticular, en tiempo suficiente, el poder de aquellos mismos que lo han ejercido por más de 50 años.

La desesperación mundial para que algo se mueva en Cuba —muy visible en medios de comunicación, en ámbitos diplomáticos y en algunos gobiernos— ha llevado a una sinfonía de aplausos tempranos y ruidosos en relación con las reformas. Aquí hay algo parecido al Síndrome de Estocolmo: un mendrugo de pan, en medio de un campo de concentración, al borde de la inanición de los concentrados, es todo un progreso y una muestra positiva de voluntad humanitaria.

Se puede y debe conceder esto: tomadas individualmente, las reformas son positivas. Pero su significado más claro es el de mostrar y demostrar que cuando se da un paso en dirección de la economía, esta funciona. De manera que el Congreso no definió lo que es fundamental: el cambio de las estructuras económicas, en la propiedad de la tierra, en la liberalización del trabajo en las empresas económicas del Estado, en la apertura a la gestión pública de las empresas, y en la licitación abierta con preferencia para que los trabajadores adquieran acciones, en medio de una economía de mercado y tras un plan abierto y estratégico. Por el contrario, el Congreso se decantó por un capitalismo mercantil al contado, alrededor de la compra-venta, los salarios deprimidos y la renta del Estado; en detrimento de un capitalismo productivo, moderno, basado en la gestión de los servicios, la economía del conocimiento y la apertura a la información global.

En tal sentido, el VI Congreso del Partido Comunista deja definido claramente que, en lo adelante, tendremos un gobierno de minoría para beneficio de una minoría. A menos que se siga pensando en la capacidad taumatúrgica del pensamiento mágico —el pensamiento que primó en este Congreso, lo que asegura el fracaso de unas reformas que exigen proyección estratégica, sentido realista y mentes más maduras— no hay manera de demostrar que el usufructo de la tierra, la economía privada en la infraempresa mercantil, los altos impuestos, el mercado laboral cautivo y la eventual compra-venta de la vivienda puedan beneficiar a las grandes mayorías, en medio de una economía altamente endeudada, con bajos niveles tecnológicos, de pobre entramado empresarial y sin ahorros ni capitalización suficientes. De cualquier manera, muchas de estas reformas solo eliminan prohibiciones permanentemente burladas. Lo que es saludable porque el intento sistemático de impedir algo intrínsicamente imposible es una empresa corruptora.

Esta apertura al capitalismo comercial, incapaz de aprovechar ese boom de las materias primas que beneficia a las principales economías latinoamericanas, es un regreso a la economía mercantil del siglo XIX combinado con prácticas neoliberales de fines del siglo XX, tanto en el mundo de las finanzas —al inquilino que no pueda pagar la electricidad simplemente se le corta— como en la reestructuración del empleo —los trabajadores serán lanzados a la calle a competir, sin opciones ni subsidios compensatorios, en una estructura económica limitada a 178 oficios.

Todo lo anterior se produce en medio del abandono de una agenda socialista, en la que el beneficio se determina a partir de la estructura social, para adoptar una política asistencialita —en una imitación grosera de Estados Unidos— en la que la ayuda es personalizada. Y el siglo XXI debe esperar.

Desde la realpolitik, esto merece aplausos. Desde un proyecto de nación, solo merece críticas. La cuestión para la mayoría de los cubanos no es hacer del movimiento del gobierno cubano una virtud. A fin de cuentas, a todos los gobiernos siempre se les recuerda, de un modo u otro, que están ahí para que hagan algo. Para nosotros el dilema es el de aquilatar si ese movimiento se hace en la dirección indicada, del modo correcto y al ritmo necesario. Si en las utopías el tiempo no cuenta, una vez que estamos despiertos el tiempo comienza a importar. Y podemos darnos cuenta que lo hemos perdido.

¿Qué perfiló definitivamente este Congreso? El retiro del Estado-providencia en beneficio del capital extranjero, del Estado corporativo y de ciertos intereses razonables. Nada más.

Se acelera así, con más rapidez, la cuenta progresiva de los perdedores. En primer lugar, los ciudadanos. En la medida que el Partido Comunista se desentiende de las responsabilidades administrativas para autoproclamarse como poder moral, se sigue destruyendo la capacidad de los ciudadanos para definir democráticamente y en libertad los marcos de su propia convivencia en el plano político. Un partido que racistamente sigue considerándose como superior desde la Constitución misma —la única constitución, por cierto, de las consultadas por mí, que con desenfado dice que un grupo humano es superior a los restantes grupos humanos. Semejante sacralización moral del PCC, sin fundamento alguno en sus prácticas de 50 años, es realmente peligrosa, nos acerca políticamente al Irán de los Ayatólas y da cobertura teocrática a la irresponsabilidad de aquellos que ejercen una dualidad de funciones en el Partido Comunista y en el Estado.

