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VENEZUELA.- Hiperinflación, caos económico y desintegración social

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Por Orson Mojica

La economía de Venezuela, en el transcurso del siglo XX, ha dependido del modelo de exportación petrolero. Cuando los precios del petróleo fluctúan, las consecuencias las sufre el pueblo venezolano.

Cuando Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela en el año 1998, el precio del petróleo andaba por los 10 dólares. La insurrección popular conocida como el Caracazo, ocurrida 11 años antes (1987), precisamente por el derrumbe de los precios del petróleo a nivel mundial, y los bajos precios del petróleo en el año 1998, crearon un contexto favorable para que Chávez ganara las elecciones. Cuando Chávez murió, en el año 2013, el precio internacional del petróleo superaba los 100 dólares, llegando a su clímax. Al año siguiente, comenzó otro desplome de los precios del petróleo a nivel mundial, y con ello se inició nuevamente la caída de la economía venezolana.

Hoy la situación es casi la misma al año 1987 y 1998 (bajos precios del petróleo y grave crisis económica) pero con una enorme diferencia política: la crisis económica ocurre después de casi dos décadas de gobiernos del chavismo. El gobierno de Nicolás Maduro se ha transformado ahora en una dictadura cívico-militar, que se resiste a abandonar el poder, pero tampoco soluciona la crisis económica, esperando vientos favorables que le permitan salir del atolladero.

Dependencia del petróleo y de las importaciones

La riqueza petrolera venezolana ha sido como una maldición. El país se acostumbró el incesante flujo de petrodólares. Resultaba más fácil y barato comprar los productos en el mercado mundial, que producirlos en Venezuela. Con ello se inició un interminable ciclo de dependencia de las importaciones, creándose también una enorme red de corrupción alrededor del manejo de las divisas y de las compras en el extranjero.

Chávez no rompió ese modelo de capitalismo dependiente del petróleo, sino que se montó en el mismo para proclamar el “socialismo del siglo XXI” Bajo los gobiernos de Hugo Chávez, en medio de la bonanza petrolera, el gasto público pasó del 24% al 40% del PIB, una cifra altísima que dio muchos réditos políticos al chavismo. El modelo nunca fue cuestionado mientras existiese el flujo de petrodólares. Ahora la situacion es diferente.

Endeudamiento y agotamiento del modelo petrolero

Pero ya desde el año 2012, un año antes de la muerte de Chávez, el modelo chavista consistente en un permanente aumento del gasto social para combatir la pobreza y consolidar su clientela política, ya estaba dando síntomas de crisis y agotamiento. Ese año, las importaciones de Venezuela descendieron en un 80%. En 2013, un año antes del desplome de los precios del petróleo, el déficit de las finanzas públicas representaba el 15% del PIB. Para mantener las apariencias del modelo, en un momento crítico como fue la muerte de Chávez, se recurrió a un mayor endeudamiento.

Para el año 1998 la deuda externa per cápita era de 1.693,29 dólares. Para el año 2017, había subido a 4,720 dólares, es decir, aumentó el 64,1%. Para el año 2017, la deuda externa de Venezuela se calculaba en 150,000 millones de dólares. El 70% de esta deuda está en bonos, principalmente en manos de inversionistas independientes, la mayoría de Estados Unidos.

La asfixia financiera del gobierno de Maduro se acentuó con las recientes medidas adoptadas por Donald Trump, quien estableció prohibiciones a los procesos de renegociación de la deuda externa venezolana.

En el año 2018, el gobierno de Venezuela deberá pagar US$ 8.400 millones de dólares en concepto de deuda externa, de los cuales US$ 5.500 millones son de bonos República en deuda soberana y US$ 2.900 millones de bonos de PDVSA. En los próximos diez años, Venezuela deberá pagar US$ 91.000 millones de dólares por concepto de deuda pública externa. En el año 2017 Venezuela ya no pudo pagar sus deudas. Este año 2018, de manera inevitable, entrará nuevamente en default, es decir, no podrá honrar sus compromisos de deuda. Un ciclo que muestra la economía “cuesta abajo y de rodadas”.

Los gobiernos de China y Rusia han socorrido financieramente al gobierno de Nicolás Maduro, otorgando prestamos onerosos, cuyos pagos son garantizados con barriles de petróleo. Aun así, las reservas internacionales de Venezuela continúan cayendo. Antes del año 2013, se calculaban en 30.000 millones de dólares, para el año 2017 habían caído a 10.000 millones de dólares y la tendencia es hacia abajo.

Todos los indicadores macroeconómicos muestran que la economía de Venezuela está postrada, en cuidados intensivos y con pronóstico reservado.

Crisis económica e hiperinflación

Con menos ingresos de petrodólares, sin fuentes de financiamiento internacional, el gobierno de Nicolás Maduro ha tenido que recurrir a la impresión de billetes que no corresponden al valor de los bienes en la economía. Este es el origen de la hiperinflación.

Acorralado a nivel interno por el crecimiento de la oposición derechista, que terminó controlando la Asamblea Nacional en diciembre del 2015, el gobierno de Maduro no ha podido imponer un plan de ajustes brutal para poner en orden la economía, por el riesgo de perder más base social. Entones, ha tenido que aplicar medidas hibridas, que contienen un ajuste neoliberal a medias, que no lo aplica en la dimensión que la economía capitalista lo requiere, castigando con mayor rigor a la clase media, mientras todavía mantiene algunos subsidios para los pobres, pero en condiciones cada vez más precarias.

El resultado de la crisis es el caos económico. Según FEDECAMARAS, de 12,000 empresas privadas existentes, la mitad ha tenido que cerrar operaciones, afectando los niveles de empleo. En el año 2017, la inflación había acumulado 1,115%, pero los salarios apenas habían subido un 555%. Las soluciones de Maduro no lo hacen quedar bien ni con los empresarios, mucho menos con los trabajadores.

Reducción de divisas, desempleo y éxodo masivo

En 2015, según datos oficiales del Banco Central de Venezuela (BCV) la inflación fue del 180,9%, alcanzando por primera vez los tres dígitos. En 2016 se triplicó y terminó en 550%. En 2017 pego un salto espectacular y cerró en 10,000%. En el primer semestre del 2018, alcanzó la astronómica cifra de 46.305%. Y los pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que puede cerrar el año 2018 con la cifra de 700,000%. Una verdadera catástrofe de la economía, cuyas consecuencias las pagan las masas trabajadoras y los pobres de Venezuela.

Estas cifras son escalofriantes. Alemania en 1923 llegó a tener una hiperinflación de 26,000.000.000 lo que condujo posteriormente al ascenso de Hitler al poder en el año 1933. Y un ejemplo más cercano es Nicaragua en 1987 cuando la hiperinflación llegó al 33,547%, la más alta del mundo en ese momento, tres años después se produjo al triunfo electoral de alianza derechista de la UNO.

