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CENTROAMÉRICA: Rebelión, Ascenso y Derrota del movimiento obrero (1930-1955)

    

Por Carlos A. Abarca Vásquez                                                                       

INTRODUCCIÓN

Eric Hobsbawm aprecia en Historia del Siglo XX varios rasgos englobantes de la historia mundial que emerge de la depresión de 1929-1933. “Fueron más los gobiernos que cayeron hacia la izquierda que hacia la derecha, aunque por breve tiempo (…) La crisis intensificó la actividad antiimperialista (…) Señaló en la mayor parte del mundo colonial el inicio del descontento político y social de la población autóctona, necesariamente dirigido contra los gobiernos”. (Hobsbawm, E. 2002:112)

Continúa el historiador inglés: Surgieron tres opciones que competían por la hegemonía político-intelectual: el comunismo marxista, el capitalismo reformado “en maridaje informal con la socialdemocracia de los movimientos obreros no comunistas” y el peligro del fascismo. Se produjo la caída de los valores políticos y las instituciones del liberalismo, victimado por la derecha política. Luego de la Segunda Guerra Mundial hubo un lento retorno a la democracia liberal, vinieron las luchas de descolonización en Asia continental, África del Norte y Central y el Medio oriente, y la Guerra Fría, “cuya singularidad estribaba en que no había ningún peligro de una Tercera Guerra Mundial”.

La situación de Centroamérica corresponde parcialmente con el boceto. Solamente Belice y la Zona del Canal eran colonias. Desde 1856-57 Nicaragua, otro territorio canalero, fue epicentro de invasiones armadas norteamericanas en 1909, 1912 y 1926 sin llegar a consumarse un protectorado, aunque algunos lo pidieran. Las instituciones y los valores cívicos liberales se afirmaron muy lentamente entre guerras internas, golpes militares y dictaduras. Los partidos políticos tomaron cuerpo ciudadano después de la Primera Guerra. En forma tardía se configuró también una izquierda política con colorido liberal demócrata, laborista, socialista, anarquista y comunista asentada en pocos letrados, artesanos y obreros por oficios.

Sí hubo bastante similitud en otro aspecto de aquel esbozo. El comunismo staliniano, más que el pensamiento marxista, hizo trincheras en una oscura guerra de clases. De ahí la competencia con movimientos obreros no comunistas acuerpados por la OIT, embajadas y centrales obreras norteamericanas, el panamericanismo y el antiimperialismo del peruano Haya de la Torre. Las atroces dictaduras de Hernández Martínez, Somoza García, Tiburcio Carías y del binomio Ubico-Ponce Valdéz no tenían ilustración ni base social para configurar la opción política fascista. Fueron como un retroceso al status político de mediados del siglo XIX maquillado con nuevas instituciones liberales en multiformes sociedades capitalistas.

El temor al fascismo tomó figura en la región a raíz de la Guerra Civil Española y con la Segunda Guerra Mundial; una vez que Estados Unidos envió a Europa sus tropas y pidió refuerzos continentales. En el trance cayeron dictadores y hubo expectativas revolucionarias en Costa Rica y Guatemala. En los demás países, aún bajo dictaduras, avanzó la forma republicana del Estado mediante la legalización de partidos políticos electorales, inversión pública en infraestructura y mediación estatal en los campos de la salud y el trabajo. Los viejos ejércitos revestidos como Guardias Nacionales y la clase exportadora en alianza con grupos de clase media, enfrentaron el ascenso del movimiento obrero; sin faltar el apoyo financiero o la avanzada militar auspiciada por el Pentágono. En Nicaragua perduró la dictadura.

Este artículo es otro acercamiento a esa coyuntura histórica y conlleva varios objetivos:

  1. Sintetizar algunos procesos históricos centroamericanos en relación con las luchas sociales y políticas del movimiento obrero y popular.
  2. Conocer el desarrollo del movimiento sindical y de partidos proletarios como fuerzas contestatarias a los regímenes políticos de la región.
  3. Caracterizar procesos de avance y retraimiento de las luchas populares contra los gobiernos oligárquicos y la dominación imperialista en Centroamérica.
    1. I.SUSTRATO HISTÓRICO DE LAS REBELIONES
      1. A. LAS BATALLAS DE SANDINO
      2. B.INSURRECCIÓN EN EL SALVADOR
    2. II.AÑOS DE ASCENSO DEL MOVIMIENTO OBRERO
      1. III.LA DERROTA DEL MOVIMIENTO OBRERO EN GUATEMALA Y COSTA RICA

                “En las proclamas y declaraciones políticas del General Sandino se encuentran todas las demandas del movimiento obrero internacional, menos espectaculares que el desafío a la intervención de Estados Unidos”. En el programa rebelde que surgió y se ejecutó en parte en Las Segovias, se materializó “la defensa política de los intereses de los trabajadores (la cual) tenía muy pocos y dispersos precedentes”. Son conclusiones del historiador alemán Volker Wûnderich.

La guerra del ejército de Sandino contra la infantería norteamericana y la Guardia Nacional fue el comienzo de la resistencia popular a otra acción imperialista del gobierno de Estados Unidos. En la gesta de Sandino subyace el legado de guerra anticolonial contra el esclavista William Walker y de las guerras de independencia contra el imperio español. Son procesos de una continuidad histórica de largo plazo, que colocan a Centroamérica en la historia mundial de las luchas nacionalistas del siglo XX y contra la explotación de las empresas capitalistas.

La hazaña que dirigió Augusto César Sandino (1895-1934) transcurrió en tres fases. La primera, entre enero de 1926 y mayo de 1927. En ese lapso se produjo el golpe de Estado que derrocó al Presidente Juan Bautista Sacasa, la reacción militar de los liberales, la invasión del ejército gringo, en marzo de 1927; el cese de las contiendas entre liberales y conservadores tras la firma del Pacto de Espino Negro y el levantamiento armado de Sandino en Nueva Segovia.        

La siguiente fase la ubico entre junio de 1927 e inicios de 1929. Comprende las acciones de guerrilla para crear el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, la extensión de los combates a Jinotega, Matagalpa y Zelaya Norte; la solidaridad internacional y la definición del programa de soberanía y reivindicación social que Sandino propuso al gobierno norteamericano.

Otro momento, inicia con el viaje de Sandino a México -diciembre del 29-abril de 1930- y concluye en enero de 1933. Este año las fuerzas invasoras abandonan Nicaragua. Sandino envió al Presidente liberal Juan Bautista Sacasa una propuesta de paz que fue aceptada. La guerra termina oficialmente el 2 de febrero de 1933. El movimiento político que creó Sandino desapareció con el fusilamiento de El General en el monte La Calavera a las 11 de la noche del 21 de febrero de 1934.  