En segundo lugar, la cuenta progresiva de los perdedores atrapa a la tercera edad de la revolución. Los ancianos son los grandes perdedores en esta reestructuración, y esto parece obvio. La pérdida mayor para ellos es, sin embargo, moral: observar cómo la tensión entre actitudes y valores, siempre presente en los asuntos humanos, es zanjada a favor de las actitudes pragmáticas y contra los valores inculcados debe ser psicológicamente destructiva para gente que voló por encima de los sueños.

En tercer lugar los trabajadores. Favorecer a las clases medias puede ser visto como modernización. Esto, siempre que la modernización se base en una reestructuración económica que dé la oportunidad a los trabajadores de seguir siendo trabajadores, además de cuentapropistas.

En cuarto lugar, atravesando esta cadena enredada de perdedores, están los negros. Ellos no tienen ahorros ni son, en su mayoría, recapitalizables por los inversionistas extranjeros. No tienen casas ni autos que vender, ni dinero con que comprar bienes duraderos. Muchos se encuentran en las prisiones, o son candidatos a ingresar en ellas si son atrapados por las redadas esporádicas y entusiastas de la policía; son marginales por marginados y no despiertan interés, excepto el que combina lo erótico con lo exótico, para los intereses extranjeros que se mueven con velocidad a jugar golf. A lo sumo, pueden servir bien para la construcción de marinas y campos de juego, reproduciendo la estructura racial de este capitalismo batistiano que se recupera como amarga ironía de la historia. Y los negros son, más o menos, la mitad de la demografía cubana.

Para esta cadena de perdedores el VI Congreso tuvo dos ofertas. Un discurso retórico que se aferra a las palabras tradicionales de control mental, social y político de la sociedad —y todas tienen que ver con los conceptos del socialismo y del nacionalismo—, para garantizar que el poder pueda recircularse en la misma elite. Este discurso revolucionario, que confunde la Revolución con quienes la hicieron, no pudo elevarse a las cotas líricas del pasado —buscando apoyo en el pensamiento racista e integrista de Cinto Vitier— pero perseveró en su intento de romantizar épicamente la acción para mantener el entusiasmo de forma permanente, de modo de conseguir que los que aún se consideran revolucionarios se sigan levantando, día tras día, con la misma disposición para las nuevas tareas. Hasta dónde logrará impacto esta oferta repetida es cuestión de tiempo.

Y a juzgar por la aceleración del tiempo, las posibilidades indican una tendencia: la conversión rápida de los revolucionarios en ciudadanos. Frente a estos el VI Congreso ofreció, en toda su crudeza, un discurso autoritario, ese que empieza cuando se intenta justificar; cuando aparece con nitidez el agotamiento físico y emocional de las energías utópicas de una sociedad. Para los ciudadanos, el VI Congreso no empleó —no podía— su poder de persuasión, sino su capacidad de justificación y de infundir miedo. Como todo discurso autoritario y amenazante, aquel se puso a la defensiva para pretender explicar por qué el propósito utópico de la revolución ya no está. Quiso sujetar a los ciudadanos transfiriendo la culpa a los Estados Unidos y amenazando a aquellos con el castigo severo. Hizo, hasta cierto punto, una apropiación revolucionaria del discurso contrarrevolucionario para preservar el poder y liquidar a sus adversarios.

La primera víctima de esa política de solución final, después de legitimada desde lo más alto del Estado y del Partido Comunista en el VI Congreso, se llama Sara Marta Fonseca Quevedo, una vieja víctima de un gobierno que se dice nacionalista, pero que se pone del lado de intereses extranjeros frente a los mismos intereses solo porque son cubanos; y que insiste en llamarse socialista, mientras se niega de plano a poner las empresas en manos de los trabajadores. Es duro observar el linchamiento de la integridad física y moral de una persona en nombre del socialismo, cuando este solo enmascara la movida violenta hacia el capitalismo.

Para los que entienden que Cuba es solo un país en crisis que exige un reajuste de enfoques y una definición más o menos oscura del rumbo, el VI Congreso del Partido Comunista puede ser considerado un interesante punto de partida.

Pero para los que entendemos que Cuba es un país fallido que requiere un reajuste de enfoques, una redefinición clara del rumbo, forjar las bases de un nuevo contrato político y establecer una nueva claridad moral, el VI Congreso del PCC es una mera oportunidad para alcanzar la felicidad en los términos que la describía un analista político: hacerse el tonto y tener un par de artefactos. Los que puedan.

(1) Mujalismo, por Eusebio Juan Salvador Mujal Barniol, quien fuera secretario general de la Confederación de Trabajadores Cubanos de 1947 a 1959, es decir en época de Fulgencio Batista. Fue Senador por dos períodos y participó en la Asamblea Constituyente de 1940. Un político de triste figura para el movimiento sindical. Se entiende por mujalismo en Cuba la tendencia sindical que responde más al poder político que a los intereses de los trabajadores.