HONDURAS.- 1 de agosto de 1982: secuestro y desaparición de Eduardo Becerra Lanza, secretario general de la FEUH


Por Clemente Bardales

La Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) ha ocupado un importante lugar en la historia reciente de Honduras. Creada en 1925, producto de largas luchas, obtuvo su personalidad jurídica en 1952. La FEUH fue un factor clave en las movilizaciones que obtuvieron la autonomía universitaria en 1957, llegando a conquistar en el año 1958 la paridad estudiantil (capacidad de decisión del 50% en los órganos de gobierno de la UNAH), hasta que ésta fue derogada por la reforma del año 2005.

La FEUH estuvo dirigida por un tiempo por corrientes radicales del liberalismo hondureño, hasta el año 1961, cuando el Frente Unido Universitario Democrático (FUUD), ligado al Partido Nacional (PN), tomó el control de esta importante organización.

Del “reformismo militar” al bunker del imperialismo

Honduras vivió un periodo conocido como “reformismo militar”, que se inició con la Junta Militar de 1956-1957, (que otorgó la autonomía universitaria) que fue interrumpido por el efímero gobierno del liberal José Ramón Villeda Morales, y que se reinició nuevamente con el golpe de Estado del general Oswaldo López Arellano, el 3 de octubre de 1963. Posteriormente, el Congreso Nacional, le nombró presidente constitucional, desde el 6 de junio de 1965 hasta el 7 de junio de 1971. La “guerra del Futbol” contra El Salvador, fue la máxima expresión del nacionalismo de los militares. La derrota militar provocó un desprestigio, y la necesidad de recuperarse del golpe sufrido.

Para recomponer su relación con la población, el nuevo gobierno militar adoptó la posición de árbitro, por encima de las eternas disputas entre el Partido Liberal y el Partido Nacional. Fue un giro populista que pretendió modernizar el aparato del Estado, creando nuevas instituciones autónomas como CONADI, COHBANA, COHDEFOR, CDI, HONDUTEL, FINAVI, IHMA, BANASUPRO, EDUCREDITO, con el objetivo de dinamizar el desarrollo del capitalismo en Honduras

En abril de 1971, las elecciones fueron ganadas por Ramón Ernesto Cruz, candidato del Partido Nacional de Honduras resultó ganador, pero el 4 de diciembre de 1972, López Arellano volvió a dar un golpe de Estado, asumiendo el poder nuevamente. En 1975, entró en vigor la Ley de Reforma agraria, para quitar la enorme presión social de los campesinos sin tierra, lo que generó un conflicto con las bananeras. López Arellano fue acusado de recibir sobornos de la United Fruit Compañy, en el marco de un conflicto por el pago de impuestos, lo que obligó a la Junta Militar a destituirlo nombrando al coronel Juan Alberto Melgar Castro como nuevo Jefe de Estado. El reformismo militar estaba llegando a su fin. El 7 de agosto de 1978, se produjo un nuevo golpe de Estado, y la Junta Militar nombró al general Policarpo Paz García como Jefe de Estado. Bajo este gobierno se inició la transición hacia la democracia burguesa.

Antes del triunfo de la revolución nicaragüense en julio de 1979, el imperialismo norteamericano y las oligarquías del área, comenzaron a realizar sutiles cambios con el objetivo de evitar el triunfo de nuevas revoluciones, y la extensión y generalización en Centroamérica.

En Honduras, por su larga frontera con Nicaragua, los cambios fueron inmediatos. Mientras se realizaba una apertura política, es decir, la transformación de la dictadura militar en un régimen democrático burgués, con la convocatoria a elecciones de Asamblea Nacional Constituyente, y la posterior elección del liberal Roberto Suazo Córdoba en 1982, el mismo tiempo se realizó una operación limpieza, similar a la ejecutada en Argentina y Chile, que dio como resultado la desaparición forzada y aniquilación física de cerca de 200 dirigentes sindicales, populares y estudiantiles.