Hay dos temas relevantes de ese proceso que suscitan interés y discrepancias: El contenido social de la rebelión y la solidaridad comunista, en relación con los matices del pensamiento de Sandino. El primero evolucionó en el contexto de crisis de la minería y la depresión de 1929-1933. El segundo, está enlazado al accionar de la Internacional Comunista y su red organizativa entre Estados Unidos, México y Centroamérica.

La base social de la guerra era eminentemente popular. Muchos mineros se sumaron al ejército de Sandino porque desde el siglo XIX las minas de Chontales convirtieron a Nueva Segovia en importante centro extractivo y comercial. En 1907 hubo al menos 144 denuncios por parte de ingleses y norteamericanos. En 1910 había 60 minas en actividad, pero la depresión del mercado de oro y plata afectó el comercio y la extracción. En 1927 se mantenían solo 6 minas en explotación; había desempleo y decaimiento del nivel de vida. Ese año Sandino ocupó la mina San Albino, expropió a los norteamericanos y pagó en oro puro los salarios adeudados a los trabajadores.

El apoyo de los campesinos e indígenas fue posible porque era común que se involucraran en las confrontaciones militares de liberales y conservadores, en parte por la oferta del botín de guerra. En Nueva Segovia prevalecía una estructura histórica de explotación y vejación a los indígenas, acentuada por la expansión del cultivo de café. En 1881 estalló en Matagalpa una rebelión, “La Guerra de las Comunidades”, que involucró al menos a 6.000 indígenas. En 1891 hubo otras rebeliones. Informes policiales de 1901 indican que los trabajadores huían de las haciendas y cambiaban de nombres para evadir a los perseguidores. Reinaba una tradición de rebeldía y confrontación. Entre 1917 y 1932 en Nueva Segovia aumentó en 3.000 Has el área sembrada de café y campesinos pobres e indígenas fueron expulsados de sus comunidades. Después vino el desempleo que trajo la gran depresión.

En síntesis, según el mismo Sandino, “los oficiales provenían de varias naciones y la médula del ejército era nicaragüense”. Algunos mandos eran antiguos dueños de tierras arruinados por los militares y las tropas invasoras. La mayoría del ejército eran obreros mineros y de los bananales, trabajadores desocupados, campesinos pobres mestizos e indios, entre ellos, los miskitos de Bocay.

Sandino no tuvo ideología comunista aunque su vida laboral fue en gran parte un recorrido por el mundo obrero. Desde los 20 años trabajó como ayudante de mecánica. En Honduras se empleó en el Ingenio Montecristo. En Guatemala, en las plantaciones bananeras. En México, en la industria petrolera. En ese país se vinculó con el movimiento obrero, conoció sus fundamentos ideológicos, vivió la agresión norteamericana a la revolución y se acercó la masonería http://www.elortiba.org/sandino.htmlPor otra parte, la solidaridad del movimiento comunista con las luchas de Sandino es indiscutible. El debate atañe a esa influencia en el pensamiento y las decisiones políticas de insurrecto.  

El Partido Comunista de Centro América (PCCA), fundado en 1925, mantenía relaciones con el Partido Comunista de México. Entre 1926 y 1928 la rebelión de Sandino entró en agendas del Primer Congreso contra el imperialismo que se celebró en Bruselas y en el V y VI Congreso de la Internacional Comunista (IC). Por iniciativa de centroamericanos, en esos congresos se acordó abrir sedes en cada país de la Liga Antiimperialista de las Américas (LAIA) y de Socorro Rojo Internacional (SRI). Ese año se creó en México, el comité de solidaridad, “Manos fuera de Nicaragua” (MAFUENIC) presidido por David Alfaro Siqueiros.

No obstante, hubo contrariedades. Algunas, derivadas del acervo liberal y nacionalista latinoamericano de Sandino; del impacto político regional que tuvo el enfrentamiento con el ejército norteamericano y, otras, debido a las cambiantes directrices de la IC con respecto a la revolución, el imperialismo y las alianzas políticas frente a esos procesos.

En 1928, durante el VI Congreso de la IC, se enfriaron las relaciones de cordialidad que existían entre la IC y el APRA de Haya de la Torre. En el Congreso de la LAIA celebrado en Francfort en agosto de 1929, se discutió la reorientación derechista de los gobiernos en distintos países y surgieron desacuerdos de fondo entre el grupo del Partido Laborista Inglés y los comunistas. El representante de Sandino, José Constantino González, rechazó una moción para expulsar del congreso a la delegación del APRA.

En el lapso de la crisis económica de 1929 y a raíz de la Guerra Civil en la URSS, se planteó que el movimiento comunista mundial debía supeditar sus tácticas de lucha a la defensa de la revolución bolchevique. Se vislumbraba, además, el ascenso del fascismo. Hacia 1929 la política del gobierno mexicano evolucionó a la derecha, con el presidente Portes Gil, y la IC rechazó las coaliciones amplias en la lucha antiimperialista. Por su parte, Estados Unidos promovió el triunfo electoral de José M. Moncada (1929-1933) y creó la Guardia Nacional. Sandino regresó a Nicaragua en abril de 1930. En febrero de 1931 se produjo la ruptura con Farabundo Martí y el movimiento comunista. Tanto “el apoyo interior como el exterior había desaparecido y sólo faltaría el desenlace fatal: su asesinato.”

               Varios conflictos laborales precedieron la explosión social y política que surgió en El Salvador durante la gran depresión capitalista. En 1929, la huelga comunal de no pago de alquileres. En 1930 unos 900 trabajadores paralizaron la empresa constructora del balneario La Chacra y los Tanques de Holanda. El 1 de mayo la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños movilizó a las ligas campesinas y sindicatos agrícolas con la consigna de reforma agraria. La misma semana hubo un conato de huelga en la plantación La Presa, en Coatepeque. La Guardia Nacional intervino y expulsó a 345 familias de trabajadores.

Un mes antes, la FRTS organizó la recolección de 30.000 firmas para apoyar una ley sobre el pago del salario mínimo y la estabilidad en los contratos de trabajo agrícola. No obstante, en el discurso del Día del Trabajador, el Presidente Romero Bosque censuró ante 80.000 personas la organización sindical en el campo. En agosto y octubre emitió decretos que prohibieron reuniones, difusión de propaganda, circulación de la prensa obrera y autorizó decomisar impresos y correspondencia sindical.

En marzo y abril de 1931 fueron reprimidas huelgas y manifestaciones en demanda de alzas de salarios y mejores condiciones de trabajo. En septiembre fueron asesinados 15 obreros de los que participaron en una huelga, en la Hacienda Asuchillo. El 4 de enero de 1932 mujeres y hombres cortadores de café paralizaron las haciendas Chayal, Tortuguero, Montañita, Paraíso, Santa Rita y Anonal. El 7 de enero ocurrió otra huelga de cortadores de café en otras haciendas de Ahuachapán. El 16 hubo otra protesta similar en la Hacienda San Isidro, en Sonsonate.