Según el FMI, la tasa de desempleo será del 33,3% en 2018 y del 37,4 para 2019. El cierre de la mitad de las empresas no solo trajo desempleo masivo, sino un éxodo que no tiene comparación en la historia de Venezuela. A partir del año 2014 el éxodo masivo de venezolanos que huyen de la crisis, pegó un enorme salto: siete de cada cien venezolanos (2,3 millones de personas) han abandonado el país, conforme datos de la ONU. La mayoría viaja a países limítrofes como Colombia, Perú, Ecuador y Brasil. Entre 2015 y 2017, la emigración hacia otros países de Sudamérica aumentó más de un 900%. Colombia tiene casi un millón de migrantes venezolanos en su territorio, quienes viven en condiciones deplorables. En cambio, los sectores de clase media viajan a otros países como Canadá, España y Estados Unidos. En este último país deben enfrentar las duras restricciones migratorias de la administración Trump.

El “Bolívar Soberano”: una brutal devaluación y plan de ajuste

Después de algunas vacilaciones y posposiciones, finalmente el gobierno de Maduro decidió aplicar un plan de conversión monetaria: el “Bolívar fuerte”, creado en enero del 2008 y que coexistió con el Bolívar en los últimos 10 años, fue sustituido por el “Bolívar soberano” el 20 de agosto del 2018. Detrás del afán de quitar cinco ceros al Bolívar, se esconde una monstruosa devaluación que hace desaparecer el poco nivel adquisitivo de los maltrechos salarios. El gobierno de Maduro pretende sustituir el Bolívar fuerte por el Bolívar soberano, y el primero subsistirá únicamente para redondear transacciones como si fuesen centavos de la segunda moneda.

En el año 2017 un dólar equivalía a 3,165 Bolívares, en el año 2017 un dólar se cotizaba a 111,143 Bolívares. Pero en año 2018, el dólar llegó a vales casi 6 millones de Bolívares. Con la nueva moneda, el dólar se cotiza de entrada a 60 Bolívares Soberanos. A pesar que el gobierno lo aumentó 34 veces el salario mínimo, con la nueva moneda éste quedó en 180 Bolívares Soberanos, equivalente a 30 dólares. Nunca antes los trabajadores habían ganado tan poco: un dólar diario. El Bolívar Soberano es la segunda gran conversión monetaria bajo las dos décadas de gobierno chavista.

Entre las medidas económicas, Maduro anunció que el “Petro”, la moneda virtual chavista para sortear el bloqueo financiero, tendría el valor equivalente a 60 dólares, es decir, el valor de un barril de petróleo, equivalente a 3600 Bolívares soberanos. Pero el plan de ajuste no solo contempla devaluación y reconversión monetaria, sino también reducción del déficit fiscal, lo que implica nuevos impuestos (aumento del IVA) y reducción del gasto público. De aplicarlo, se acabaría el modelo chavista de alta inversión en el gasto social, lo que tendrá consecuencias políticas a corto plazo.

El Paro Nacional en protesta

La oposición venezolana convocó a un Paro Nacional de 48 horas para el día 21 de agosto cuando comenzó la conversión monetaria. Una parte del país se sumó a la protesta: un sector de comerciantes y empresas pararon, pero fueron superados por la vorágine y la incertidumbre económica creada por la devaluación y la conversión monetaria.

Sombrías perspectivas para Venezuela

Venezuela se derrumba ante nuestros ojos. Nos cuesta creerlo, pero eso lo que realmente está ocurriendo. Bajo un inclemente bloqueo financiero del imperialismo, víctima de los propios errores estratégicos del chavismo que no rompió con la dependencia petrolera, ni invirtió en un proceso de industrialización de Venezuela y de desarrollo de un mercado interno, el gobierno de Maduro decidió mantener el rumbo capitalista, haciendo que los trabajadores y las masas paguen las consecuencias.

El futuro de ese plan de ajuste y de conversión monetaria no está garantizado. El problema es que la inflación no se combate con quitarle ceros a la moneda, sino solucionando el problema de la producción y la productividad, lo que resulta muy difícil dado el nivel de postración actual de la economía.

Para mantener el actual rumbo capitalista, la conducción del chavismo, representada por Nicolás Maduro, se ha convertido en los hechos en una nueva dictadura, que dice defender la revolución bolivariana, pero que en realidad la está conduciendo a su sepultura, en la medida en que está destruyendo el tejido social de la clase obrera, la única que puede darle un giro a la economía, con medidas auténticamente anticapitalistas.

Si los trabajadores no logran levantar la cabeza y ponerse al frente de la nación venezolana en el corto plazo, desplazando y superando a la conducción del chavismo, lo más probable es que la oposición de derecha capitalice políticamente la situación, creando las condiciones para un reaccionario cambio de gobierno. Eso seria catastrofico para el conjunto de America Latina.

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VENEZUELA.- Después de las elecciones de mayo del 2018: ¿evoluciona el gobierno de Maduro hacia la dictadura?

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Por Orson Mojica

La crisis venezolana tiene larga data, y por ello mucha gente se ha acostumbrado a esa realidad que no parece cambiar, perdiendo el interés por lo que ocurre en Venezuela y el famoso experimento del “socialismo del siglo XXI”, basado en los petrodólares del capitalismo.

Crisis económica y sanciones internacionales

Desde agosto del 2017, la administración Trump ordenó sanciones que impiden a Venezuela refinanciar su abultada deuda externa. Posteriormente, Canadá y la Unión Europea, aumentaron la asfixia financiera sobre Caracas, agravando la crisis económica y financiera. Incluso, hubo de parte de los imperialismos, sanciones especificas contra Nicolás Maduro y algunos de sus ministros, como la congelación de activos personales.

Este bloqueo financiero no pretende derrocar al gobierno chavista sino presionar al Ejercito para que de un golpe de Estado o encuentre una salida negociada con la oposición, que cree las condiciones para el establecimiento de un gobierno de transición.

Alejandro Werner, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el Hemisferio Occidental, analizando la crisis en Venezuela, expresó que "Se trata de una de las principales crisis que hemos visto en la historia de la economía moderna. Si uno ve los colapsos económicos que han ocurrido en los últimos 50 años, el colapso actual de Venezuela se encuentra entre los primeros 15 (…) en cinco años, la economía venezolana se contrajo alrededor de 45% (…) el gran problema para la economía venezolana es la caída en la producción de crudo que hemos visto en los últimos 18 meses, que ha sido espectacular. Ha caído en 50% en un período muy corto". (AFP, 24/05/2018)

La hiperinflación acumulada de Venezuela es del 13.000%. Esto ha aumento los niveles de pobreza. Según las principales universidades venezolanas, la pobreza alcanzó 30,2% y la pobreza extrema 51,5% en 2016, pero el gobierno las ubica en 18,3% y 4,4% respectivamente.