1981-1984: un periodo de terror

El ejército de Honduras abandonó sus posiciones nacionalistas y se convirtió en agente directo de la política del imperialismo norteamericano en Centroamérica, transformando a Honduras en un bunker del imperialismo. Para evitar el surgimiento de una guerrilla en Honduras, los militares aplicaron las mismas tácticas de contra insurgencia con asesores provenientes de Chile y Argentina. La táctica consistía en desaparecer y asesinar a los dirigentes obreros, campesinos, populares y estudiantiles más destacados, para infundir terror en el resto de la izquierda.

Los organismos involucrados en esta represión selectiva fueron la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI), sección de investigación de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP), unidad especializada del ejército, que estaba al mando del general Gustavo Álvarez Martínez. También estaba involucrada en la represión, la División de Investigaciones Especiales (DIES), también conocida como Batallón 3-16, unidad de inteligencia militar, encargada de ejecutar los secuestros, torturas y asesinatos de activistas de izquierda.

Los informes posteriores indican que en muchos de los asesinatos se utilizaron a contras nicaragüenses, mercenarios que estaban a la orden de los militares hondureños.

La lucha por el control de la UNAH y la FEUH

Es importante señalar que, a pesar de que las elecciones generales fueron ganadas por el candidato liberal Roberto Suazo Córdoba, existía una corriente del liberalismo que se oponía a la presencia de bases militares norteamericanas y a la utilización del territorio de Honduras como retaguardia del ejército contra.

La Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), era un campo de batalla entre el Frente de Reforma Universitaria (FRU) y el Frente Unido Universitario Democrático (FUUD), expresiones políticas de la corriente radical del Partido Liberal, y la corriente ligada al Partido Nacional, respectivamente. El FUUD tuvo su origen en la alianza conformada entre el Frente de Unidad y Revolución Universitaria (FURU), y el Movimiento Universitario Vanguardista (MUV).

Jorge Arturo Reina Idiáquez, siendo militante del FRU fue presidente de la Federación de Estudiantes de Honduras (FEUH) en el periodo 1956-1957 y rector de la UNAH, en el periodo 1973-1979, derrotando la candidatura de Oswaldo Ramos Soto.

En 1961, bajo el contexto favorable de los gobiernos militares, el FURU-MUV, conocido posteriormente como FUUD, logró hacerse del control de la FEUH hasta el año 1969, cuando el liberalismo radical recuperó el control de la FEUH con la presidencia de Ubence Osorio Galo.

Juan Almendares Bonilla fue electo rector de la UNAH, para el periodo 1979-1982, un periodo de intensa agitación revolucionaria y gran actividad del movimiento estudiantil. Bajo este periodo, se produjo una radicalización de la juventud, y surgió en 1980 un nuevo frente estudiantil denominado Fuerza Universitaria Revolucionaria (FUR).

En 1982, Oswaldo Ramos Sotó logró ser electo como rector de la UNAH iniciando un largo periodo de rectores ligados a la cúpula del Partido Nacional. Este proceso fue posible por varios factores: en primer lugar, la represión selectiva contra los dirigentes estudiantiles combativos, la mayoría del liberalismo hondureño colaboró con la instalación de bases militares norteamericanas, y en tercer lugar se produjo un periodo global de reacción, contrario a lo que ocurría en el resto de Centroamérica, aplicando métodos contrarrevolucionarios de eliminación física contra la vanguardia estudiantil y de izquierda

El secuestro y desaparición de Eduardo Becerra Lanza

El secuestro y desaparición del líder estudiantil, José Eduardo Becerra Lanza, secretario general de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH), coincide con el nombramiento de Oswaldo Ramos Soto como rector de la UNAH. La elección del nuevo rector se inició un periodo de negra reacción dentro de la UNAH y de una ofensiva cruel contra el movimiento estudiantil.

El 22 de julio de 1982 fue detenido el estudiante Juan Ángel Ayes, Tesorero de la FEUH, quien después de 8 días de tortura fue puesto en libertad con la condición que eligiera el exilio en México.