La violencia agraria y política explotó en los días de elecciones municipales y legislativas fraudulentas. En el distrito Turín, Santa Rita, 400 hombres invadieron fincas y rodearon el cuartel de Guardia Nacional. El gobierno suspendió las elecciones en Turín, Tacuba, Colón y otros pueblos de Sonsonate, lugares favorables al partido comunista. En Ahuachapán se produjeron disturbios el 3 y 4 de enero. El 3 de enero al menos 200 electores asediaron el edificio de Gobernación y el día 4 los indígenas invadieron la Finca Santa Rita. En las votaciones de diputados del 10 al 12 de ese mes ocurrieron otros hechos violentos en  Sonsonate, Armenia, Juayúa y San Isidro.

El 18 y 19 de enero unos 500 rebeldes entraron al barrio de Concepción: hubo disturbios y dos ataques al Cuartel del Primer Regimiento de Caballería en un intento de liberar a Farabundo Martí. En Ahuachapán, el PC tenía un plan de asalto al cuartel previendo el fraude electoral y el gobierno decretó estado de sitio. El día 12 murieron 30 militantes comunistas a raíz de una ocupación de fincas en Ahuachapán. Por esos días fueron apresados Farabundo Martí, Alfonso Luna y Mario Zapata quienes fueron fusilados en el Cementerio General de San Salvador el 31 de enero de 1932.

El movimiento rebelde había estallado con furia en varios lugares del país, entre el 18 y 25 de enero. Indígenas, campesinos y obreros agrícolas asaltaron viviendas de terratenientes y hacendados, guarniciones y cuarteles, oficinas públicas y municipios, tiendas de raya, almacenes, fincas y casas de ladinos ricos.

El 22 de enero estalló la rebelión en los poblados de Salcoatitán, Sonzacate y Juayúa; en este lugar, dirigidos por el indígena Chico Sánchez y por los trabajadores Lucas Zavaleta y Benjamín Herrera. A las tres de la tarde del 23, cerca de 500 hombres tomaron Nahuizalco al mando del cacique Felipe Nerio y de Tomás González y Juan Isidro Pérez, dirigentes del PCS. Hubo dos ataques: El asalto al poblado de Colón por unos 300 hombres y otro grupo de 400 atacó Santa Tecla. Tuvieron el control militar de Los Amates, Teotepeque, Tepecoyo y Finca Florida, aldeas del Departamento La Libertad. El asedio llegó a los cuarteles de la capital, al caserío de Ansino y a Panchimalco. Otros disturbios y ataques aislados a las guarniciones policiales se produjeron en occidente, en Chalchuapa, Santa Ana y el Congo.

El mismo día también se combatió en las vecindades de Sonsonate. Pobladores del barrio San Antonio se unieron a los rebeldes que venían de los cantones orientales y de poblados como Atiquizaya, Turín y San Julián. Unos 1.500 hombres asediaron el cuartel principal a la 1:30 de la madrugada del 23 de enero y el grupo del barrio San Antonio atacó la Alcaldía de Ahuachapán. En repliegue forzoso, los rebeldes volvieron a Tacuba, lugar que habían tomado al comenzar la insurrección y organizaron un gobierno propio, hasta el 25 de enero. En ese lapso ensayaron la expropiación y redistribución de la tierra.

En Izalco, Sonsonate, el 22 de enero al menos 2000 indígenas y campesinos al mando del cacique José Feliciano Ama tomaron los barrios Dolores y La Asunción. Al día siguiente el gobierno lanzó varios bombardeos aéreos y el 25 retomó el poder en Izalco. Al amanecer del 23 de enero otros 500 rebeldes hostigaron en Sonsonate. Tomaron la plaza pero fueron repelidos por los militares y la guardia cívica hasta Sonzacate lugar que convirtieron en su bastión. Ahí adquirió rasgos legendarios por su valor y capacidad organizativa, Julis La Roja, o la camarada Julia.

Sonsonate fue el centro de contraofensiva de la dictadura desde el 24 de enero. El aparato represor estaba compuesto por la Policía Nacional, la Guardia Nacional y la Policía de Hacienda, cuerpos entrenados por militares españoles, y por la Guardia Cívica: una milicia privada al servicio de terratenientes y hacendados aun en tiempos de paz, reorganizada por el gobierno para repeler los ataques rebeldes y asesinar comunistas. Se utilizó, además, la aviación. (Anderson Thomas. Op. Cit. 1976: 9-70)    

La reconstrucción de los acontecimientos militares y del fenómeno de violencia política, así como la explicación histórica de este proceso, ha suscitado múltiples investigaciones. Como fenómeno de cambio social y político es evidente que remita a las condiciones estructurales y de la coyuntura. También hay suficiente estudio sobre la crisis del Estado oligárquico y de los intentos reformistas de los gobiernos del Dr. Romero Bosque y Arturo Araujo. En menor grado hay consenso sobre el papel determinante o no de la participación del PCS. Se han rescatado bastantes rebeliones indígenas como parte de una tradición de lucha y hay otros temas abiertos a la investigación, como las diversas corrientes de organización sindical en el campo y las luchas del campesinado empobrecido.

El Salvador tenía 1.722.579 habitantes en 1930, con una extensión de 20.877 km2. Las tierras de los indígenas y los ejidos municipales representaban un 25% del área del país y fueron expropiadas con base en las leyes liberales de 1881-1882 para dar paso a la formación y expansión de haciendas cafetaleras. Esa estructura configuró la matriz de las rebeliones de indígenas y de las luchas de los emigrantes a la periferia del país. En 1872 la iglesia estimuló la rebelión de Cojutepeque y, entre ese año y 1889, hubo siete revueltas indígenas.

La aplicación de las leyes de expropiación causó levantamientos en 1884 en Izalco y Atiquizaya. En Nahuazilco el 5 de octubre de 1884 unos 2.000 indígenas y campesinos atacaron el gobierno local, mataron funcionarios municipales y quemaron archivos, Alcaldía y la casa de un ladino opresor. Otras rebeliones ocurrieron en Cojutepeque en 1885 y en 1898 en Santa Ana. Por otra parte, desde las últimas décadas del siglo XIX, el fraude electoral en perjuicio de candidatos indígenas fue otro motivo de disturbios. En 1885 los indígenas recuperaron el control municipal en occidente y lo retuvieron hasta 1905. En 1927, 1929 y enero de 1932 perdieron los concejos locales, en medio de fraudes y violencia.

La forma de resistencia a la privatización de las tierras comunales tomó el cauce de juicios y alegatos burocráticos. No obstante, la cacería de mano de obra, las intervenciones militares o de la guardia privada para expulsar de las haciendas a las familias, la represión para impedir la organización sindical y las artimañas electorales acumularon descontento y propiciaron levantamientos y protestas con visos de rebelión social. De tal manera que, esas revueltas desorbitadas por la depresión económica y la crisis del café no fueron inducidos, necesariamente, sólo por la acción sindical o política de los comunistas.