A la caída de los precios internacionales del petróleo (en el último periodo de produjo un aumento relativo de los precios internacionales del petróleo), ahora habría que agregar este nuevo elemento: la drástica caída de la producción del principal producto de exportación.

Una oleada de protestas populares

El deterioro de la situación económica, producto del descenso prolongado de los precios del petróleo, provocó una oleada de violentas protestas populares en 2014, 2016 y 2017, que el gobierno de Nicolás Maduro llamó despectivamente “guarimbas”.

Los partidos derechistas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) han intentado aparecer como la conducción de estas protestas populares, cuando en realidad las protestas han estallado espontáneamente y en muchos casos los activistas de derecha llegan solo a la hora de la fotografía. Es un craso error considerar que se trata de masas derechistas. Las masas populares, incluidos sectores de clase media tradicionalmente antichavistas, salen a pelear a las calles contra la crisis económica que les reduce los salarios y los niveles de vida, contra un gobierno que aplica medidas capitalistas en nombre del “socialismo”.  

Al gobierno de Maduro le interesa esta confusión ideológica, creando la falsa visión de un enfrentamiento entre derecha e izquierda, cuando en realidad se trata de protestas contra las políticas económicas del gobierno, que utiliza las escasas divisas, no para alimentar a la población más pobres, sino para mantener funcionando las empresas de la nueva “boliburguesía”.

Las protestas de 2017 dejaron un saldo de más de 120 muertos, centenares de heridos y más de cinco mil opositores detenidos.

Una vez más fracasan el diálogo y las negociaciones

En febrero del 2018 se suspendieron las negociaciones iniciadas en República Dominicana, las que habían creado la expectativa de una solución negociada que permitiría la participación de la oposición burguesa en las elecciones presidenciales del 2018.

Mientras el gobierno de Nicolás Maduro maniobraba, haciendo creer que era posible encontrar la famosa salida negociada, dio una puñalada certera al adelantar las elecciones presidenciales para el mes de mayo del 2018, aprovechando la crisis y la división entre los partidos de la MUD. La prolongada lucha de la oposición burguesa contra el chavismo ha provocado a la larga el surgimiento de divisiones, sobre todo después del golpe recibido con las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, que implicó la disolución en los hechos de la Asamblea Nacional, donde estaban atrincherados los partidos de derecha.

Pero la principal debilidad de los partidos de la MUD residía en el hecho que desde su control absoluto sobre la Asamblea Nacional no lograron solucionar los problemas económicos que afligen a la población. En realidad, estos problemas no tienen solución porque Venezuela depende absolutamente de los precios del petróleo, y el modelo chavista lo que hizo fue aprovecharse de los altos precios del petróleo en el periodo anterior, para repartir una parte de la renta petrolera entre la población más pobre, dejando intacta esa economía altamente dependiente de las fluctuaciones del precio del petróleo a nivel internacional.

Las maniobras del chavismo

En la defensa del poder, el chavismo ha realizado maniobras de todo tipo. La primera, la más importante, es que las elecciones han dejado de reflejar la voluntad popular. Ya no estamos ante las elecciones transparentes realizadas cuando Hugo Chávez vivía, durante el boom de los precios del petróleo, lo que le permitía tener los recursos necesarios para ganar limpiamente las elecciones, obteniendo una sólida mayoría.

En el contexto de la crisis económica, las elecciones han perdido su transparencia. Diferentes partidos denuncian maniobras, atemorizamientos, cambios abruptos en el padrón electoral, etc. En periodo de crisis, los mecanismos de la democracia burguesa ya no son suficientes para convencer a la mayoría y sostenerse en el poder.  Antes de impulsar profundos cambios económicos que permitieran la participación activa de los trabajadores y conquistar la mayoría de las masas populares, el chavismo optó por manipular los procesos electorales y con ellos influir en los resultados finales.

Para muestra un botón. Para enero de 2016, estaban registrado ante el Consejo Nacional de Elecciones (CNE) alrededor de 59 partidos políticos nacionales, para las elecciones del 2018 solo quedaban 17, de los cuales 12 son considerados satélites del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). La reducción de la cantidad de partidos es un reflejo directo de la crisis económica y de las maniobras gubernamentales por disolver el pluralismo de la época de Hugo Chávez.

Por si existen dudas, otro botón. A finales de enero del 2018, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), absolutamente controlado por el chavismo, utilizando el pretexto de la doble militancia, prohibió que la MUD se inscribiera como una alianza multipartidaria en las próximas elecciones. Evidentemente, el objetivo central era evitar la unidad de la oposición burguesa. Esta unidad fue lo que les permitió en 2015 ganar la mayoría absoluta de diputados de la Asamblea Nacional.

Al prohibir la inscripción de la MUD, el chavismo estaba forzando a los partidos de derecha a tomar el camino de la separación, o de abstenerse. Los dos caminos eran mortales, porque pese a la grave crisis económica el chavismo sigue teniendo un importante caudal electoral, si analizamos a cada partido por separado. Al final, la MUD, contra su voluntad, solo le quedo el camino de la abstención, como ocurrió en las elecciones parlamentarias del año 2005. Pero ahora la situación era sumamente grave porque se trataba del intento de relección de Maduro, quien quedaba con la vía libre, sin una oposición capaz de disputarle el poder.

Reelección anunciada, opacada por la altísima abstención

Bajo esas condiciones, la reelección de Nicolás Maduro estaba garantizada. Un mes antes de las elecciones, la encuestadora Meganálisis había pronosticado que la no inscripción de la MUD provocaría que el 67.5% del electorado no participara en las elecciones del 20 de mayo del 2018. Una alta abstención parecida a las elecciones municipales realizada en diciembre del año 2017 (de 19.504, 106 votantes inscritos, solo participaron 9.139,564 votantes, es decir, se abstuvieron 10 millones de votantes). Esta abstención no es otra cosa que un masivo rechazo pasivo al gobierno de Maduro.

Para el año 2018, el padrón electoral de Venezuela contaba con 20.526,978 votantes inscritos, pero según las cifras oficiales solamente votaron 9.383,329 personas, con una tasa de abstención del 54%, la más alta en la historia contemporánea de Venezuela (la participación fue penas del 46%).

Nicolás Maduro fue reelecto con 6.245,862 votos, que representan el 67.84 % de los votos válidos, pero que en relación al padrón electoral se reduce al 30,4%. En relación al conjunto de la sociedad venezolana, de aquellos que tienen capacidad de decidir, Nicolás Maduro obtuvo apenas el 30,4%. Y eso si aceptamos como reales y fidedignos los resultados, en unas elecciones donde no hubo fiscales de los principales partidos opositores.