El 1 de agosto de 1982, a las 10 pm, en pleno Centro de Tegucigalpa, en las cercanías de la Farmacia Regis, fue secuestrado José Eduardo Becerra Lanza, dirigente de la FEUH y del FRU. Al momento de su desaparición, Eduardo había comenzado su carrera como docente universitario y cursaba el cuarto año de la carrera de Medicina.

El 15 de agosto de 1982 fue secuestrado y desaparecido el estudiante universitario y dirigente sindical Félix Martínez Medina, Presidente de la Seccional Nro. 1 del Sindicato de Trabajadores de la UNAH (SITRAUNAH). Una vez desaparecido el principal dirigente de la FEUH, Eduardo Becerra Lanza, y bajo el fantasma de la lucha contra el comunismo, el FUUD tomó el control de la FEUH en las elecciones del 18 de agosto de 1982. El terror contrarrevolucionario continuó contra la vanguardia estudiantil.

El 20 de agosto de 1982 fueron detenidos y desaparecidos los estudiantes universitarios Reinaldo Díaz y Roberto Fino, quienes fueron encontrados muertos en estado de descomposición en las cercanías de Tegucigalpa. Fueron salvajemente asesinados y destrozados sus cadáveres con golpes de hacha.

El 25 de agosto de 1982 fue detenido el estudiante Tomas Aquino, cinco días después fue encontrado su cadáver despedazado por las aves de rapiña cerca de la hacienda y aserradero El Pino en la vieja carretera que conduce a Olancho.

Así asesinaron a Eduardo Becerra Lanza y Félix Martínez

La periodista Linda Drugker, de la Revista The Progressive, publico un extenso reportaje “A contras History” (historia de los contras), el 26 de agosto de 1986. En una de sus partes, está la confesión del contra “Miguel Ángel Pavón”, que fue reproducida como adelanto por el Diario El Tiempo, con fecha 18 de agosto de 1986. Re producimos a continuación el contenido de esa repugnante entrevista:

Una tarde del verano de 1982 recibí una llamada de Alexander Hernández,  Jefe del Escuadrón 3-16, que en ese momento se llamaba Dirección de Investigaciones Especiales (DIES). Me dijo en clave comprensible entre nosotros: “ hay dos paquetes que debes recoger”. Me dirigí al sitio que me indicó, y allí una patrulla me entregó a Félix Martínez y a Eduardo Lanza, con estas órdenes: "Al flaco (Eduardo) desaparecerlo de modo que nadie encuentre jamás su cuerpo; al Grandulón (Félix) dejarlo en campo abierto con heridas tales que ningún comunista que lo vea desee estar en su pellejo".

Por la noche nos dirigimos a la carretera del Sur y en un lugar solitario, nos apeamos del carro para abrir una fosa. Cuando ya estuvo terminada, le ordené a Lanza que se acostara dentro de ella. Este, entonces, me dijo que era dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios y que le diera papel y lápiz para dejarle una nota a su mama. Mi respuesta fue ordenarle a uno de mis compañeros, otro “contra”: “Dispárale, vos”.

Pero mi amigo lo hizo tan mal que el muchacho gritó, por lo que, habiendo algunas casas cercanas, tuve que dispararle yo en la cabeza con una pistola provista de silenciador. Cuando quedó inmóvil, lo cubrimos con cal para evitar el mal olor.

Luego continuamos hasta el sur. Llegamos a la zona de Concepcion de María, y en un sitio que la llaman Las Pintadas, nos detuvimos. Era el turno de Félix Martínez. Le disparamos tres veces en el pecho; después le dimos 69 puñaladas por todas partes del cuerpo, menos en la cara. La orden era que fuera posible identificarlo”.

Honor y gloria

Sus asesinos cumplieron las ordenes al pie de la letra: sus restos nunca han sido encontrados. Desde el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) rendimos homenaje a la memoria de Eduardo Becerra Lanza, y demás héroes y mártires secuestrados y masacrados por los verdugos contrarrevolucionarios, y llamamos a las nuevas generaciones a no olvidar lo ocurrido.

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