La participación del PCS en la insurrección de 1932 está bastante documentada. No así, su  relación con la actividad sindical en el campo, ni con el protagonismo sindical anarquista. Entre 1929 y 1930 afloraron pugnas ideológicas entre los dirigentes laboristas, comunistas y anarquistas representados en la Federación Regional de Trabajadores, creada en 1924. En el V Congreso de la Federación, del 8 al 14 de agosto de 1929, la facción comunista desplazó a los dirigentes de otras corrientes y en posición de hegemonía encauzaron la actividad sindical en la línea de la Tercera Internacional. Los anarquistas habían dirigido la huelga de inquilinos de 1929 y al año siguiente crearon el Centro Sindical Libertario. En Ahuachapán, en 1930 estaba activa la Unión Sindical de Proletarios, nombre que sugiere presencia anarquista. En 1936 los anarcosindicalistas estaban agrupados en La Asociación Internacional de Trabajadores de Berlín.

El Partido Comunista había sido fundado el 30 de marzo de 1930, a orillas del lago Ilopango. Después del golpe de Estado de 1931 hubo condiciones legitimadoras para la expresión de las ideas y la organización política, y por ello participación en el siguiente proceso electoral. En junio del 31 el partido tenía 600 miembros y a fines de año 1.800. En esos doce meses circuló el periódico La Estrella Roja, editado por la UES, con una orientación marxista. El partido se insertó en las luchas sindicales urbanas e inició la organización de los obreros agrícolas. La FRTS formó Ligas campesinas y sindicatos y organizó el desfile del 1 de Mayo de 1930 con la consigna de reforma agraria. Impulsó la creación de la Universidad Popular e impartía ciclos de charlas en Izalco, Juayúa y Ahuachapán.

En otro ángulo, el partido cultivó vínculos internacionales a través de varios organismos. La FRTS envió delegados al V Congreso de la Confederación Sindical Latinoamericana (CSLA) y de la Internacional Sindical Roja (ISR). Tuvo delegados en el Socorro Rojo Internacional (SRI) que había sido fundado el 12 de agosto de 1921 para socorrer a la población rusa de la hambruna de ese año. El PCS y el PCG fueron enlaces para Centroamérica del Buró del Caribe de la III Internacional, muy activo en México y Estados Unidos.

El V Congreso de la IC definió el SRI como una organización neutral destinada a dar apoyo material, moral y jurídico a los militantes revolucionarios y sus familias. El Segundo Pleno del Consejo Campesino Internacional de la IC celebrado en 1925, propuso convertir el SRI en escuela de educación campesina y organizar secciones nacionales. El V Pleno de la IC lo estimó un medio de educación política y de propagar consignas del Manifiesto Comunista.

Por otra parte, en el V Congreso de la ISR se acordó que el Secretario del Caribe de SRI se activara con secciones en Centroamérica y Las Antillas, y nombró a Farabundo Martí como delegado del Secretariado del Caribe del SRI. Otros responsables del SRI en El Salvador fueron José Ismael Hernández, zapatero y Balbino Marroquín, albañil. El mismo día de la fundación del PCS se creó la Sección Salvadoreña de Socorro Rojo Internacional y en mayo de 1930 se redactaron y aprobaron los estatutos.

A pesar de su juventud el PCS decidió participar en las elecciones municipales y legislativas del 4 al 12 de enero de 1932. A raíz del fraude en las rondas municipales y ante las rebeliones espontáneas que ocurrieron en varios lugares el 3 y 4 de ese mes; después de agotar conversaciones con el gobierno, el CC se reunió los días 7 y 8, formó un Comité Militar Revolucionario y acordó iniciar la insurrección el 22 de enero. En consecuencia, el PCS se involucró en un proceso de lucha social y rebeliones campesinas e indígenas en marcha y los sucesos siguientes determinaron su derrota política y sindical.

                 En 1950 Centroamérica tenía poco más de 11 millones de habitantes. Veinte años atrás, la desocupación, el descenso de los salarios e ingresos y el deterioro del nivel de vida a causa de la depresión del 29-33; la crisis del libre comercio y de la ideología liberal; y la bancarrota de los estados oligárquicos, coincidieron con una fase de reorganización y auge de las luchas del movimiento obrero y campesino. Ello, a pesar del ascenso del estamento militar al control del Estado: en El Salvador, con Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944), en Honduras, con Tiburcio Carías (1936-1949), en Nicaragua, con Anastasio Somoza G. (1936-1956) y en Guatemala, primero con Jorge Ubico (1931-1944) y luego, con Carlos Castillo Armas (1954-1957).  

Como casos de excepción, entre 1940 y 1954, el impacto económico y social de la Segunda Guerra Mundial creó condiciones en Guatemala y Costa Rica para configurar un Estado de derechos y garantías sociales, financiado con leves reformas monetarias y tributarias, y la intervención política en la dinámica del mercado. Se trata de un cambio estructural que fue avalado por el gobierno y el capital norteamericano, y bastante tolerado por los sectores agroexportadores, la naciente burguesía empresarial y las clases medias.

La fundación de partidos comunistas y socialistas o su reestructuración; la reorganización de la clase asalariada en federaciones y confederaciones nacionales y su mayor protagonismo en las luchas laborales, cívicas y políticas constituyen los rasgos relevantes del movimiento obrero y campesino. Hay que recalcar que, entre 1935 y 1943, sus vínculos internacionales los subordinaron a las alianzas políticas que generó la Segunda Guerra; aunque las luchas de la clase trabajadora evolucionaron con mayor autonomía.

La constitución de partidos comunistas fue un hecho crucial en la historia política de cada país y de la región. Con ideología definida, importantes cantidades de electores optaron por participar en una lucha pro afirmación de la soberanía popular como premisa electoral de la democracia representativa: una vieja conquista de la burguesía europea y latinoamericana frente al Estado absolutista y ante la sujeción del proletariado a los clubes políticos y partidos oligárquicos, liberales o clericales.  

En la década del 20, en cada país de la región se formaron facciones políticas identificadas con las ideas y doctrinas del socialismo o el comunismo, propiciando disidencia y la unión de artesanos, obreros, campesinos e intelectuales. Aunque las exclusiones del voto censitario y masculino limitaran las alternativas propias de poder ante los bloques oligárquicos, la participación electoral de los partidos socialistas y comunistas propició la competencia política, la lucha ideológica y mostró la esencia de clase de los poderes del Estado.

El cuadro siguiente ubica antecedentes y la fundación de esos partidos en cada uno de los países centroamericanos.