Los resultados oficiales del CNE reflejan un fenómeno que ya se apreciaba: el chavismo dejo de ser mayoría en Venezuela, agrupa apenas el 30,04% de los venezolanos, es decir, de cada tres venezolanos uno se reivindica chavista, los otros dos no lo son.

¿Del bonapartismo a la dictadura?

Bajos los gobiernos de Hugo Chávez (1999-2013), el régimen político en Venezuela era un bonapartismo sui generis, el gobierno se apoyaba en el movimiento de masas para renegociar las cuotas de ganancia de la renta petrolera. Este era el origen material del enfrentamiento entre Chávez y el imperialismo.

La muerte de Chávez coincidió con el descenso de los precios del petróleo y el inicio de la crisis económica, lo que provocó una transformación del régimen, que pasó a convertirse, bajo el primer gobierno de Nicolás Maduro (2013-2018), en un bonapartismo que pierde apoyo de masas y, por lo tanto, adquiere una naturaleza reaccionaria.

Bajo este segundo gobierno de Nicolás Maduro (2018), están sentadas las bases para un régimen dictatorial, cuya principal base de apoyo es el Ejercito (cada vez más fracturado), y por el hecho evidente que el pueblo venezolano ha perdido la capacidad de decidir libremente la formación de su gobierno, actualmente solamente un tercio de la población le apoya y por el hecho en que todo el periodo anterior se caracterizó por un recorte constante de las libertades democráticas.

Bajo semejante crisis económica, asediado por el imperialismo a nivel internacional, por un lado, con un creciente descontento social a nivel interno, por el otro, sin recursos económicos para consolidar la base social tradicional del chavismo, el segundo gobierno de Maduro solo puede sostenerse en el poder mediante un régimen dictatorial, colgándose de un clavo incandescente.

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VENEZUELA.- El gran negocio de la deuda y venta de bonos, alimentados por la crisis

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Por Orson Mojica

Hay un aspecto de la crisis venezolana que no es percibido por el lector común. El enfrentamiento por el poder tiene como trasfondo el destino de las enormes riquezas petrolera de Venezuela. Hay muchos intereses económicos en juego, por ello la solución de la crisis política no es tan sencilla.

El fin de la bonanza petrolera

Cuando Hugo Chávez fue electo presidente de Venezuela en 1998 el precio del barril de petróleo estaba en 11q dólares. En 1999 pasó a 16 dólares y en 2004 estaba en 32 dólares, en 2008 subieron a 88 dólares, en 2009 descendieron un poco por la crisis financiera internacional, pero en 2011 pasaron a 103 dólares. Entre 1999 y 2014, Venezuela recibió US$960.589 millones. Un promedio de US$56.500 millones anuales durante 17 años (BBC 25/02/2016)

Este fue el periodo de esplendor del chavismo, un gobierno nacionalista que repartió algunos de los beneficios de la renta petrolera ante la inmensa mayoría de la población, algo que los gobiernos anteriores no habían hecho. En casi dos décadas de bonanza, el chavismo utilizó la renta petrolera para consolidar su base social de apoyo. Cada vez que había campaña electoral, el chavismo aceleraba los gastos y con ello el endeudamiento.

Creciente endeudamiento y emisión de bonos

Pero a la par de la bonanza petrolera, el chavismo también inició un periodo de mayor endeudamiento del Estado, abriendo un fabuloso mercado de bonos. El endeudamiento fue justificado en el hecho que el Estado podía pagar cualquier crédito. Entre 1999 y 2011, PDVSA emitió bonos por un valor de  US$54.327 millones de dólares. Pero la emisión de bonos es un negocio fabuloso para los banqueros y organismos financieros, ya que por cada bono que compran deben pagarles determinados intereses.

En la medida en que la estatal PDVSA obtiene menos dólares por la caída de los precios del petróleo, esta se ve obligada a obtener dinero líquido a través de la venta de bonos. Esto no es más que un mecanismo de especulación financiera que tiene, eso si, una base material: las reservas de petróleo y los activos de la propia empresa PDVSA.

En momentos de dificultades financieras, el gobierno de Maduro ha tenido que suscribir créditos ante Rusia y China, pero también ante banqueros de Wall Strett. Venezuela enfrenta compromisos de hasta 2027 por US$92.750 millones para pago de intereses y capital.

En pocas palabras, ante la caída de los precios del petróleo, el gobierno de Maduro ha logrado sostenerse en el poder obteniendo los recursos mínimos a través el endeudamiento y la emisión de bonos. Esto lo permite superar la crisis, la falta de alimentos y medicinas de la mayoría de la población, ni permite superar la alta inflación, pero le da el respiro mínimo para evitar su caída.

La compra de bonos por Goldman Sachs

Mientras la lucha política sigue su curso en las calles de las ciudades de Venezuela, con enfrentamientos contra la Policía, encarcelados, muertos, heridos y presos, las negociaciones de alto nivel con los banqueros y las empresas petroleras transnacionales también sigue su curso.

El gobierno de Maduro, acorralado por una creciente oposición de masas, no tiene otra salida que recurrir a más endeudamiento, y con ello pone en peligro la soberanía nacional de Venezuela que tanto jura defender.  A finales de Mayo se dio a conocer la noticia que el Grupo Goldman Sachs Inc, uno de los más fuertes del mundo, selló una compra de bonos de PDVSA por la cantidad de 2.800 millones de dólares de valor facial. En realidad, Goldman Sachs aportó $ 856 millones en efectivo, pero recibirá $ 3.747 millones en efectivo en 2022. Una ganancia fabulosa de 333% en menos de cinco años.

Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, criticó la venta de bonos y la calificó de ilegal, ya que conforme la Constitución de 1999, este tipo de transacciones necesita la aprobación del órgano legislativo, y envió cartas a los grupos financieros alertándolos de que: "Tengo la intención de recomendar a cualquier futuro Gobierno democrático en Venezuela a no reconocer ni pagar estos bonos” (Telesur, 30/05/2017)

Quizá ahora se comprenda mejor porque una de las primeras decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), convocada por Nicolás Maduro, haya sido despojar a la Asamblea Nacional, de sus facultades legislativas, por el control que tiene de ella la oposición derechista.  

Miguel Jaimes, experto en geopolítica petrolera y simpatizante del gobierno de Maduro, justifica el endeudamiento y la venta de bonos con el hecho que “Venezuela ni está quebrada, ni está empeñada, ni está en default. Venezuela paga todas sus deudas y todos los compromisos adquiridos. Ni siquiera el Estado ha apelado a su derecho de refinaciamiento, sino que más bien ha otorgado todos sus pagos de los intereses que ha suscrito en los diversos convenios (…) Tenemos las reservas de petróleo más grandes del mundo, representamos la cuarta reserva mundial de gas y una de las primeras reservas mundiales de oro y diamantes, este es el pasaporte que Venezuela presenta al mundo”. (Telesur, 30/05/2017)

Jaimes no está mintiendo sobre las enormes riquezas naturales de Venezuela, ni sobre el hecho que la venta de bonos es un gran negocio para quienes los comprar, donde miente es en el hecho de justificar el endeudamiento en aras de sostener al moribundo gobierno de Maduro.