               C.A.: GRUPOS Y PARTIDOS COMUNISTAS Y DE IZQUIERDA 1921-1931


 


   1921   Grupo Comunista Centroamérica

7-1921   Grupo Comunista de Panamá

5-1922   Partido Comunista de Honduras

5-1923   Partido Comunista Guatemalteco

   1924   Grupo Socialista de Nicaragua

   1925   Partido Comunista Centro América  

   1927   Partido Socialista Honduras  

   1929   Bloque Obreros y Campesinos C.R.                                                                        

4-1930   Partido Comunista de Panamá

3-1930   Partido Comunista de El Salvador

   1930   Reorganización P. C. Guatemala

9-1930   Partido Socialista de Panamá   

6-1931   Partido Comunista de Costa Rica

8-1931   Partido del Trabajador Nicaragûense

   1934   Primera sesión P.T. Nicaragûense

   1936   Partido Laborista de Nicaragua

   1944   Partido Socialista de Nicaragua.

   1946   Reorganización PCG Guatemala

   1954   Reorganización del PC hondureño


Fuente: Con base en bibliografía. Elaboración propia.

El Grupo Comunista de Centroamérica fue mencionado por primera vez fuera de la región en un comunicado de 1921 del Movimiento Internacional de Mujeres Comunistas. En 1922 la IC publicó un artículo sobre Guatemala con énfasis en la dependencia de América Central a los Estados Unidos. En esos años, la IC influyó en las federaciones sindicales a través del PC de México y las federaciones de estudiantes universitarios. Otros nexos se dieron a través del Buró del Caribe de la IC, La Liga Antiimperialista de las Américas y Socorro Rojo Internacional; aunque se debilitaron durante la depresión capitalista de 1929-1933.     

En el movimiento sindical, después de 1929 intervinieron la Internacional Sindical Roja, la Central Sindical Latinoamericana, el Comité de Acción Sindical dirigido por los anarquistas y la Federación Panamericana del Trabajo. En 1932 el Comité Ejecutivo de la IC recibió informes de la Comisión Obrera Socialista (Guatemala) sobre la creación del PCCA. Otro artículo de la IC sobre Honduras puso énfasis en las luchas contra los monopolios bananeros y el control de Estados Unidos sobre las finanzas y el Estado. En Nicaragua hubo presencia de comunistas destacados durante la guerra de Sandino.

La crisis de 1929-1933 debilitó los vínculos internacionales y a partir de 1935 se supeditaron al enfrentamiento con el fascismo, hasta el fin de la Segunda Guerra. Al Congreso fundador de la CTAL celebrado en 1938 asistieron delegados de Nicaragua y Costa Rica. Al Segundo Congreso, en noviembre del 41, hubo delegados de Costa Rica, Nicaragua y Panamá. Esos países asistieron al Tercer Congreso, en 1944. Rodolfo Guzmán, Secretario General de la CTCR fue electo en el Comité Ejecutivo.

El VII Congreso de la IC sesionó en Moscú en 1935. Ahí se aprobó la admisión del PCCR. En El Salvador había un grupo comunista desde 1929 y participó en la Conferencia de Montevideo. El PC se fundó en 1930 y ante los sucesos de 1932, se reorganizó en 1934. En Honduras hubo un PC desde 1927, en 1935 fue reconstruido y tenía unos 500 militantes. En Guatemala desapareció el PC creado en 1925; se reorganizó en 1930 y tenía 80 militantes. En Costa Rica el PC se fundó en 1931, trabajaba en legalidad, tenía sindicatos en todo el país, editaba el periódico Trabajo, dirigió importantes huelgas bananeras y de zapateros y en 1934 eligió 2 diputados y dos regidores municipales. En Nicaragua no había PC.

EVENTOS DEL MOVIMIENTO OBRERO Y COMUNISTA INTERNACIONAL


1929   Central Sindical Latinoamericana. Uruguay

1929   Conferencia Int. Partidos Comunistas. B. A.

1930   V Congreso de la ISR.

1932   Disolución de la COPA

1934   Disolución de la ISR

1935   VII Congreso de la IC. Frentes antifascistas.

1936   Disolución de la CSLA

1938   Conf. de Trab. de A.L. (CTM-CIO-CSLA)

1941   II Congreso de la CTAL

1943   Disolución de la IC

1944   III Congreso de la CTAL

1945  Fed. Sind. Mundial. Socialdem y Comunistas

1948   Escisión en la FSM. Nace la CIOSL.

1948   IV Congreso de la CTAL

1949   Disolución de la CTAL.

1949    Conf. Interamericana de Trabajadores

1950   Conferencia Sindical de América del Sur.

1951   La CIT se constituye en la ORIT


Fuentes: Godio Julio. En: www.nuso.org/upload/articulos/1395_1.pdf Del Rosal,

Amaro. 1963. Los Congresos Obreros Internacionales. en el Siglo XX. Editor Juan Grijalbo. Primera Edición. México. 1963.

Después de la Segunda Guerra el gobierno de EUA, la CIA y la AFL creada en 1882, concertaron para eliminar la influencia comunista en las centrales sindicales de Europa, Asia, África y América Latina. Provocaron la escisión de la FSM, cuya ruptura se produjo en 1947 cuando se adhirió al Plan Marshall. En 1949 se fundó en Londres la CIOSL, la cual apoyó a la OTAN contra la URSS e impulsó la doctrina del sindicalismo partidario de la colaboración de clases. La AFL y la CIO se fusionaron en 1955 para facilitar la estrategia hegemonista e intervencionista de Estados Unidos. Su aliada en América Latina fue la ORIT. La AFL-CIO y la CIA fundaron un centro doctrinario para reclutar sindicatos y asociaciones disidentes del comunismo y del bloque soviético. En Centro América, la injerencia y el espionaje sindical se reorganizaron en el gobierno John F. Kennedy.

El cuadro siguiente ilustra la constitución de federaciones, confederaciones y uniones de trabajadores, y denota el mayor nivel de organización sindical alcanzado hasta entonces por la clase trabajadora centroamericana.    

C.A.:   ORGANIZACIONES SINDICALES 1929-1955


EL SALVADOR

8 al 14 del 8-1929   V Congreso de la FRTS

                     1929   Liga de Inquilinos

                     1930   Centro Sindical Libertario

                     1932   Unión Trab. del Campo

                     1944   Unión Nacional de Trab.              

                     1944   Comité Coordinador obrero

                    1957   Conf. General Trabajadores S.            

NICARAGUA  

                   1934   Consejo Intergremial Obrero

                   1935   Frente Obrero Femenino

                   1937   Federación de Trabajadores

                   1939   Sindicato Obrero Femenino  

                   1944   Comité Organizador de la CTN

Octubre       1944   Fed. Ob. y Camp. Chinandega                    

                   1946   Fed. Trabajadores Managua.

Febrero     1946   Conf. General Trab. Nic.