La oposición de la administración Trump

Desde mayo, voceros del departamento de Estado de los Estados Unidos expresaron sus inquietudes en relación a la compra de los bonos de PDVSA, por parte de empresas norteamericanas.

El 25 de agosto, la administración de Donald Trump dio un paso más hacia adelante, apretando la tuerca contra el gobierno de Maduro, al firmar una orden ejecutiva que prohíbe a las empresas norteamericanas realizar transacciones financieras con el gobierno de Maduro.

Trump justificó su decisión de esta manera: “La decisión del régimen (de Maduro) de crear una Asamblea Constitucional ilegitima y de contar con una entidad que usurpa los poderes de la Asamblea Nacional democráticamente electa; representa un rompimiento del legítimo orden constitucional de Venezuela (…) Las medidas están cuidadosamente calibradas para negarle a la dictadura de Maduro recursos críticos que financien y mantengan su mandato ilegítimo, para proteger al sistema financiero de Estados Unidos de cualquier complicidad con la corrupción en Venezuela, el empobrecimiento del pueblo venezolano y que permita la asistencia humanitaria”. Y concluye que “Estados Unidos reitera su llamado a que en Venezuela se restaure la democracia, se lleven a cabo elecciones libres y justas, se libere inmediatamente de manera incondicional a todos los prisioneros políticos y se ponga fin a la represión del pueblo venezolano” (Proceso 25/08/2017)

El gobierno de Trump tiene fuertes nexos con las transnacionales petroleras de Estados Unidos, pero en este caso se aprecia una contradicción con el negocio realizado por Goldman Schas. No cabe la menor duda que las transnacionales petroleras no quieren que otros sectores financieros se queden con las ganancias. Con esta jugada, Trump busca dos objetivos. En primer lugar, prepara las condiciones para una mayor injerencia de las empresas petroleras norteamericanas, especialmente de la Esso Estándar Oil. En segundo lugar, busca arreciar las presiones sobre el gobierno de Maduro, para obligarle a realizar una transición democrática, con la participación de aliados o agentes que garanticen los intereses de las empresas norteamericanas.

Con las sanciones financieras, Trump está prohibiendo la reestructuración o emisión de nueva deuda por parte de PDVSA, aunque esta empresa había llegado ya a sus límites de máximo endeudamiento. Mientras tanto, Estados Unidos continúa comprando el petróleo venezolano, pagando en efectivo, y este dinero va obviamente a las arcas del gobierno de Maduro.

La tenaza del imperialismo norteamericano

El imperialismo norteamericano está actuando con una enorme tenaza, que tiene dos lados. Por un lado, está el sector duro, representado por Trump, que ataca verbalmente y en los hechos al gobierno de Maduro. Pero esta también el otro lado, más moderado, representado por el vicepresidente Mike Pence. No son dos sectores antagónicos, sino la división del trabajo contra el gobierno de Maduro. El ala dura de Trump crea condiciones para una negociación que teje el ala moderada de Pence, quien, en su última gira por países de América Latina, buscó como construir un consenso regional contra el gobierno de Maduro.

Trump amenazó con una salida militar en Venezuela, pero fue antes del viaje de Pence. Por si caben dudas sobre cuál es la política real del imperialismo, el almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, declaró recientemente que "la mejor solución para los problemas en Venezuela es lo que todos los países han reconocido, que es la opción diplomática, una solución regional para un problema regional". (El universal, 25/08/2017)

Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos, aclaró que las sanciones financieras “no pretende cambiar el liderazgo de Venezuela "per se", sino que intenta "restaurar el proceso democrático y el Estado de Derecho".(El universal, 25/08/2017)

La repuesta del gobierno de Maduro

Ante las sanciones financieras de Trump, el gobierno de Maduro llamó a una reunión urgente a los tenedores de bonos de PDVSA. Según las estadísticas oficiales, el 62% de los tenedores de bonos son estadounidenses, y el 12 % británicos.

En un discurso, Maduro dijo que “la revolución tiene capacidad económica, tiene capacidad financiera y Venezuela tiene capacidad económica y poder financiero, no serán cuatro imperialistas los que puedan con nosotros ni hoy ni nunca" (EFE, 25/08/2017)

A pesar de las bravuconadas de Maduro, hay un hecho real: la crisis venezolana ha permitido un fabuloso negocio de emisión de bonos, que implicó el pago de 65,000 millones de dólares en los últimos 24 meses, según declaraciones del propio Maduro.

Los trabajadores al frente

La situación se complica cada día que pasa. El bloqueo a ciertas transacciones financieras se hará sentir en los próximos meses. Los sindicatos y los trabajadores venezolanos deben ponerse al frente de la lucha, rechazando los chantajes del imperialismo, y destinando los escasos recursos para satisfacer las necesidades vitales de la población, especialmente de los más pobres.

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VENEZUELA.- Después del 15 de octubre: ¿se recompone el Chavismo?

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Por Nassar Echeverria

El pasado 15 de octubre se realizaron las esperadas elecciones regionales para elegir gobernadores de los diferentes Estados en Venezuela, una república federal. Los resultados no fueron, como auguraban las encuestas, un triunfo para la oposición burguesa agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), como ocurrió en diciembre del 2015 cuando lograron mayoría absoluta dentro de la Asamblea Nacional. Al contrario, parece más bien una derrota de la oposición burguesa y un triunfo para el chavismo, que venía maltrecho desde la derrota electoral del 2015.

Datos oficiales del CNE

Según los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ganó 18 de las 23 gobernaciones, mientras la MUD se impuso en 5, con una participación del 61,14% del padrón electoral. Los datos oficiales indican que el chavismo ganó con el 54% de los votos, mientras la MUD ganó con el 45%

Apenas se conocieron los primeros resultados, el chavismo, tocó las campanas al vuelo. El presidente Nicolás Maduro gritó emocionado: “Es una victoria tajante. El chavismo arrasó en las elecciones".

Comparación de las elecciones del 2012 y 2017

Pero, en realidad, si comparamos los resultados de las elecciones regionales del año 2017, con las realizadas en el año 2012, cuando todavía vivía Hugo Chávez, debemos tomar con pinzas los actuales resultados electorales.

En el año 2012 el padrón electoral estaba en 17,421.946 electores, de los cuales votaron únicamente 9,233,631 personas. Ese año el nivel de participación se calculó en 53.94%. Es decir, del total de ciudadanos inscritos solamente votó el 54 %, obteniendo el chavismo 20 de las 23 gobernaciones de Estado, mayoría parlamentaria en 22 de 23 consejos legislativos estadales.  La oposición burguesa 3 gobernaciones.

En el año 2017, avanzó un poco pasando de 3 a 4 gobernaciones (Zulia, Mérida, Tachira y Anzoátegui), mientras que el chavismo retrocedió de 20 a 18 gobernaciones, es decir, en términos numéricos perdió dos gobernaciones. El padrón electoral estaba conformado por 18.082,006 (Un millón más que el 2012), de los cuales votaron 11.035,898 (casi dos millones más de personas que en 2012).

¿Quién salió derrotado?

Entonces, la comparación nos obliga a relativizar los resultados para uno u otro bando. Si bien es cierto que el chavismo logró evitar una derrota electoral, como la sufrida en el año 2015, lo anterior no significa necesariamente que se está produciendo una recomposición del chavismo, es decir, no significa que el chavismo está recuperando el auge de masas de sus mejores tiempos.

Al contrario, la comparación muestra un leve avance de la derecha al controlar dos gubernaturas más, aunque perdió el estratégico Estado de Miranda (un gran centro urbano metropolitano) que demuestran que el auge de la derecha parece estarse deteniendo.

Orígenes de la crisis de la derecha

El chavismo, a pesar de su crisis, ha mostrado una férrea voluntad de mantenerse en el poder, a cualquier costo. En toda confrontación política o militar, la voluntad de los contendientes es determinante para derrotar al otro. El factor de la voluntad puede terminar cambiando cualquier realidad adversa, todo depende de las circunstancias.

En el caso de Venezuela, el primer golpe que asestó el chavismo fue la imposición de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que obviamente reafirmó a Nicolás Maduro en la presidencia, quitó poderes legislativos a la Asamblea Nacional, y aprovechando la división de la MUD en torno a si debía participar en las elecciones regionales, adelantó la fecha de las elecciones del 10 diciembre para el 15 de octubre.

El golpe de la imposición de la ANC causó división en la MUD. Se formaron dos grandes corrientes. Una corriente ultra derechista con una posición dura, encabezada por María Corina Machado, que estaba a favor de no participar en las elecciones regionales, para no legitimar a la dictadura chavista. La otra corriente, representada por Henry Ramos Allup, secretario general de Acción Democrática (AD), rompió el frente antichavista anunciando que su partido se inscribiría para las elecciones regionales. La unidad férrea que permitió el triunfo del 2015, se rompió y así la MUD decidió participar en las elecciones creyendo que podrían devolver el golpe asestado con la imposición de la ANC.

¿Cambios en el sistema electoral?

La MUD denuncio la realización de un fraude electoral en las elecciones regionales, algo realmente novedoso, porque en las peores derrotas que Chávez asestó a la derecha, nunca se habían realizado denuncias de ese tipo.

Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, afirmó que el CNE había hecho trampa en las elecciones regionales. “La trampa no está en las actas (Las tenemos). La trampa ocurre antes, y es un proceso más sofisticado que requiere auditoría internacional".

Esta denuncia coincide con una declaración oficial de la MUD, que denunció “Los cambios bruscos de centros de votación es una técnica conocida como ratón loco utilizada por el gobierno de Nicaragua para desconcertar a los votantes opositores”.

La MUD también confirmó que “al menos a 1.000.080 electores se les impidió u obstaculizó votar en centros históricamente favorables a la oposición, por máquinas dañadas, mesas que no abrieron o que tuvieron retrasos injustificados hasta altas horas de la noche. Mas de 700 mil venezolanos que fueron migrados de sus centros 48 horas antes de la elección e inclusive el mismo día de la elección”.

No obstante, los 4 gobernadores de la MUD, pertenecientes a AD, han aceptado juramentarse ante le ANC, y con ello han acelerado la fractura de la oposición burguesa

Una interpretación diferente

Es muy probable que el chavismo haya realizado maniobras en el sistema electoral, para desorganizar el voto opositor, pero el problema central es que no presentan pruebas contundentes.

Ante la falta de pruebas, debemos analizar políticamente lo que realmente pasó. En primer lugar, lo que no debemos olvidar, es que la crisis económica continua, y se manifiesta cotidianamente en una alta inflación que devora los salarios, una escasez de productos básicos y medicinas, escasez de divisas, en fin, la economía venezolana, altamente dependiente de los precios del petróleo, sigue siendo el origen del enorme descontento popular. Las encuestas sitúan que 3 de cada 4 venezolanos consideran al gobierno de Maduro como un verdadero desastre. Este sentimiento se mantiene. Es falso que el chavismo se recompone, a pesar de su relativa victoria electoral del 15 de octubre.

En segundo lugar, a pesar que haber subido un poco la participación electoral, casi la mitad de los electores se negó a votar, probablemente por dos razones: la primera es que las elecciones regionales, como su nombre lo indica, no cambian al gobierno nacional, es decir, no deciden si Maduro continua en el poder o no, y la segunda es que la crisis política comienza a pasarle la factura a la oposición burguesa que, al final de cuentas, no presenta una salida viable y realista para superar la crisis económica.

El efecto Trump

No podemos descartar que las recientes medidas de bloqueo financiero al gobierno de Nicolás Maduro hayan inflamado el espíritu antiimperialista de las masas chavistas, y hayan visto la necesidad de cerrar filas con su gobierno, ante la agresividad de la administración Trump. Pero admitiendo esta posibilidad, este reagrupamiento es mínimo, y no se convierte en una recomposición de la mayoría del movimiento de masas a favor del chavismo.

Shannon: presionamos para un acuerdo

Thomas Shannon se ha transformado en el nuevo gurú de la política exterior del imperialismo norteamericano hacia América Latina. Es el nuevo Kissinger. En una reciente entrevista volvió a dejar muy claro cuál es la estrategia de la Administración Trump en relación a Venezuela.

“Habrá que esperar a ver qué pasa con las elecciones regionales. Nuestra política y nuestras sanciones tratan de forzar un acuerdo. Dicho metafóricamente: cuando uno está fundiendo acero, necesita mucho calor en el crisol. Pero al final del día son los venezolanos quienes tienen que encontrar una solución (…) El presidente Trump mantuvo una serie de reuniones y llamadas telefónicas con todos los líderes del hemisferio y estos le comunicaron la importancia de la no intervención. Pero lo que el presidente está expresando es que la paciencia de la región tiene un límite. No se trata de una amenaza, sino de decir que Venezuela es un país demasiado importante para dejarlo a la deriva por años. (…) el pueblo venezolano ha mostrado una resiliencia y una fuerza para superar la adversidad, impresionantes, y eso ha permitido al país atravesar momentos de escasez que hubieran causado explosiones en otros lugares. Pero sería un error pensar que la paciencia y capacidad del pueblo venezolano representan la apatía. No es así. Es un país que requiere de una solución a su crisis política". (El país, 17/10/2017)

Crisis a fuego lento

Los datos de la economía son escalofriantes. Según los pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el PIB de Venezuela cerrará este año con una caída del 12% en relación al año anterior, y en 2018 caerá otro 6%, acumulando una cifra escandalosa de derrumbe del 46,6% en cuatro años. A pesar de la fuerte contracción, la inflación sigue imparable y se espera que llegue a 652% para fines de 2017. Solamente un alza en los precios internacionales del petróleo puede contener esta caída en cuesta abajo.