HONDURAS

                               Federación de Maestros

Mayo           1930   Federación Sindical H              

                   1944   Unión Nacional Trabajadores

                   1950   Comité Coordinador Obrero

28-31 del 8 1954   I Congreso Obrero de Tela.

PANAMÁ

1 de mayo 1930     Fed. Sindical Obreros y Camp.

14 de set.   1945     Fed. Sindical Trab. de Panamá

30 marzo   1956     Conf. Traba. República Panamá

GUATEMALA

1 de oct.     1944     Conf. Trab. de Guatemala

18 enero     1945     Sindicato Trab. Educaciòn

9 julio         1945     Conf. Obrera Regional

23 enero     1946     Fed. Sindical de Guatemala

                   1946     Fed. Reg. Central Trab. G.

                                Fed. Laboral Autónoma G.

                   1946     Unión Sindical Guatemala

   Dic.         1946     Comité Nac. Unidad Sindical

28 mayo     1950     Conf. Nac. Camp. Guatemala

14 de oct.   1951     Conf. Gen. Trab. Guatemala

                   1953      Frente Político Democ. Nac.

Enero         1954       II Congreso Unidad Sindical

                   1955     Fed. Autón. Sind. Guatemala  

                   1956     Fed. Nal. Ob. Textil, Ves. Simil.

                   1956     Consejo Nac. Sind. Guatemala

COSTA RICA

7 agosto     1936     Asociación Maestros Unidos

                   1938     Comité Nac. Sind. Enlace

Diciembre   1940     Unión de Mujeres del Pueblo

Junio         1941     Asoc. Nac. Ed. Pensionados

24 octubre 1942       Asoc. Nac. Educadores

4 de oct     1943     Conf. Trab. de Costa Rica

15 de sept. 1943     Conf. Trab. Rerum Novarum

31 agosto   1945     Fed. Nac. Trab. Industriales              

Nov. De     1946     Alianza Femenina CR

                  1949     Comisión Obrera Sindical

                   1950     Conf. Nac. Trab.

                   1952       Asoc. Nac. Emp. Públicos  

                   1952     Alianza Mujeres CR                

Marzo         1953     Conf. General Trab. CR

15 de julio 1955     Asoc. Prof. Seg. Ens.              

         Junio 1955     Fed. Nac. Jtas. Progresistas                      


                                                                                                 3 de julio   1944     Asoc. Nac. De Maestros                                                                                                                        

Fuentes. Con base en la bibliografía. Elaborado por el autor.

En ningún país se crearon confederaciones sindicales nacionales en el decenio 1930-1940. El mayor grado de centralización se expresó en ligas, uniones, federaciones regionales y locales o en centros coordinadores sindicales o gremiales. No había legislación laboral; predominaron los sindicatos, sin que desaparecieran agrupaciones mutuales y asociaciones gremiales. Ese tipo de instancias respondía a la baja producción fabril y manufacturera o era una opción legitimada por las dictaduras. De ahí la poca vinculación con el movimiento obrero internacional, agravada por las consecuencias de la depresión económica.

La década fue rica en disputas ideológicas y por la hegemonía sindical entre las corrientes socialista, anarquista y marxista. En general, hubo un decaimiento relativo de los antiguos nexos y compadrazgos entre gobiernos liberales y las asociaciones gremiales de artesanos e intelectuales, situación que benefició la autonomía de clase de los trabajadores. En las capitales, ciudades más urbanizadas, puertos y áreas de producción o extracción mineral tipo enclave, prevalecieron los sindicatos y federaciones marxistas, y fueron blanco preferido de las ondas represivas militares y políticas.      

Las alianzas antifascistas forjadas al calor de la Segunda Guerra reforzaron las tesis de la democracia frente a las dictaduras; la institucionalización de derechos laborales y garantías sociales y, con ello, el crecimiento sindical y la actividad de los partidos comunistas y socialdemócratas. En todos los países se legalizaron los sindicatos y otras coaliciones y se crearon confederaciones nacionales. Aquellas bajo influencia comunista se afiliaron a la Confederación de Trabajadores de América Latina y a la Federación Sindical Mundial. Al finalizar Segunda Guerra terminaron los alineamientos de las metrópolis vencedoras; vino la Guerra Fría y la hegemonía de Estados Unidos, fenómenos que remozaron el retorno de las dictaduras, la ilegalización de las confederaciones sindicales y de los partidos comunistas.

Una aproximación a la estadística sindical muestra lo siguiente: En el Salvador, a principios de 1930 la FRTS tenía 15.000 afiliados, 31 sindicatos urbanos y semiurbanos, 4 rurales y 3 mixtos.

En Guatemala la CNCG creada en 1951 con 25 organizaciones y 20.000 afiliados, en 1952 firmó tener 215.000 miembros. En 1953 la CGTG tenía 104.000 miembros, afiliados a 500 organizaciones.

En Nicaragua se fundó en 1937 la Federación de Trabajadores. En 1940 tenía 18 sindicados agrícolas y una liga campesina. En 1946 la Confederación de Trabajadores (CNT) tenía 67 sindicatos, 7 federaciones y 15.000 afiliados.

En Honduras, en 1949 se fundó la Asociación de Trabajadores Agrícolas de Guanchías y al finalizar 1950 se creó la Federación Campesina de Honduras.

En Costa Rica, en 1947 existían 18 federaciones y 228 sindicatos, 153 afiliados al CTCR. En 1955 había tres confederaciones, 13 federaciones, 107 sindicatos (sic) y 10.572 afiliados. En 1953 se crea la CGTC. En la CTRN en 1950 se escinde un sector de 1.500 afiliados y crean la CTN, peronista.

En Panamá el sindicalismo tuvo importancia numérica a partir de 1943. El carácter colonial de la Zona del Canal no favoreció el desarrollo sindical durante la Segunda Guerra. Entre 1944 y 1957 se constituyeron 13 sindicatos.

En todos los países la huelga era considerada delito y castigada según las reglas patronales con amparo policial o con base en los códigos civiles. El derecho a la huelga no se incluyó en la Convención Centroamericana de Washington de 1923. Solo después de 1943 se fue generalizando el derecho a la huelga y al “loc out” con la aprobación de Códigos de Trabajo, pero con exclusión en los servicios del Estado y sujeta a los procesos de consenso sindical y mediación judicial. Por ello, la coacción empresarial y la represión admitida por los jueces y ejecutada por el Estado inhibieron la supremacía de la ley y, en consecuencia, el éxito económico relativo de las protestas laborales. En 1948 los países suscribieron la Carta Internacional Americana de Garantías Sociales, sin mucho efecto práctico.

Los cuadros que siguen ilustran la protesta huelguística entre 1929 y 1955. Un fenómeno que apenas ha sido ubicado y de manera tangencial en la historiografía y otros estudios. Las huelgas expresadas por medio de la organización sindical y la conciliación política revelan el trasfondo de lucha contra el descenso, el congelamiento del salario y las arbitrariedades de los patronos, el deterioro de las condiciones de trabajo, del nivel de vida y la defensa del derecho a la organización sindical.