A nivel financiero, Venezuela debe reunir urgentemente 2.275 millones de dólares de distintos bonos de PDVSA que vencen entre el 27 de octubre y el 2 de noviembre

También debe abonar en 2018 unos 22.500 millones de dólares por servicios de la deuda. Los pagos de los intereses de la deuda disminuyen los escasos dólares tan necesario para las importaciones de bienes de consumo masivo. Maduro no debería de alegrarse, la situación es crítica y compleja

Ya hemos visto que la estrategia principal del imperialismo norteamericano no es invadir Venezuela, sino ejercer la suficiente presión para obligar al chavismo a una negociación del régimen político, que termine con la hegemonía de este. Después de la victoria pírrica de las elecciones regionales del 15 de octubre, los problemas económicos y la polarización política continuaran agudizándose.

Todo indica que la única oportunidad de obtener esa negociación es de cara a las elecciones presidenciales del 2018. Maduró terminará su periodo, pero el desgaste es inmenso, y sin una perspectiva clara de que la economía vuelva a la normalidad.

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VENEZUELA.- crisis al rojo vivo: repudiemos cualquier intervención del imperialismo

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Por Orson Mojica

La crisis en Venezuela está llegando a limites inesperados con las recientes declaraciones del presidente Donald Trump que amenaza con una posible invasión militar. Sean bravuconadas o no, que solo buscan la negociación, los socialistas centroamericanos llamamos a la izquierda centroamericana a estar alerta de lo que ocurre en Venezuela y estar atentos para repeler cualquier injerencia militar de Estados Unidos

El futuro de Cuba ligado a la crisis en Venezuela

No solo está en juego el poder, y con ello las inmensas reservas petrolíferas de Venezuela. Pero, además, está en juego el futuro de Cuba y del proyecto nacionalista de un sector de la burguesía Latinoamérica, alrededor de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), mejor conocida como ALBA.

El chavismo es la expresión política del nacionalismo burgués de un sector importante de las fuerzas armadas de Venezuela, que después del Caracazo de 1989, confluyeron con el movimiento de masas, y decidieron tomar el control directo de la riqueza petrolera de Venezuela.

El chavismo articuló el proyecto económico del ALBA y con ello logró darle un respiro a la asediada economía de Cuba. Desde 2003, Venezuela ha proporcionado créditos a Cuba por el valor de 100, 000 barriles diarios de petróleo. A partir del 2013, por la crisis de los precios, esta cuota descendió a la mitad. Incluso, Cuba obtuvo altos réditos al revender el petróleo que sus refinerías procesaban. No obstante, el año pasado, por la escasez de petróleo, Cuba debió por primera vez comprar petróleo el mercado abierto.

Otros países miembros del ALBA, como Nicaragua, han tenido que comprar petróleo a Estados Unidos. El futuro del proyecto del ALBA está ligado a la solución de la crisis en Venezuela.

Los límites de la resistencia del chavismo

No hay duda, que el chavismo se aferra firmemente al poder, pero ya no se apoya en la mayoría de las masas, sino en un sector de estas. Ya no recurre a la movilización de masas, ni a las nacionalizaciones, sino que intenta mantener un frágil equilibrio, resistiendo, por un lado, a la ofensiva derechista en su contra, apoyándose en las fuerzas armadas, y por el otro, intenta recomponer la economía con medidas netamente capitalistas que perjudican a las masas hambrientas. Agua y fuego al mismo tiempo.

Pero en la medida en que el contexto internacional es desfavorable, la situación del gobierno de Maduro es cada vez más crítica. No basta querer resistir, es necesario saber resistir. No es una resistencia para triunfar y cambiar radicalmente a Venezuela. El problema es que el chavismo resiste para poder negociar en una mejor relación de fuerzas. La única manera de resistir y triunfar sería que el chavismo pueda recomponer su relación con la mayoría de las masas, algo que no se ve por el momento, o que surja una nueva conducción del movimiento de masas que enderece el rumbo.

La ANC: crucifijo protector.

Las elecciones para Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se realizaron el 30 de julio del año en curso, a como estabas programadas. Las presiones de Estados Unidos y del conjunto de la burguesía latinoamericana, no hicieron retroceder al gobierno de Nicolás Maduro.

A pesar que hubo rumores que la ANC no sería instalada inmediatamente, para dar espacio a le negociación con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), el chavismo estaba necesitado de instalar la ANC, debido a que el segundo párrafo del artículo 150 de la Constitución de 1999 estableció que: (…) Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente.(…)”

Al no participar la oposición derechista en las elecciones para ANC, el triunfo del chavismo fue absoluto. De esta manera, la instalación de la ANC, electa con base a las necesidades del gobierno de Maduro, se paralizaron las instituciones que se oponían al gobierno, como la Fiscalía y la propia Asamblea Nacional. De un solo golpe, el gobierno de Maduro anuló los resultados de las elecciones del año 2015 que le dieron la mayoría absoluta a los partidos derechistas de la MUD. Conforme la Constitución de 1999, vigente, la ANC está por encima de la Asamblea Nacional, y de cualquier otro poder.

La diferencia entre ambas elecciones, independientemente del resultado de las mismas, es que en diciembre del 2015 los partidos derechistas de la MUD obtuvieron la mayoría absoluta con base al voto universal (una persona un voto), reflejando una decisión mayoritaria, pero la elección de la ANC no fue con base al voto universal sino al voto ponderado, porque se votó dos veces: una por sector social, y otra supuestamente de manera universal.

Con este golpe de timón, el gobierno de Maduro pretende disolver la dualidad de poderes, reflejada en dos instituciones legislativas del Estado burgués, que están en pugna. La Asamblea Nacional en manos de la MUD ya no puede votar nada en contra del gobierno, porque todo puede ser anulado por la ANC. Se destituyó a la fiscal Luisa Ortega Diaz, en pugna con Maduro, y fue sustituida por Tarek William Saab. De igual manera, la ANC resolvió que sesionará por un espacio de dos años, es decir, hizo coincidir la existencia de la ANC hasta la finalización del gobierno de Maduro, y un año más allá, hasta el 2019.