PROTESTA HUELGUÍSTICA EN CA                         C.A.: MOVIMIENTO DE HUELGAS (1930-1955)                

                                                                                                               Sectores de la producción                            

Costa Rica     1934-1955   76   37.8                                                     Primero Segundo Tercero                                        

Guatemala     1929-1953   45   22.4                        

Nicaragua       1929-1950   27   13.4                                Costa Rica     18           36         22    

Honduras       1929-1955   26   13.0                                  Nicaragua         8           11           8                

El Salvador     1929-1946   19    9.4                                Panamá                           3           5

Panamá         1932-1955     8     4.0                                   Guatemala     11          11         21

                                                                                               Honduras       11            8         7

Total                                   201   100                                   El Salvador       9            6         2

                                                                                             Subtotal        57          75         65      197

                                                                                              Generales                                                 2

                                                                                             Cívicas                                                    2

                                                                                             Total                                                      201

Fuentes. Véase la bibliografía. Elaborado por el autor.   Fuentes. Con base en la bibliografía.                              

Entre 1929 y 1955 los trabajadores asalariados declararon al menos 201 huelgas. En Costa Rica y Guatemala el mayor número; cifras similares en Honduras y Nicaragua, y la menor cantidad en El Salvador y Panamá. La mayoría ocurrieron durante la crisis del 29-33 y a raíz de la Segunda Guerra Mundial; coincidentes, también, con la aprobación de leyes laborales. En Panamá y El Salvador hubo huelgas de inquilinos de inmuebles. En Guatemala, como protesta por la posesión colonial de Inglaterra sobre Belice. Las huelgas generales se dieron en el marco de movimientos sociales más amplios que consiguieron la caída de Maximiliano Hernández M. y de Jorge Ubico.

La ubicación de esas huelgas por sectores de la economía supera en parte la imprecisión sobre la evolución de las ramas productivas. El 29% de las huelgas ocurrieron en el sector primario: agricultura y minería. El 38% en el sector secundario: manufacturas y fábricas. El 33% en el sector terciario, es decir, transporte, comercio y servicios del Estado.

En El Salvador, Honduras y Guatemala sobresalió la beligerancia del magisterio y el sector estudiantil. En el sector primario, los conflictos relevantes fueron las huelgas bananeras y en la minería. Hubo al menos tres huelgas de mujeres ocupadas en la elaboración de textiles y la corta del café. En el sector secundario ocupan lugar importante los trabajadores del calzado, panaderos, sastres, obreros de la madera y la construcción.

           Guatemala y Costa Rica experimentaron entre 1940 y 1954 una transformación política que consistió en aceptar y promover la intervención del Estado para regular el mercado de tierras, trabajo y capitales e impulsar reformas en el empleo, salario, salud, vivienda, educación y crecimiento del mercado interno. El programa intervencionista lo había aplicado el Presidente Roosevelt durante la depresión de los años 30 y la crisis de la Segunda Guerra y se inspiró en el pensamiento del economista inglés J.M. Keynes.

En esa perspectiva, los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz en Guatemala, y los de Calderón Guardia y Teodoro Picado en Costa Rica, tienen en común que introdujeron un conjunto de reformas según el parámetro del intervencionismo estatal. Pero a la vez, esos gobiernos enfrentaron la oposición de la burguesía agroexportadora y, en ese escenario, forjaron alianzas con partidos y facciones políticas que agitaban banderas de reforma social e inclusión de los sectores más pobres en los beneficios del desarrollo capitalista.

En ambos países, la constitución del nuevo bloque político reformador fue posible, porque tanto los comunistas como los socialistas y los demócratas republicanos se toleraron e hicieron concesiones ideológicas. Pero esas alianzas generaron el antagonismo con las oligarquías tradicionalmente detentoras del poder y su aliado internacional, el gobierno de los Estados Unidos. Y condujeron en Costa Rica a la Guerra Civil de marzo-abril de 1948 y en Guatemala al golpe militar y la dictadura de Castillo Armas. De ahí surge el tercer rasgo común que consistió en la represión e ilegalización del movimiento sindical de inspiración marxista y de los partidos comunistas y reformistas.

El cambio político en Guatemala evolucionó en varias fases. Primero, las jornadas de lucha cívica popular que forzaron la renuncia del dictador Jorge Ubico, el 1 de julio de 1944. En segundo lugar, el gobierno de la Junta Militar presidido por Federico Ponce Valdéz y su derrocamiento por un sector de la oficialidad joven del Ejército Nacional el 20 de octubre de 1944; seguido del gobierno de un triunvirato militar que convocó a Asamblea Constituyente y a la aprobación de la Constitución de 1945. En tercer lugar, las elecciones de diciembre de 1944 y el inicio del gobierno de Juan José Arévalo, el 15 de marzo de 1945. En cuarto lugar, el gobierno del Coronel Jacobo Árbenz, de 1951 a 1954.

Poco antes del gobierno de Arévalo, hubo divisiones sindicales. Diez sindicatos se retiraron de la CTG y constituyeron en 1944 la Unión Sindical de Guatemala (USG). Acercaron al sindicato ferroviario SAMF y fundaron la Federación Sindical de Guatemala (FSG) en 1945. Ese año había tres centrales: La CTG compuesta por sindicatos gremiales, el STEG, los de pequeñas empresas y de campesinos. La Federación Regional Central de Trabajadores (FRCT) y la FSG, la más representativa, con los sindicatos de las empresas extranjeras y nacionales más fuertes. Esa división gestó un proceso de unidad. En abril de 1946 se firmó un pacto de unión, hubo un congreso nacional y surgió el Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS) sin el sindicato ferrocarrilero, SAMF.

  

En el gobierno de Jacobo Árbenz se creó la Confederación Nacional Campesina (CNCG). La unidad sindical culminó en la fundación de la CGTG, el 14 de octubre de 1951 integrada por 19 federaciones y 3 sindicatos, entre ellos el SAMF y la CNCG. Asimismo, el desarrollo político impulsó la formación del Frente Democrático Nacional (FDN), como respuesta a la campaña anticomunista del clero, el gobierno de Estados Unidos, un sector estudiantil y sindical, las compañías extranjeras y los partidos de la oligarquía.

    

Entre el 15 de junio y el 3 julio de 1954 se produjo la invasión por tierra y aire que financió y organizó el gobierno de Estados Unidos por medio de la CIA, sus embajadas y militares de los ejércitos de Honduras y Nicaragua. Jacobo Árbenz renunció a la presidencia el 27 de junio; asumió de manera interina el Coronel Carlos Díaz, que también se separó del cargo para que asumirá el General Carlos Castillo Armas, el 3 de julio de 1954.    

Los decretos 21 y 48 del 16 de julio de 1954 cancelaron las inscripciones de los directivos de dos confederaciones, una federación, 4 sindicatos, la Alianza Democrática de la Juventud, la alianza Femenina Guatemalteca, el Grupo Saker-Ti, el Frente Universitario Democrático, el Partido Guatemalteco del Trabajo, el Partido de la Revolución Guatemalteca, el Partido Acción Revolucionaria y el Partido Renovación Nacional.

En Costa Rica, la transformación del Estado que condujo a la guerra civil, irrumpe en mayo de 1936 y termina en mayo de 1950. Entre 1936 y 1941, la oligarquía cafetalera inició una ofensiva anticomunista al calor de la Guerra Civil Española y la evolución de la Segunda Guerra Mundial. A mediados de 1940 el Presidente Calderón Guardia se vio forzado a cambiar las reglas de las relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad, y las medidas bosquejaron la crisis del Partido Republicano, a partir de 1941.

La segunda fase se observa entre 1942 y 1945. Un sector cafetalero y del capital bancario intentó el golpe de Estado, lo cual avanzó la crisis del gobierno y la confianza en el régimen electoral. El Partido Republicano aceptó el apoyo político que ofreció el Vanguardia Popular. Con ello, tomó fuerza la desestabilización contra el gobierno del Bloque de la Victoria. El fin de la guerra mundial alentó la injerencia de los Estados Unidos y el anticomunismo de Guerra Fría. Hubo un reagrupamiento de las fuerzas políticas que se enfrentaron en las elecciones para diputados de 1946 y en 1948.

La tercera fase surge con las elecciones de 1946, la “huelga de brazos caídos” de julio- agosto de 1947 y la campaña electoral de 1948. Esos eventos le dieron alcance nacional a la confrontación política y a la organización del golpe de Estado. El 16 de diciembre de 1947 José Figueres firmó el pacto militar con la Legión Caribe. El veredicto sobre las elecciones del 10 de febrero de 1948 rebasó el marco institucional y legal legitimador del sufragio. Los diputados anularon el dictamen provisional del Tribunal Nacional Electoral y la decisión que se tomó condujo a la rebelión armada del Partido Socialdemócrata formado por el Centro de Estudios de los Problemas Nacionales y el partido demócrata liderado por Figueres Ferrer.

La Guerra Civil se inició el 12 de marzo de 1948. Duró 40 días. La primera parte terminó el 23 de marzo, con el triunfo de los rebeldes en la batalla de San Isidro de El General. La transacción política, sin éxito y con asedios militares de los bandos, se prolongó hasta el 10 de abril. El tercer momento culmina el 14 de abril, con el triunfo de los alzados en la Batalla del Tejar; la capitulación del Presidente Picado y la firma de los pactos de la Embajada de México y el de Ochomogo, entre el 15 y 20 del mismo mes.

Además de 2.000 muertos, la Guerra Civil dejó 7.000 refugiados y 3.000 prisioneros. El 1 de mayo se firmó el Pacto Figueres-Ulate, bajo presión militar. El 8 de mayo se instaló la Junta Fundadora de la Segunda República, presidida por Figueres Ferrer. Se Abolió la Constitución de 1871 e instaló la dictadura de los dieciocho meses. Las hostilidades políticas continuaron; pero la Constitución aprobada el 7 de diciembre de 1949 definió la estructura y funciones del Estado. El 8 de mayo de 1950 el periodista Otilio Ulate Blanco asumió la Presidencia.

La Guerra Civil creó una estructura de poder político y militar de excepción controlada por el Partido Social Demócrata, la Legión Caribe y sectores del capital ligados a la exportación de café y banano, el comercio importador y la banca. En los hechos militares no tuvieron participación relevante los liberales ligados al Partido Unión Nacional y al candidato Otilio Ulate. Retomaron protagonismo a raíz de las pugnas que desataron los decretos de la Junta de Gobierno y en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente.

Las libertades de opinión, expresión del pensamiento y asociación política y cultural estaban inhibidas. Se sujetó a los educadores a la ley mordaza. Se clausuró radioemisoras y periódicos. Hubo despidos en masa de empleados públicos y se autorizó la cesantía en las empresas donde había sindicatos de la CTCR. Se crearon el Tribunal de Sanciones Inmediatas para abrir juicios penales retroactivos a los años 40-48; el Tribunal de Probidad aplicó sanciones económicas y expropiaciones; y el Tribunal Especial de Ética fue utilizado como para despedir al personal docente leal a los republicanos y vanguardistas.

El Decreto de la Junta de Gobierno No. 105 del 17 de 7 de 1948 y el artículo constitucional No. 98 que puso fuera de ley al Partido Vanguardia Popular, fueron utilizados por el Pbro. Benjamín Núñez Vargas, Ministro de trabajo, para abrir el juicio que en 1949 ilegalizó 101 organizaciones de trabajadores: 7 federaciones, la CTCR, 8 sindicatos del sector estatal, 49 sindicatos agrícolas y afines, y 44 sindicatos de la manufactura, minería y comercio.

CONCLUSIONES

El movimiento obrero y campesino fue una fuerza política relevante en diversos momentos de la historia de cada país centroamericano, entre 1930 y 1955. En Nicaragua entre 1928 y 1933, contra la invasión militar norteamericana. En El Salvador entre 1929 y 1932, en las luchas agrarias y electorales que culminaron en la rebelión de 1932. En Guatemala, en alianza con las fuerzas socialdemócratas que gestaron un Estado interventor y enfrentaron la invasión orquestada por el gobierno de Estados Unidos. En el Salvador, Honduras y Guatemala, en las luchas laborales y civiles contra las dictaduras de Hernández Martínez, Tiburcio Carías y Jorge Ubico. En Costa Rica, en alianza con los liberales de izquierda, en la Guerra Civil del 48 y la instauración del Estado de derechos laborales y sociales.

En consecuencia, el período 1930-1955 fue excepcional en la historia centroamericana. El bloque oligárquico agroexportador, en sumisa alianza con los monopolios bananeros y otras empresas financieras y comerciales norteamericanas, logró derrotar a las fuerzas políticas demócratas y socialistas proclives a un desarrollo capitalista regulado por el Estado. Optó por el aniquilamiento físico y la ilegalización de las organizaciones sindicales y partidos políticos de izquierda, postergando las tareas históricas de soberanía popular, autodeterminación política y crecimiento económico con criterios de integración social, equidad y justicia redistributiva.

La derrota del movimiento obrero y campesino significó el fracaso histórico de unas tácticas y estrategias de lucha basadas en las reglas democráticas burguesas del ascenso y relevo al poder del Estado. Tales experiencias forman parte de la cultura política popular, como un legado de validez relativa, frente al futuro de la democracia, la soberanía popular y el socialismo en Centroamérica.

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