La ANC se convirtió en el crucifijo que protegerá al gobierno de Maduro hasta finalizar su mandato, echando por la borda de una vez por todas, los intentos de aplicar el referendo revocatorio o de derrocar por la vía institucional a Nicolás Maduro, ya que la ANC le confirmó en el cargo.

Mas presiones: la Declaración de Lima

La crisis e impotencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), que ha resultado incapaz de tomar decisiones sobre la crisis en Venezuela, creando insatisfacción entre los gobiernos más derechistas, quedó reflejada en La Declaración de Lima, del 8 de agosto del 2017, donde 12 países de América Latina, por fuera de la OEA, como son Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, suscribieron una declaración de condena al gobierno de Maduro, quedando únicamente por fuera El Salvador, Nicaragua, Ecuador, Uruguay y Cuba. Esta Declaración muestra la crisis de la OEA, así como de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), ya que esta ultimo tampoco logró una declaración de apoyo a Maduro.

La Declaración de Lima, manifiesta su “condena a la ruptura del orden democrático en Venezuela. Su decisión de no reconocer a la Asamblea Nacional Constituyente, ni los actos que emanen de ella, por su carácter ilegítimo. El pleno respaldo y solidaridad con la Asamblea Nacional, democráticamente electa”.

Pero hace una salvedad, de reconocer “Los actos jurídicos que conforme a la Constitución requieran autorización de la Asamblea Nacional, cuando dicha Asamblea los haya aprobado”.

Reafirma “su decisión de continuar la aplicación de la Carta Democrática Interamericana a Venezuela, apoya la decisión del MERCOSUR de suspender a Venezuela en aplicación del Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático”.

Pero lo más importante fue la “disposición a apoyar de manera urgente y en el marco del respeto a la soberanía venezolana, todo esfuerzo de negociación creíble y de buena fe, que tenga el consenso de las partes y que esté orientado a alcanzar pacíficamente el restablecimiento de la democracia en el país”.

Las presiones diplomáticas se han intensificado con el objetivo de quebrar la resistencia del gobierno de Maduro, y obligarlo a abrir, de una vez por todas, la ansiada mesa de negociaciones.

El adelanto de las elecciones regionales para octubre

Las presiones diplomáticas obligan, una vez más, al gobierno de Maduro a responder. En esta ocasión, la ANC aprobó un decreto para adelantar las elecciones regionales pospuestas, del mes de diciembre al mes de octubre, es decir, a realizarse en dos meses.

La erosión del chavismo tiene su origen principal en la caída de los precios del petróleo, y en la disminución de los beneficios sociales de la renta petrolera. Y como los precios del petróleo no tienden a subir en el futuro inmediato, la crisis económica continuará. Por ello, con la protección de la ANC, el chavismo necesita atrincherarse en los gobiernos de los Estados, sobre todo por la cercanía de elecciones generales en el año 2018.

Pero este adelanto de las elecciones viene acompañado de una nueva maniobra: El Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE) anunció recientemente que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no podrá presentar candidatos en 7 de los 23 Estados: “En el caso de la organización con fines políticos MUD, ésta deberá abstenerse de inscribir candidaturas en Zulia, Apure, Monagas, Bolívar, Trujillo, Aragua y Carabobo, en cumplimiento de decisiones acordadas por juzgados de esos estados, relacionadas con juicios que se vienen adelantando desde el año pasado”(El Nacional 07/08/2017)

El adelanto de las elecciones ha provocado una fisura dentro de la MUD, ya que hay sectores que muestran proclives a no dejarle el campo libre al chavismo, mientras otros sostienen una línea más dura, de boicot total a las elecciones.

Revuelta militar de la baja oficialidad

Paralelo a la polarización política y la lucha en las calles, ya se produjo una primera intentona de rebelión militar, que refleja el descontento de la baja oficialidad. Un grupo de 20 soldados de la 41 Brigada Blindada en Valencia, encabezados por el capitán, Juan Caguaripano, se declaró en rebeldía con el objetivo de “restablecer el orden constitucional”.

Esta rebelión minoritaria fue sofocada rápidamente, pero es un indicador de como la crisis política está penetrando dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Es el segundo incidente militar que ocurre después del espectacular ataque desde un helicóptero artillado contra el Ministerio Publico

La amenaza de invasión militar de Trump

En una inesperada rueda de prensa, el presidente Donald Trump declaró, en relación a la crisis en Venezuela, “Tenemos muchas opciones para Venezuela. Y, por cierto, no voy a descartar una opción militar (…) Tenemos tropas en todo el mundo en lugares muy lejanos, Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo y se está muriendo (…) Venezuela es un desastre, es un desastre muy peligroso y una situación muy triste (…)” (Clarín 11/08/2017) Es la primera vez que Trump se manifiesta por una posible salida militar que implicaría una invasión, y convertir América Latina en un campo de batalla.

Esta agresiva declaración se produce como antesala a la gira del expresidente Mike Pence por América Latina, donde, evidentemente, tratará con los gobiernos de la región, la posible solución a la crisis de Venezuela.

Estas explosivas declaraciones obligaron a la MUD a pronunciarse, rechazando una salida militar a la crisis: "La Mesa de la Unidad Democrática rechaza el uso de la fuerza, o la amenaza de aplicar la misma, por parte de cualquier país en Venezuela, de conformidad con lo establecido en la Carta de las Naciones Unidas". Asimismo, repudia la intervención cubana y “la amenaza militar de cualquier potencia extranjera y responsabiliza a la dictadura de Maduro por convertir al país en una amenaza regional”. Y termina suplicando: “El único camino a la paz es la restitución de la democracia. Los venezolanos exigimos la realización de elecciones libres en todos los niveles para que podamos volver el orden constitucional” (El Nacional, 13/08/2017)

Los expresidentes que han servido de mediadores, Leonel Fernández, José Luis Rodríguez Zapatero y Martín Torrijos, también se pronunciaron en contra de una invasión militar extranjera

Una luz al final del túnel

En medio de la polarización existente en Venezuela, entre chavismo y la derecha del MUD, comienza a perfilarse una nueva alternativa de dirección revolucionaria. Recientemente, el Equipo Operativo Nacional de Marea Socialista (MS), rompe con el gobernante Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), en su "Carta Abierta a la izquierda chavista y la izquierda autónoma", llama a romper la polarización política a y construir una opción revolucionaria.

Este llamamiento se une a la dura lucha librada por los compañeros del Partido Socialismo y Libertad (PSL), que tiene años de lucha por la construcción de una alternativa revolucionaria que supere al chavismo.

No todo está perdido en Venezuela, la realidad está produciendo reagrupamientos de revolucionarios que, de constituirse, pueden resultar en una alternativa seria ante la demagogia derechista de la MUD y ante el falso discurso socialista del gobierno de Maduro, que traiciona las enormes tradiciones democráticas del chavismo en su primero periodo.

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